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Por qué hay que echar sal, bicarbonato y aceite al inodoro y para qué sirve

Inodoro | iStock

elEconomista.es

Limpiar el inodoro es una de las tareas más tediosas y necesarias de la limpieza del hogar. Se trata de un elemento que acumula muchas bacterias y que requiere de una higiene constante para evitar los efectos negativos de no hacerlo. Aunque hay un sinfín de productos dedicados específicamente a este aspecto, también existen numerosos trucos que mejorarán la forma en la que eliminas la suciedad del baño.

Sal, bicarbonato y aceite neutro

Para poner en práctica este sencillo truco, basta con elaborar una mezcla con 250 gramos de sal, 250 gramos de bicarbonato de sodio y unas cucharas de aceite neutro. Echamos todos estos productos en el inodoro y nos ayudamos de alguna herramienta de limpieza para repartir la mezcla por todos los costados del retrete asegurándonos de que llegue a todas las zonas de este.

Una vez aplicado, deberemos dejar que haga efecto durante una noche completa, eso se debe a que la reacción química que produce requiere tiempo para conseguir que se descompongan todas las bacterias e impurezas incrustadas en el interior del inodoro. Una vez pasado ese tiempo, podremos continuar con el proceso que hará que nuestro baño quede como nuevo.

Al día siguiente, cogeremos un cubo o un recipiente y calentaremos agua hasta que esté hirviendo. Cando esté lista, la echaremos en el interior del inodoro, donde reposa la mezcla previamente aplicada. Este paso arrastrará toda la suciedad adherida. Después, tiraremos de la cadena para eliminar por completo aquellos restos que hayan podido quedar en la superficie.

Como consejo adicional, muchos expertos en limpieza recomiendan cortar un limón por la mitad y exprimir su jugo de forma directa en el interior del inodoro. De esta manera, adquirirá un aroma fresco que contrarresta los malos olores del baño y le aportará brillo a las paredes del inodoro, además de eliminar las bacterias y conseguir un retrete completamente higiénico.