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Televisión

Hasta los números engañan a quien quiere ser engañado

A comienzos del siglo XVIII, el padre del empirismo, Francis Bacon, señaló que los humanos solo leían lo que se ajustaba a su línea de pensamiento, solo escuchaban lo que querían escuchar y creían lo que querían creer, porque creer o no creer es parte de quienes somos. En esa época la información era limitada y su origen conocido.

Las cosas se han ido complicando con el tiempo. Tras los periódicos de aquella época vinieron la radio, la televisión e internet con las redes sociales. Los profesionales que servían de filtro para garantizar la calidad de la información ocupan un espacio cada vez menor. La baja calidad de la información de la que dependemos es la consecuencia de la primacía de la ideología. Cuando la cadena derechista Fox News despidió a su presentador estrella Tucker Carson, sus clientes empezaron a abandonarla por no ser suficientemente trumpista, hasta que enmendó el rumbo y regresó a los ataques desaforados contra todos los que no eran MAGAS.

En enero del año 2017, la consejera presidencial Kellyanne Conway defendió la falsa declaración del secretario de prensa de la Casa Blanca sobre el número de asistentes a la toma de posesión de Trump al asegurar que aquel estaba informando sobre hechos alternativos (alternative facts).Tuvo que aguantar todo tipo de críticas por la frase orwelliana.

Pero en realidad lo que hacía era seguir el camino marcado por su jefe, que en su libro de1987 The art of the deal (El arte del trato) afirmaba que la "hipérbole veraz" (truthful hyperbole) es una exageración inocente y una promoción eficaz. La gente quiere creer que algo es lo más grande o lo más espectacular si lo hacemos nosotros o lo peor de los últimos cien años, si lo hacen los otros, como podemos comprobar a diario en la disputa política en España.

Por supuesto, para los grandes medios americanos como The New York Times o el Washington Post eran simplemente falsedades y se ocuparon de hacer fact checking. Registraron más de 30.000 mentiras de Trump durante su mandato. Las consecuencias, o la falta de ellas, están a la vista y más lo van a estar a partir de noviembre.

En general los hechos alternativos se refieren a cifras. No es necesario falsificar una cifra para utilizarla ideológicamente. Por ejemplo, algunos medios recogían una información procedente del Instituto Juan de Mariana, que suministra alimento ideológico a las derechas, según la cual España gasta en funcionarios públicos un 45% más que Alemania. Resulta que en la contabilidad alemana el personal sanitario no figura como funcionario mientras que sí lo hace en España. El público no entiende la mayor parte de las cifras que le ofrecen los medios, pero tampoco las entienden muchos periodistas y políticos o, si las entienden, las retuercen para que sirvan a sus propios intereses.

La incomodidad de los políticos cuando sueltan cifras es evidente, pero entienden bien que son armas políticas. Si aceptamos el mensaje sin filtrarlo nos hacemos cómplices, puesto que existen más armas que nunca para comprobar la veracidad de los mensajes.

Nuestra obligación es poner las cifras en perspectiva, aceptar imprecisiones y buscar la tendencia. Pero en la vida real procesamos solo la información que reafirma nuestras creencias. Este sesgo cognitivo funciona a todos los niveles . El conocimiento no es una defensa contra la reacción emocional. Generalmente los más informados son también los más tendenciosos puesto que disponen de más instrumentos intelectuales para defender sus posiciones.

El periodista y analista económico ingles Tim Hardford que ha escrito varios artículos sobre este asunto, como Guía para entender las estadísticas en una época confusa, explica las dificultades que todos tenemos para interpretar las grandes cifras que tienen que pasar el filtro de nuestro bagaje intelectual y a veces de nuestros conocimientos. Muchos periodistas, por ejemplo siguen traduciendo el billions inglés como billones y no como millardos. Pone el ejemplo de una frase tan sencilla como: la desigualdad sube, puede significar cosas muy diversas como desigualdad de oportunidades, de riqueza, de educación. Y ¿Desde cuándo?.

Las estadísticas no son más que el resumen de una verdad más complicada. El PIB per cápita en Estados Unidos es de los más altos del mundo, pero la mayoría de la población negra no se ha enterado. Los medios solo publican los resultados sorprendentes, pero lo normal es que, si son demasiado sorprendentes sean falsos. También son peligrosos los datos con decimales o con exceso de precisión porque se desvían del mensaje básico.

Ya conocemos el resultado de la mayoría de las estadísticas que se publican Sabemos lo que la población de derechas piensa sobre los impuestos y la amnistía y la de izquierdas sobre Netanyahu. Cada vez que hay múltiples muertos por un tiroteo los medios recuerdan que el pasado más de 40.000 personas murieron por armas de fuego en Estados Unidos, pero hay que bucear para comprobar que solo un pequeño porcentaje lo fue por asesinato y más de la mitad por suicidios.

El escritor americano Darrel Huff es uno de los autores que mejor ha analizado los engaños estadísticos en su libro How to lie with statistics (Como mentir con las estadísticas), en el que incluye ejemplos sobre las encuestas electorales en las que, según el autor, el tamaño de la muestra no sería lo más importante.

Recordemos que hay que ser curiosos para intentar averiguar qué ocultan las estadísticas que, a veces, es más de lo que enseñan.

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