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La herencia millonaria de César Alierta: de su imperio empresarial a su casa en Aravaca

César Alierta falleció el pasado miércoles a la edad de 78 años en Zaragoza. Abogado y empresario, era uno de los hombres más poderosos del sector empresarial en nuestro país. Ejerció como presidente ejecutivo de Telefónica S.A. entre los años 2000 y 2016, cuando dejó su puesto para disfrutar de una vida acomodada y mucho más relajada. Nunca pareció tener preocupaciones económicas y, de hecho, tras su adiós deja una gran herencia.

El exdirectivo pasó 16 años de su vida casado con Ana Cristina Placer, fallecida en el año 2015. No tuvieron hijos, por lo que no hay herederos forzosos para repartir el patrimonio acumulado. Por sus años como presidente ejecutivo de la compañía de telecomunicaciones percibió "75,5 millones en salario acumulado, una pensión de 54,2 millones y acciones de la operadora valoradas en 45 millones de euros al término de su mandato", según publica El mundo.

En la última etapa se interesó en alimentar la empresa Acrispla de Inversiones. Toda su estructura empresarial giraba en torno a esta sociedad, con la que participaba en diversos establecimientos hosteleros de su familia en Candanchú, así como en empresas extranjeras -entre ellas, Ristur, de Uruguay- y en el control del 25 por ciento de Ibernieve. Además, contaba con poco más de un 13 por ciento de la sicav Lierde.

Por otro lado, el empresario poseía una gran casa en una zona residencial de Aravaca. En este lugar vivió durante buena parte de su vida junto a su mujer, aunque después estableció su vida en Zaragoza. No obstante, Alierta también contaba con varias propiedades en Villanúa. Nieto de Cesáreo Alierta, un reputado empresario de la industria maderera que terminó siendo alcalde de la capital zaragozana, pasó unos cuantos años de su infancia en el municipio pirenaico.

Labor altruista

Alierta aseguró la supervivencia del Real Zaragoza en 2006 y, 12 años después, se encargó de costear la restauración del órgano de la catedral de Jaca. Este último movimiento le costó 300.000 euros.

Sus gestos estuvieron especialmente valorados por su entorno cercano, quienes lo conocían más allá de su faceta como empresario. "Ayudó a todos los que lo necesitaron, fueran o no familia. Estuviesen en su lista de personas cercanas o no. Pero si eras de los afortunados de la lista, su ayuda iba más allá de lo que podías necesitar. Y sin preguntar. Por supuesto, sin esperar contraprestación alguna", escribió su sobrino Fernando en El Periódico de Aragón.

"Y en sus últimos años, el proyecto de dar educación digital a los niños sin recursos centró todo su amor. Y repartió tanto amor que llevó a 28 millones de niños a tener una educación que les puede llevar a tener un futuro", añadió sobre su apuesta por la educación digital a través de la Fundación Telefónica.

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