Casas Reales

Irene Urdangarin pasa de su madre y saca morritos en su foto con Victoria Federica: "Te quiero con locura"

Irene Urdangarin cumplió 19 años este miércoles, 5 de junio, y este fin de semana pasado se encargó de celebrarlo con antelación con una cumbre borbónica en la que también estuvo presente su novio Juan, el hermano de Teresa Urquijo con quien además está emparentada, pues la abuela del joven es prima hermana del rey emérito. Todo queda familia. En redes sociales también se llevó una alegría al encontrarse con algunas felicitaciones, como la de su prima Victoria Federica.

"Felicidades a esta personita. Te quiero con locura. Disfruta como te mereces", le escribió la hija de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Las dos posan en un selfie que se tomaron en el campo, ambas ataviadas por dos chaquetas verdes muy a su estilo. Irene, que ya ha terminado su voluntariado en Camboya, pone morritos para la foto.

Ambas primas son uña y carne. Tal y como reza la publicación, se quieren con locura. A través de esta fotografía la hermana de Froilán, que le saca cuatro años, no solo presume de prima, sino que demuestra que está muy unida a ella pese a las informaciones que aseguran que la infanta Cristina no está contenta con la influencia que le puede dar a su hija. Nada más lejos de sus deseos es ver a Irene como una instagramer en las redes sociales siguiendo los pasos de su prima. Irene, por el momento, mantiene un perfil bajo en redes. Su cuenta la tiene privatizada y tan solo unos 700 amigos pueden ver lo que publica.

Irene, que se mudó con su abuela doña Sofía a Zarzuela, está muy ilusionada en esta etapa de su vida, en la que el cuñado del alcalde de Madrid tiene mucho que ver con la sonrisa que se le dibuja en el rostro. Salen juntos desde hace unos meses y con esta relación ambas familias están encantadas. Aunque ya se sabe que las cosas de palacio van despacio, el noviazgo entre los dos jóvenes parece más que consolidado.

La sonrisa de Juan Urquijo tras asistir al cumpleaños de Irene en Madrid

Un año ha pasado desde la graduación de Irene en Ginebra, que se convirtió en un cónclave borbónico con la asistencia también de su padre, Iñaki, y de su abuela paterna, Claire Liebaert. Sus planes pasaban por ingresar en la escuela de hostelería suiza École Hôtelière de Lausanne, un prestigioso centro de formación cuya matrícula anual ronda los 140.000 euros, tal y como se publicó. Resulta que Irene no aprobó los exámenes de ingreso. La nota de corte no llegaba, por eso, ante el año sabático que se abría en el horizonte, se lanzó al voluntariado en Camboya de la mano de la ONG del jesuita Kike Figaredo, amigo de la familia. Ahora le toca volver a Madrid. Su madre está volcada en ella para que retome los estudios y no cuelgue los libros como Victoria Federica, según publicó la revista Lecturas.

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