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Luis Miguel, en su segundo concierto en Madrid: triunfa con el "efecto Paloma" que le ha hecho más familiar

La segunda noche de Luis Miguel en el estadio Santiago Bernabéu fue la confirmación de que el Sol de México tiene un pie en España. Lleno absoluto, público entregado, efecto de luces y colores para levantar a los espectadores que se dejaron las gargantas arropando al cantante. Fue una exhibición de buen gusto, de buena voz y de muy buena selección de canciones.

Porque Luis Miguel tiene un repertorio demasiado amplio como para saber sintetizar en un solo concierto sus mejores temas. Pero lo consigue. Se refugia en los clásicos, los que nunca fallan. Los boleros, sus homenajes a Armando Manzanero, a Michael Jackson, Frank Sinatra… Y el mariachi. Eso sí que es una fiesta. Ahí se arranca la chaqueta para lucir camisa de raso negra y es que cuando se arranca con la Bikina pues solo se echa de menos unos chupitos de tequila para venirse arriba. El querido México, el país que le dio todo, tiene un algo que es contagioso. Y en Madrid la cercanía con la cultura azteca hay demasiados lazos como para no entendernos.

Un dandi en escena

Luis Miguel es un dandi en escena. Una mezcla entre Sinatra, Julio Iglesias o Dean Martin. Pero sin perder su esencia. Está guapo, mucho, y más cuidado que en años anteriores, y es que tiene lo que ya se conoce como el "efecto paloma" que debería hasta patentarlo. Delgado, ágil, sonriente, cariñoso y feliz. Y eso se transmite desde el escenario. En primera fila, su familia de sangre. Su hija Michelle, con su marido; su hermano Alejandro con su mujer, su sobrino. También su familia de Amor. Las niñas de Paloma Cuevas, el matrimonio formado por Raúl González y Mamen Sanz, con sus padres y algunos de sus hijos. Son los incondicionales, los que siempre están.

Por las gradas muchos rostros conocidos como Anabel Pantoja embarazada de su primer hijo y su amiga Belen Esteban o Isabel Gemio, la estilista Cristina Reyes o el influencer Pelayo Díaz muy amigo de Michelle Salas. También vi a Veronica Zabala con su hijo, a Pablo Sendagorta y a la bellísima Remedios Cervantes que repetía velada. Volviendo al escenario se palpa que hay una unión en esta nueva vida de Luis Miguel que ha marcado Paloma y que ha creado unos vínculos que parece imposible se rompan. Y es que cuando canta el amor lo hace convencido. Se nota que lo siente y que lo vive.

Fiel a su discreción Paloma Cuevas no apareció entre el público, quedándose detrás del escenario como toda la vida ha hecho Natalia Figueroa cuando acompañaba a Raphael en sus giras. Como mucho mira la gala desde detrás de una cortina y es que entiende que el protagonismo debe ser solo para el artista. Pero eso no quita que ayer, a la salida de su segunda noche en el Bernabéu, la pareja abandonara el estadio en el coche que les trasladó, pero con suficiente calma para que las cámaras pudieran verles y la gente aplaudirles al observar sus rostros de felicidad. Luis Miguel de negro, entero y Paloma de blanco radiante. No era una boda, pero sí, la consagración de que esta unión ha conseguido sacar la mejor versión de un Luis Miguel que seguirá de gira imparable y con toda su familia al lado. Se nota que no quiere perderse ni un minuto más de la compañía de sus seres queridos y es que como decía el clásico: al final la familia es lo que importa.

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