Actualidad

Condenado a trabajar con casi 80 años porque su exmujer no le dio de alta en la Seguridad Social cuando tocaba: "Me gustaría dejarle algo a mi hijo"

Un farmacéutico en su puesto de trabajo | Foto: alamy

Paula Carreño

Las cotizaciones son vitales para determinar la cuantía de la pensión que nos quedará cuando nos jubilemos, tanto que incluso podemos retirarnos antes si acumulamos un determinado periodo a los 65 años. Ahora imagina que de un día para otro desaparecen 25 años de tu vida laboral (en realidad nunca habían existido). No es ninguna broma, es lo que le ha pasado a un farmacéutico de 78 años, que tras abandonar su trabajo después de más de dos décadas descubrió que su jefa, que también es su exmujer, no le había dado de alta en la Seguridad Social cuando correspondía. Ahora, se ve obligado a trabajar para mantenerse pero, ¿cómo ha llegado a este punto?

Todo comenzó hace 50 años

Un vecino de Bérgamo, en Italia, ha denunciado en la página de fanpage.it que ha tenido que reincorporarse al mercado laboral a sus 78 años después de descubrir que su exesposa nunca le había pagado las cotizaciones al INPS ('Instituto Nazionale della Previdenza Sociale') en 25 años que estuvo trabajando en su farmacia, de la cuál ella era propietaria.

Desde 1975 el hombre acudía a su puesto de trabajo con normalidad, como lo haría cualquier trabajador. En el 2000 fue despedido sin recibir una indemnización por ello, aunque todavía no había descubierto lo peor: que tampoco le habían pagado las cotizaciones. Por aquel entonces tenía 53 años, una edad más que avanzada y complicada para ponerse a buscar trabajo.

"No me había preocupado antes porque cuando las cosas van bien no piensas que pueda haber algo mal", relata el damnificado, que ahora trabaja como 'freelance' en negocios de amigos y conocidos para mantener a su familia e intentar rehacer su vida y dejar lo sucedido a un lado.

Los sindicatos no pudieron hacer nada

Asimismo, el hombre cuenta que acudió a los sindicatos para que le aconsejaran sobre cómo debía actuar ante esta injusticia, pero no pudieron hacer nada porque las cotizaciones no se habían pagado a tiempo, y aunque en aquel momento prefirió no presentar denuncia, luego cambió de opinión porque "tenía otro hijo al que me gustaría poder dejarle algo".

El resentimiento es tan grande porque "estamos hablando de cientos de miles de euros en juego". El dinero y la cotización de 25 años de trabajo perdido, a día de hoy ni siquiera tiene pensión ni mantiene contacto con su antigua jefa, tampoco con los nuevos directivos del que un día fuera su negocio. "Mis piernas todavía me sostienen y consigo pasar unas horas en las farmacias de mis amigos. Sin embargo, son situaciones temporales: trabajo como autónomo con número de IVA y sin contrato estable, pero con un poco de esfuerzo consigo mantener a mi familia", lamenta.