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El abrazo de Emilio Aragón y Fofito en el estreno del musical 'Había una vez en la vida': un viaje a las tardes de los 70

El preestreno en Madrid del musical Había una vez mi familia que dirige y produce Emilio Aragón y que ya está en la cartelera madrileña en el teatro Nuevo Alcalá supuso un viaje a los años 70 y a esas tardes televisivas con los payasos que crearon la mejor banda sonora de muchas generaciones. Payasos y músicos profesionales porque no se entiende el humor de los Aragón sin esas canciones que todo el mundo conoce perfectamente letras y cantan a sus hijos o nietos: Hola don pepito, Susanita tiene un ratón, Había una vez…

El espectáculo llega en un momento muy dulce para los musicales y con la calidad que Emilio Aragón, quien debutó en el escenario como Milikito antes de triunfar en la televisión con sus programas y series, impregna en sus trabajos. El montaje cuenta con un reparto que encabezan sus primos Mónica Aragón (hija de Fofito) y Gaby Aragón. Comienza con la soledad de una mujer que va a celebrar su cumpleaños sin la presencia de sus nietos y tira de recuerdos para regresar a una infancia marcada por la historia de la familia Aragón. Para Emilio ha sido un auténtico disfrute poder hacer este particular homenaje a su familia que comenzó en el circo en el siglo XIX y que aún hoy continúa en los escenarios.

En España los conocimos como Gaby, Fofó y Miliki y, tras la muerte de Fofó, llegó su hijo Fofito y también Emilio se puso la camiseta roja en sus años de Milikito para estar junto a su padre y entender la magia que despertaban. Aquellos fueron los años más felices, al menos en nuestro país. Luego vinieron las separaciones, los éxitos de uno (sobre todo Emilio) y los problemas de otros (Fofito vivió una racha muy complicada tras perder a su padre y refugiarse en el alcohol) y hasta una guerra en revistas y programas donde se rompió la imagen de unión y hermandad que todo el mundo tenía idealizado.

De eso ha llovido y con la implicación de Emilio en este musical las rencillas que hubo en el pasado se dejan a un lado para pasar a la fraternidad y encuentro de una cumbre de miembros Aragón que la noche del jueves casi llenó el patio de butacas del teatro. Sin duda el momento más especial fue cuando el equipo recibió la ovación del público y se pidió la presencia del propio Emilio para subir al escenario. Su abrazo con su primo Fofito fue largo, sentido y puro. Duró más de lo que dura un abrazo y consiguió levantar a los asistentes de sus butacas. Era el abrazo que todos querían ver. Menos mal que estuvimos y lo vimos para contarlo.

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