Opinión

El regreso de los muertos vivientes

    Los líderes sindicales Pepe Álvarez y Unai Sordo

    José María Triper

    Como en la película de Dan O' Bannon donde los zombies se despiertan para acabar con las vidas de los ciudadanos, CCOO y UGT han salido del letargo servil en el que se encontraban y nos anuncian una primavera de movilizaciones que comenzarán el próximo 11 de febrero para, según dicen, forzar la derogación de las reformas laboral y de las pensiones y presionar en favor de subir el SMI.

    Movilizaciones que más que en contra del Gobierno de coalición socialcomunista dan la impresión de ser una trampa dirigida a presionar al ala socialista del Gobierno y promovidas desde el bando podemita si se tiene en cuenta que las reivindicaciones de los sindicatos coinciden plenamente con las demandas de Pablo Iglesias y los suyos y alimentan esa estrategia de minar al Ejecutivo desde dentro mientras se dedican a la propaganda olvidando la gestión.

    Y, al igual que los zombies del citado filme de terror, la resurrección de nuestros muertos sindicales se presenta como una profecía de destrucción que amenaza seriamente las esperanzas de recuperación de la economía, del crecimiento y del empleo, además de atentar contra la llegada de los dineros desde Europa que son el elixir en el que el Gobierno fía la salida de la recesión.

    Recordar que el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión Europea han firmado ya el reglamento del fondo de recuperación y resiliencia, del que a España corresponden 140.000 millones. Documento este en el que las instituciones comunitarias han acordado que no se desembolsarán los dineros hasta que se compruebe la ejecución de las reformas, entre las que son prioritarias esas que los sindicatos mayoritarios y Podemos quieren derogar.

    Las movilizaciones parecen una trampa dirigida a presionar al ala socialista del Gobierno y promovidas desde el bando podemita

    Acuerdo que se suma al avisos lanzado por las autoridades de Bruselas sobre el fin de las subidas salariales en Europa, dentro de un contexto en el que España está entre los países más amenazados por el estallido de una crisis social derivada del aumento desbocado de la deuda, un déficit público descontrolado, la destrucción del tejido empresarial y más de cinco millones de parados.

    En este contexto, cuando la prioridad nacional deberías ser la creación de puestos de trabajo, ante la magnitud del derrumbe económico, que eleva hasta el 12,4% la caída del PIB español en 2020 de acuerdo con las previsiones de la Comisión Europea, y cuando todos los organismos nacionales e internacionales están rebajando sensiblemente sus previsiones de crecimiento para 2021, -entre el 4 y 6% frente al 9,8% del Gobierno- el pretender derogar en su totalidad una reforma laboral que ha demostrado su capacidad para crear empleo y que está apoyada y defendida por Bruselas, además de insistir en subidas salariales desmesuradas sólo puede responder a intereses políticos bastardos o a la persistencia en ideas y principios trasnochados que van en contra de los intereses del país y, especialmente, de esos trabajadores a los que deberían defender.

    La resurrección de las protestas sindicales amenaza las esperanzas de recuperación de la economía, del crecimiento y del empleo, además de atentar contra la llegada de los dineros desde Europa

    Son las mismas ideas y principios que han llevado a unas organizaciones sindicales que demostraron su compromiso, su independencia y su eficacia durante los años de la Transición, a convertirse hoy en entidades burocráticas con estructuras funcionariales, cada vez con menos apoyos y clientela, como se demuestra año tras año en esas manifestaciones del primero de mayo, cada vez mas envejecidas y menos concurridas. Eso sí, si como todo apunta y a pesar de la guerra de cifras consiguiente al final la respuesta social a estas movilizaciones primaverales se queda sólo en apariencias con escasa afluencia y sin sustancia, en esta ocasión siempre les quedará el recurso de echar la culpa del fracaso a la pandemia.