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Destino Napoleón: París revive el bicentenario de su muerte

Retrato de Napoleón Bonaparte. Foto: Dreamstime

En el bicentenario de su muerte, Napoleón Bonaparte está más vivo que nunca y, como siempre, envuelto en la polémica. París, toda Francia, y otros muchos rincones del mundo, se han volcado en la conmemoración de su muerte, el 5 de mayo de 1821, desterrado en Santa Elena, una isla perdida en el Atlántico sur donde pasó casi seis años confinado.

Pero Francia "conmemora, no celebra". El país se ha enfrentado a esta fecha con división, y ha tenido que hacer equilibrismos para buscar el encaje de una de sus figuras más representativas, y controvertidas, en un momento de "alto voltaje político". Y es que la figura de Napoleón sigue levantando pasiones encontradas y acalorados debates en el país vecino entre los partidarios y detractores que le reprochan su totalitarismo, sus campañas bélicas sanguinarias o su decisión de restablecer la esclavitud, uno de los legados más incómodos e insoslayables del emperador.

Así, el pasado 5 de mayo se celebraron los fastos oficiales que suponían el pistoletazo de salida para un programa cultural que se extiende hasta enero de 2022, y que ha dividido a los franceses. En su discurso el presidente francés, Emmanuel Macron, justificó su asistencia a los actos conmemorativos en el mausoleo de los Inválidos, ante la tumba de Napoleón, en la necesidad de conocer el pasado "en sus hechos gloriosos y en los errores", sin "negar ni renegar". No hay que olvidar que Jacques Chirac decidió no celebrar el bicentenario de la victoria de Napoleón en Austerlitz en 2005.

A pesar de las controversias, el calendario de conmemoraciones es amplio y nacional. Y aunque la covid-19 ha mantenido en vilo a las autoridades, el pasado 19 de mayo se producía la ansiada reapertura de los museos franceses (con aforo limitado).

En un esfuerzo museográfico sin precedentes, por su rigor científico y didáctico, por su transversalidad y por el equilibrio en la carga del mensaje, las principales instituciones culturales francesas han planificado una agenda en la que destacan dos exposiciones imprescindibles: una sobre su muerte, 'Napoléon n'est plus' ('Napoleón ya no existe'), en el Musée de l'Armée Invalides; y otra sobre su vida, 'Napoleón, la exposición', en la Grande Halle de La Villette, hasta el 19 de septiembre.

La máscara mortuoria

El Museo del Ejército, que comparte recinto con Les Invalides, acoge hasta el 31 de octubre una exposición sobre los grandes temas que rodean la muerte de Napoleón desde perspectivas renovadas, fruto de las investigaciones más recientes (médicas, arqueológicas, químicas) para completar las fuentes históricas. Entre las piezas clave, la máscara mortuoria realizada al día siguiente de su muerte, tras la autopsia del doctor Antommarchi, cuyo informe se muestra por primera vez. Otra, la caja sellada con lacre que contiene la llave del ataúd de Napoleón y que, como "guardián de la tumba del Emperador", custodia el director del propio museo desde la devolución de los restos del emperador en 1840, procedentes de Santa Elena.

El legado... y los errores

Con 'Napoleón, la exposición', se recorre el legado político y cultural de Napoleón, "pero también los errores" en un retrato "justo, sin concesiones". Un ejemplo: se presentarán por primera vez las órdenes de restablecimiento de la esclavitud en las colonias en 1802, redescubiertas en 2007. Una escenografía inmersiva acoge más de 150 piezas originales emblemáticas de Napoleón Bonaparte, recopiladas entre los principales museos de Francia y de otros países, en un recorrido desde la Revolución Francesa hasta la batalla de Waterloo, pasando por su coronación, sus fracasos, su declive y el de su imperio. Destaca el emblemático "fieltro negro" (el sombrero de dos picos que lucía en sus batallas), el trono de su coronación o su tienda de campaña, equipada con su mobiliario original y un buen número de objetos personales.

De forma paralela, la más singular de las propuestas: 'Napoléon? Encore!' ('¿Napoleón? ¡Otra vez!'), una exposición de arte contemporáneo -desde Yan Pei-ming a Marina Abramovic- donde exponen su visión de Napoleón. Por primera vez el Musée de l'Armée acoge una exposición de estas características entre sus paredes. Se podrá ver hasta el 13 de febrero de 2022.

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El daño que el Pequeño Corso causó a España, con su descomunal traición y saqueo, así como a Rusia, propiciando el incendio de Moscú, ha sido incalculable y dejó una huella indeleble durante todo el siglo XIX en ambos países. Baste decir que las observaciones de temperatura, pluviometría y humedad del Retiro no se reanudaron hasta la década de 1860, amén de dejar el país en manos reaccionarias y lleno de bandidos por todas partes que campaban a sus anchas hasta que tuvo que crearse la Guardia Civil. Para nosotros fue un gran desastre, que empezó con ilusión por parte de los denominados afrancesados que veían en él a un representante del nuevo orden burgués, pero que lamentablemente no pudo acabar peor. Fue una mala suerte que los ejércitos rusos, aunque acabaron con su ejercito aprovechando las condiciones climáticas del General Invierno, no lograran hacerle prisionero a él y a su oficialidad que escaparon por los pelos en el último momento. Los franceses deberían pedir perdón por el daño causado al resto de naciones por el deseo desenfrenado de Napoleón de grandeza y poder, y de colocar a sus hermanos en los tronos de Europa. Nos deben el arrepentimiento público y la expiación.

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