Televisión

Eurovisión, un escenario político polarizado que casi hace ganador a Israel: por qué recibió una avalancha de 323 puntos del público

Foto: EBU/Sarah Louise Bennett

Un simple festival de música se convirtió durante unos días y, sobre todo, una noche, en el campo de batalla para juzgar la crítica situación que se vive en Gaza desde que Israel comenzó su ofensiva tras los atentados terroristas de Hamás del pasado 7 de octubre. Aunque Eurovisión es "apolítico", el concurso se convirtió este sábado en un juicio sobre lo que está ocurriendo en la zona con fuertes críticas a un festival que había decidió no eliminar a Israel como sí hizo con Rusia.

Esa decisión puede ser polémica, pero llevaba tomada mucho tiempo. Con Israel en el concurso, la tensión aumentó día a día y alcanzó su punto más crítico en las horas previas al festival. A medida que subía la tensión, las opciones de victoria para Israel aumentaban, aunque eso no lo hubiesen calibrado los que criticaban su presencia. Pero solo había que recordar lo que pasó el jueves en la semifinal. Israel, que fue abucheada fuertemente durante los ensayos, se clasificó para la final y se disparó en apuestas. A más pitos, más opciones de ganar. No lo hizo, porque el triunfo se lo llevó Suiza, un país neutral, curiosamente, pero Israel fue el segundo más votados por el público. Recibió 323 puntos, muy cerca de los 337 de Croacia, el más apoyado por la audiencia. Los 52 puntos que recibió del jurado profesional (duodécima posición para los expertos) le hizo quedar finalmente en quinta posición, posiblemente la que merecía por la calidad de su propuesta.

La explicación a este extraordinario apoyo popular que consiguió Israel es muy sencilla y es comparable a lo que muchas veces ocurre en los realities de televisión, por extraño que parezca el símil. Cuando todos critican a un oponente, ese concursante se hace fuerte y genera un apoyo de reacción que le hace casi imbatible. Algo así pasó con Israel, que fue ganando apoyos a medida que las críticas a su presencia aumentaban. Es muy sencillo: un escenario tensionado hasta el límite, en términos no musicales, por quienes criticaban su presencia -un debate muy lógico, por otra parte- provocó que aquellos que apoyaban la causa de Israel se pusieran en pie y votaran a este país, aunque a muchos ni siquiera les importase Eurovisión. Voto politizado para un festival absolutamente politizado.

Por el contrario, aquellos que querían votar en esa misma clave, pero contra Israel, no sabían a quién hacerlo. ¿Acaso había algún país que representase el apoyo solidario con Palestina, que no concursaba? No y, precisamente por eso, los espectadores que querían mandar un mensaje político, no artístico, usando Eurovisión como mensajero tenían 24 posibles destinatarios. Su voto quedaba dispersado. Así lo pronosticaba Antonio Obregón, profesor de Derecho y Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas ICADE, que hace unos días habló con este medio sobre la situación de Israel en Eurovisión: "En este festival se vota en positivo y es mejor gustar mucho a unos pocos que gustar algo a muchos".

Voto politizado para un festival absolutamente polarizado

Está claro que Israel ha tenido el apoyo masivo de los espectadores como reacción a quienes plantearon este festival como un juicio a la situación en Gaza. Y lo propusieron así aquellos que establecieron que el festival fuese un debate, muy pertinente hace meses, sobre conveniencia de la presencia de Israel, en vez de centrarlo en cuestiones musicales. Pero lo cierto es que Israel llevaba meses aceptado como concursante en este certamen y no había vuelta atrás. Dicho de otro modo, si la discusión no se hubiera llevado al límite en los días y las horas antes de su emisión, la canción de Israel hubiera quedado diluida en un puesto intermedio y nadie hubiese hablado de ella. Pero ante la polémica de unos, la reacción de los otros se hizo fuerte. Y, así, la política de internacional se debatía en ese escenario de Malmö del que mañana nadie se acordará. Eso sí, el voto del jurado profesional evitó que Israel ganase.

Un precedente a este caso lo encontramos en 2022, en plena invasión rusa en Ucrania. En ese caso, fue una ola de solidaridad lo que dio el triunfo a este país -Chanel siempre será la ganadora moral-, no así la calidad de su canción de la que ya nadie se acuerda. Y en esa edición, el voto de apoyo sí tenía un destinatario claro que permitía condensar ese mensaje: era tan sencillo como votar a Ucrania, que es lo que ha faltado este año, porque nadie podía representar el caladero de una Palestina que no participa en Eurovisión. Aquel triunfo de Ucrania lo fue por cuestiones políticas. Es decir, se usó para mandar un mensaje sobre lo que estaba pasando, como si Putin fuese a cambiar de parecer por esa avalancha de doces que recibió Ucrania…

Polémicas aparte, Eurovisión 2024 ha terminado con el triunfo de una gran canción y, posiblemente, la propuesta de más nivel de la edición, porque Suiza condensaba el mejor tema (The Code), el intérprete más carismático (Nemo) y la puesta en escena más magnética. "Que gane la mejor canción", dicen los presentadores antes de que arranquen actuaciones de los países participantes. Ese deseo se ha cumplido este año.

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