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Empresas y finanzas

Abengoa SA enfrenta el capítulo final de una quiebra en diferido

  • Los accionistas minoritarios sopesan convocar junta y abrirán una guerra judicial
Gonzalo Urquijo, presidente de Abengoa

Javier Mesones

Abengoa SA, la Abengoa de siempre, la que cotiza, tiene muy difícil salir de la causa de disolución en que, según el consejo de administración de la empresa, se halla inmersa.

El desafío es superior: tiene que convencer al 96% de los acreedores de una deuda de 153 millones de euros para que la canjeen por préstamos participativos de una sociedad que no tendrá actividad y cuyo único valor será una participación residual, del 2,7%, en el capital de Abenewco 1, la nueva Abengoa. Muchos de esos acreedores ni siquiera existen ya y otros no tienen ninguna relación comercial la ingeniería sevillana, lo que abunda en la compleja tarea.

En este escenario, el presidente de Abengoa, Gonzalo Urquijo, y su equipo han abierto una nueva vía para tratar de mantener con vida a la todavía matriz –dejará de serlo se salve o no en favor de Abenewco 1–. Así, con la declaración del preconcurso de acreedores busca iniciar negociaciones para alcanzar un acuerdo de refinanciación o para obtener adhesiones a una propuesta anticipada de convenio en los términos previstos en la Ley Concursal. Esta última ofrece la posibilidad de que se apruebe en convenio, que requeriría mayorías distintas y más sencillas de conseguir (artículos 124 y 125 de la Ley). Esta fórmula, por tanto, no obligaría a obtener el visto bueno del 96% de la deuda, un porcentaje que se antoja imposible de alcanzar.

Urquijo sostiene que el preconcurso pretende proteger la viabilidad de Abengoa SA. Los accionistas minoritarios, que han contratado a Navas & Cusí, se preguntan cuál es la motivación para tomar esta decisión cuando los principales acreedores no pueden instar el concurso y cuando aún no ha formulado las cuentas de 2019. La empresa recuerda que hay otros acreedores que sí podrían hacerlo.

El futuro para Abengoa SA tiene dos caminos: la disolución o la continuidad, en cuyo caso se limitaría a ser una sociedad financiera con una participación del 2,7% en Abenewco 1. El valor derivaría de la evolución de los negocios de ésta y de los posibles futuros dividendos, pero Abengoa SA ya no tendría actividad empresarial, ni activos ni trabajadores. La última reestructuración, que ya cuenta con el visto buen de los principales acreedores y nadie duda de que saldrá adelante en septiembre, supone la culminación, de manera anticipada, de un plan que comenzó a tejerse en 2016, cuando se aprobó la cesión de negocios a Abenewco1. Un proyecto que tuvo su continuidad con la refinanciación de 2019 que supuso aceptar la dilución que implicaban los convertibles y que ahora cierra el círculo con su conversión anticipada y la toma de control de la nueva Abengoa por parte de los acreedores que sucesivamente han mantenido el respirador conectado. Todo el proceso es, por tanto, la constatación de una quiebra en diferido que todo apunta a que aún tendrá que medir su legalidad en los tribunales.

Los minoritarios de Abengoa SA que se han agrupado y aseguran representar cerca del 10% del capital cuestionan que esta reestructuración no se someta a la votación de la junta

Los minoritarios de Abengoa SA que se han agrupado y aseguran representar cerca del 10% del capital cuestionan que esta reestructuración no se someta a la votación de la junta -podrían convocarla-. Pero la empresa considera que "no hay necesidad" porque no ha habido ningún cambio con respecto a lo aprobado en los acuerdos de 2017 y 2019, que "preveían supuestos de conversión anticipada y eso es lo que se da ahora al haberse dado un 'default". Acusan a la dirección de falta de transparencia en un proceso que ha supuesto el vaciamiento de Abengoa SA, hasta tal punto que el propio Urquijo ha admitido que el 2,7% es un "regalo" de los acreedores que ni siquiera les correspondía.