Las empresas que optimizan el tiempo mejoran la productividad y reducen costes


Tener unos horarios racionalizados y que permitan conciliar la vida laboral y familiar de los empleados es beneficioso para las empresas, ya que se consigue mejorar la productividad, reducir los costes y los trabajadores tienen un mayor nivel de satisfacción y están más motivados. Un motivo por el que es importante introducir una serie de medidas en el ámbito empresarial que pasan por la flexibilidad, el teletrabajo y por unos horarios de trabajo "más humanos", entre otras.

A pesar de las ventajas de gestionar bien el tiempo y de la racionalización de los horarios, todavía hay muchas empresas que siguen primando el presencialismo a la eficiencia en el trabajo.

"Los hábitos, la educación, las rutinas... son importantes romperlas. Hacen que las personas consideren que en España siempre hemos tenido estos horarios, pero no ha sido así. En los años 40, se almorzaba entre las 12,00 y las 13,00 horas o hasta las 13,30 horas como muy tarde y se cenaba entre las 19,00 y las 20,00 horas. Eran unos usos y costumbres más parecidos a los de los países europeos. Hay que mirar por tener unos horarios más humanos y más europeos para optimizar el tiempo", según ha indicado Ignacio Buqueras, autor del libro 'Dejemos de perder el tiempo', que se ha presentado en la sede de Cepyme Aragón, en Zaragoza, en declaraciones a elEconomita.es

El mantenimiento de estos hábitos y costumbres en España y la educación hace que todavía muchas empresas y organizaciones no apuesten por la racionalización de los horarios.

"Hasta que no se va el presidente o el consejero delegado, los trabajadores no se marchan, aunque estén leyendo el periódico". Sin embargo, es una situación que va cambiando poco a poco y "cada día son más las empresas que lo hacen. Por ejemplo, Iberdrola fue una de las que dio el primer paso" y que ha comprobado que se gana en productividad y que hay menos costes en calefacción, aire, energía... y las personas tienen una mayor satisfacción.

Para conseguir optimizar el tiempo e implantar la racionalización de los horarios son varias las pautas que se pueden seguir tanto los directivos o empresarios como las personas que son colaboradoras del mundo de la empresa.

Por ejemplo, se podría comenzar con una jornada laboral que no se prolongará más allá "de las 17,00 horas y, en los sitios como hospitales en los que se necesita personal todo el día, establecer turnos. En el taxi, podrían trabajar dos o tres personas y, en las multinacionales, establecer varios horarios para poder atender a los clientes que estén en otros continentes". Además, se puede flexibilizar la entrada o la salida del trabajo en 30 ó 45 minutos para, por ejemplo, poder llevar a los niños al colegio o para asistir al médico.

También son claves la planificación y priorización "porque no todo es importante ni urgente". Además, no hay que fijarse ninguna reunión "sin hora de inicio ni final" y se debe incidir en la puntualidad, "que es de gran importancia" y que es cuestión de acostumbrarse. "Nadie pierde el AVE porque saben que sale puntual. Cuando queremos somos puntuales. Nadie tiene derecho a hacer esperar a nadie".

Muy importante es "saber decir 'no'" porque "se va asumiendo trabajo y hay que saberlo decir" y hacer un uso racional de las nuevas tecnologías para "no esclavizar, no atender el móvil a una determinada hora y no llamar a horas intempestivas", dejando solo estas situaciones para los casos que sean realmente urgentes.

Problemas de implantación

Sin embargo, a la hora de implantar estas medidas, el empleado puede encontrarse con algunos problemas. En ocasiones, la flexibilidad se traduce en una plena disposición, llegando a prolongar la jornada laboral durante horas. ¿Qué puede hacerse? Por ejemplo, "hay que establecer prioridades y saber educar a los clientes. Muchas empresas de servicios, abogacía... se basan en que el cliente siempre tiene razón y le atienden en cualquier horario, pero atender a las 22.00 horas es solo para casos urgentes y no por sistema".

Otro de los problemas con los que hoy en día se encuentran muchos empleados vienen de la mano de las nuevas tecnologías porque se llegan a recibir e-mails relacionados con el trabajo en cualquier momento e, incluso, por la noche. "En las empresas se debe educar y estar a disposición pero dentro de unas medidas razonables. No genera entusiasmo si el jefe me envía un e-mail a las 22.00 horas. La confianza y el entusiasmo hay que ganárselo con las medidas oportunas como el tiempo de las personas. La conciliación de la vida laboral y familiar es muy importante. Primero soy yo, luego mi pareja e hijos y luego el trabajo. Si no se concilia, se está tenso".

Situaciones parecidas se producen igualmente en el caso del teletrabajo. "Una persona se puede encontrar desbordado y descuidar a los hijos. Hay que priorizar. El teletrabajo es factible y conveniente en las empresas en las que puede implantarse porque se trabaja desde casa, se evita el desplazamiento al trabajo... y un día a la semana, por ejemplo, se puede pasar por la empresa para recibir orientación y tener el contacto".


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