Tras interrumpir sus vacaciones en Lanzarote por la oleada de incendios que asola la península, el presidente del Gobierno y su mujer han vuelto a hacer las maletas. Pedro Sánchez y Begoña Gómez apuran sus últimos días de vacaciones antes de retomar la rutina y lo hacen en Andorra, rodeados de montañas y alejados del ruido, literal y mediático.

El líder del Ejecutivo y su señora llegaron este miércoles al hotel Sport Hotel Hermitage, donde son de sobra conocidos. Elegido el mejor cinco estrellas gran lujo de Andorra, se encuentra en la localidad de Soldeu, al pie de uno de los remontes principales de la estación de Granvalira, por lo que es muy cotizado en época de nieve. Cuenta con piscinas climatizadas, un restaurante con una estrella Michelin y 130 suites decoradas al estilo alpino nórdico con servicio privado cuyos precios oscilan entre los 400 y los 2000 euros la noche.

La llegada de Sánchez y su mujer ha alterado la tan solicitada paz de la zona, pues han llegado acompañados por 20 drones y una escolta formada por 20 agentes que garantizan que nadie les perturbe mientras pasean en bicicleta por el monte o disfrutan del gigantesco spa, catalogado como uno de los mejores de todo Andorra.

Vacaciones interrumpidas

Pedro Sánchez y Begoña Gómez afrontan ya la recta final de su descanso estival, que este año el líder del Ejecutivo se vio obligado a interrumpir por los terribles incendios que arrasan el territorio español. Varias provincias (y miles de ciudadanos) se han visto afectados por las llamas y el presidente se trasladó al centro de mando de Ourense y visitar también la zona afectada por el incendio en Villablino (León) antes de regresar a Lanzarote.

En la isla canaria han pasado tres semanas, concretamente en La Mareta, una bonita residencia de Patrimonio Nacional que regaló el rey Hussein de Jordania a Don Juan Carlos a finales de los 80. Cuenta con diez bungalows independientes, dos piscinas, amplios jardines con vegetación autóctona, un lago ornamental y hasta un helipuerto. Todo ello distribuido en una superficie de más de 30.000 metros cuadrados. El espacio edificado, de unos 1.900 metros, alberga estancias de gran confort y zonas pensadas para preservar la intimidad de sus ocupantes. El mantenimiento mensual de La Mareta ronda los 10.000 euros.

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