Trump e Iglesias, dos productos de marketing

13:56 - 1/09/2017
  • Ambos han sabido remover la parte emocional de los votantes
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Por muy diferentes que puedan parecer, las similitudes entre Pablo Iglesias y Donald Trump son notables ya que, básicamente, ambos son productos de una excelente campaña de marketing y comunicación. Como con cualquier producto, las posibilidades reales de éxito parten de la necesidad del cliente. Así sucedió con ambos políticos. Llegaron en el momento idóneo, capitaneados por una personalidad que encajaba con la demanda de un tipo concreto del electorado, con intereses en las propuestas que pusieron sobre la mesa. De esta manera, Trump consiguió el voto y el apoyo de casi 63 millones de americanos, mientras que a Iglesias lo votaron más de cinco millones de españoles.

Es interesante ver que ambos comparten dos de sus principales rasgos de personalidad. Por un lado, son grandes agitadores sociales, muy buenos a la hora de remover la parte emocional del votante, en un momento donde el público está eligiendo a los políticos de un modo más emocional que racional. Gracias a esto, tanto Trump como Iglesias han sabido aprovechar muy bien el sentimiento social de millones de estadounidenses y españoles. El otro rasgo determinante en su éxito es su gran capacidad de comunicación. Guste o no, es innegable que ambos son grandes comunicadores, que transmiten muy bien sus ideas y que saben emocionar al público al que se dirigen.

También ha sido crucial la capacidad que han tenido para segmentar y escoger su audiencia. En el caso del secretario general de Podemos, su target se remonta al movimiento 15-M, la gente indignada que se revelaba contra lo que, en Podemos, se conoce como la vieja política. Una ola a la que se subió Pablo Iglesias y que supo explotar al pegarse a esa base, adaptando su discurso y propuestas en torno a la conversación de esta audiencia. El caso de Trump es similar, asociándose al movimiento white american, que giraba en torno al americano blanco que estaba rebotado con la situación económica y que estaba deseoso de un cambio… Igual que lo estuvo el pueblo estadounidense dos elecciones anteriores con Obama.

Otro hito de la campaña de Iglesias-Trump ha sido el uso de los medios sociales como una plataforma de comunicación indispensable para generar opinión en la sociedad. Hace 10 años la única manera de generar opinión era a través de los mítines o de la prensa, televisión y radio. Pero ya no es así. Internet ha provocado que la opinión pública se genere con la propia opinión de las personas que hay en las plataformas digitales. Y estos dos políticos han sido grandes ejecutores de estas herramientas. De hecho, Iglesias y Trump han dado un paso más allá, porque se han servido de las técnicas de Big Data o el uso de grandes masas de datos a los que se aportan inteligencia de datos. Esto lo podemos ver en que su discurso, su estrategia de storytelling, ha ido cambiando de modo recurrente, algo poco habitual en un político porque genera incoherencia y desconfianza en el votante. Sin embargo, al haberse aprovechado de este tipo de estrategias basadas en la analítica de datos, extrayendo información de los medios digitales para ver por dónde iba la conversación de su target, han sido capaces de adaptar su discurso.

La estrategia de discurso o storytelling de ambos era de libro, encargándose de pintar a un enemigo a derrotar. En el caso de Pablo Iglesias la vieja política, la casta, los corruptos eran el enemigo. Y, claro está, ellos los héroes.

Vienen limpios, no tienen un pasado y se preocupan sobre todo por los "intereses de las personas", por encima de los intereses políticos. Un discurso que, innegablemente, le ha funcionado bastante de maravilla.

Por su parte, Trump, ha construido la figura del enemigo mediante un chivo expiatorio: los extranjeros, la inmigración que roba el trabajo a los americanos, además de otros entes sociales que él ha categorizado de perniciosos. De este modo ha conseguido postularse como una persona de negocios, sin ningún tipo de trasfondo político, que viene a hacer América grande de nuevo.

Por último, otra de las claves a destacar ha sido su manera de empatizar y fidelizar a estos votantes a lo largo de su campaña, algo que ambos han tenido muy claro desde el principio. Gracias a esto, tanto el presidente de EEUU como el secretario general de Podemos han utilizado a sus clientes fieles para que ellos mismos fuesen difusores de su discurso.

En definitiva, se puede asegurar sin temor a equivocarse que Trump e Iglesias son dos productos de una buena campaña de marketing.


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