Con su estatura y su seriedad, Paul Volcker, era la persona indicada para hacerse con las riendas de la Reserva Federal (Fed) en la difícil tesitura de finales de los 70. La economía norteamericana, aún sin recuperarse por completo de la crisis del petróleo de 1973, sufrió un segundo azote petrolífero seis años después, lo que complicó el panorama sobremanera. De forma inaudita, el crecimiento se detuvo, sin que eso frenara la subida de los precios. Fue entonces cuando cobró fama un concepto que ahora, casi 30 años después, vuelve a acaparar la atención: estanflación.
Este término -que es una traducción literal del inglés stagflation y que aún hoy no está aceptado en castellano por la RAE- debe su nombre precisamente a la combinación de ambos elementos. Así, la raíz estan- proviene de estancamiento y el sufijo -flación es deudor de la parte final de la palabra inflación.
Con él, se define un problema que supone una anomalía económica. En principio, sin crecimiento los precios, más que subir, tendrían que detener su escalada, ya que las consecuencias derivadas de la menor actividad económica deberían impedir que los productos fueran más caros.
El matiz que distingue la estanflación es que las presiones sobre los precios no provienen de donde siempre, es decir, del crecimiento y el consumo, sino de los costes. En los 70 y 80, como ahora, era el petróleo el que nutría la inflación. Así, los precios subían -y suben- sin necesidad de que haya demanda. Los costes la sustituyen.
Estas particularidades hacen que este fenómeno sea más peligroso. Tanto que no hay medias tintas para atajarlo. La solución pasa por atacar primero la inflación y, una vez dominada, ocuparse luego de reactivar la economía. Así lo hizo Volcker desde que desembarcó en la Fed en agosto de 1979. No le tembló el pulso. Llegó a elevar los tipos de interés hasta el 20 por ciento para controlar una inflación que, por momentos, rozó el 15 por ciento.
Al final venció a la inflación, aunque a cambio de provocar que la economía llegara a decrecer a ritmos del 7,8 por ciento anual y de que el paro se disparara del 5,6 al 10,8 por ciento. Como afirma en sus memorias el ex presidente de la Fed, Alan Greenspan, "para hacer lo que hizo Volcker era necesario un coraje extraordinario... Puedo imaginarme lo duro que fue para él precipitar EEUU a la brutal recesión de principios de los 80".
Con semejante precedente, no extraña que la palabra maldita asuste tanto. "Este escenario es muy negativo para la renta variable", afirma Juan José Fernández-Figares, director de análisis de Link Securities, para valorar la reaparición de este fenómeno. ¿El motivo?
En un momento en que la crisis financiera sigue presente, la amenaza estanflacionista dificulta la situación, ya que si los bancos centrales descargan su munición monetaria se agravarán las tensiones financieras e inmobiliarias. De hecho, esta diferencia puede provocar que el actual escenario sea más dañino que el sufrido en los 80, que finalmente no fue tan malo para las bolsas -ver apoyo-.
Ahora bien, ¿se verán obligados el presidente de la Fed, Ben Bernanke, y el del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, a actuar como Volcker? De momento, no. "La situación actual no es comparable con la de los 70 y los 80", asegura José Luis Alzola, economista senior de Citi (C.NY) en Londres.
Para empezar, porque en los países desarrollados la inflación se mantiene por debajo del 5 por ciento y sus economías todavía crecen. Además, la menor fuerza de los sindicatos, combinada con una mayor productividad y la globalización, debe impedir la formación de una espiral salarios-precios similar a la acontecida entonces, que fue la que complicó la labor de Volcker.
Pero tampoco conviene cantar victoria. Como recuerda Joachim Fels, de Morgan Stanley, también hay paralelismos con aquella estanflación, como la subida del crudo y la debilidad del dólar, a los que se añade la inflación que exportan los países emergentes.
La semilla del mal está, por tanto, sembrada. Para evitar que germine, Bernanke, Trichet y sus colegas deben permanecer atentos... y emular a Volcker si resulta preciso. Ojalá no haga falta.
La quiebra técnica de los Estados Unidos nos afectará a todos porque el ahorro del mundo está allí. El ahorro en A, se entiende, porque el B está en Suiza y similares. Estando ya en recesión, la inflación aumenta porque el dólar vale cada día menos en los mercados de divisas. Al cobrar menos, se suben los precios. Y el dólar vale menos porque, con su política de bajar tipos, Bernanke lo está cuasi regalando. Y todo por evitar una recesión de caballo con una crisis hipotecaria en pleno año electoral. Pues no ha evitado el pinchazo hipotecario y la entonces inevitable recesión será más duradera porque se está ayudando al ineficiente. Tan duro y tan simple. Para cuando pongan los tipos donde deben estar (alrededor del 5-6%), la inflación ya estará desbocada y tendrán que seguir subiendo tipos hasta que se carguen la moribunda economía. Ojalá estemos aquí preparados, y no nos sigan engañando con las historietas del superávit. Y atentos todos, que Trichet está esperando a que mueva ficha Bernanke para hacer exactamente lo mismo. Es el momento de vender el que pueda y/o de cambiar las hipotecas variables a fijas; o de presentarse al concurso de acreedores antes de que cambien la ley. Buena suerte.
Mirad, los precios de los pisos tienen que bajar, simplemente por justicia.
Si se cae toda la economia, pues simplemente, que le den ...
Rafa, si el panorama que describes para USA es crudo, el que tenemos en España es aún peor: con el endeudamiento de las empresas por las nubes, la subida de tipos y el precio del petroleo conducirán a muchas a la quiebra, con lo que el desempleo alcanzará niveles inimaginables. Por otro lado el españolito de a pie, a quien el mercado 'engañó' para que se comprase una vivienda y se hipotecase a 40 años, sufrirá y sufrirá..... y de fondo en España en estos años de bonanza del ladrillo únicamente ha sabido vanagloriarse de las cifras de crecimiento y decir que se encontraba en la Europa de la primera velocidad. A mi me da la impresión que nosotros los españoles no asumimos que pertenecemos a la cola de Europa,que no hace mucho recibiamos fondo estructurales de ayuda de la UE, y hemos vivido como ricos y ahora toca pagarlo y muy caro que lo vamos a pagar.
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