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El funeral de Cristina Macaya en Madrid reúne a Isabel Preysler, Elena Cué o Miriam Ungría, entre otras muchas personalidades

Tomeu Catalán, el sacerdote mallorquín amigo de Cristina Macaya, fue el encargado de oficiar este jueves la misa celebrada en la iglesia madrileña del Espíritu Santo, para recordar a su amiga. Hace seis semanas la gran anfitriona de Mallorca, la que convirtió la ciudad en el mejor destino para la alta sociedad, ya fue despedida en otro funeral en la capital balear, en aquella ocasión en la Parròquia de Santa Creu, en el Puig de Sant Pere de Palma.

Si entonces el templo estuvo abarrotado de familiares, amigos y algunos vecinos de la ilustre residente de es Canyar, en este otro homenaje en la capital fueron muchos los rostros conocidos que quisieron estar en el último adiós a esta gran mujer, comprometida con la labor social y que, verano tras verano, acogió a todo tipo de personalidades.

En Madrid, vimos a Elena Cué y Miriam Ungría, princesa de la corte jordana casada con un primo del rey Abdalá. También estuvieron en la iglesias de la calle Serrano sus familiares, que recibieron el cariño de todos los presentes. Tomeu Catalán, el padre que colaboraba con ella en Proyecto Hombre, recordó la visión positiva de la vida de Macaya. Su hija María, casada con Fernando Rodés, contó que fue silenciosa con respecto a la enfermedad, evitando contagiar de pena a sus hijos y a quienes la rodeaban.

Plácido Arango, hijo de quien fue novio de Cristina muchos años, no quiso perderse la solemne despedida de Cristina. Agatha Ruiz de la Prada dejó los colores que marcan su estilo y apareció de negro. Su amiga Isabel Preysler, que visitó a Macaya en Mallorca, llegó a la iglesia del espíritu Santo con Tomás Terry. Estuvieron además personalidades como Coqui Font, Emilio Ybarra, Paloma Segrelles, Carmen Posadas, Juan Abelló, Manolo March o Mayte Spínola. 

En la misa de Mallorca vimos entre otros al escritor Fernando Schwartz, o a la amante del don Juan Carlos I, Marta Gayá, a Marián Bisbal, esposa de Sebastián Escarrer; el abogado José María Mohedano; el también abogado Juan Nadal y su mujer Pepa.

Cristina falleció el pasado 2 de febrero en su casa, en la zona de Esporles, a 14 kilómetros de Palma, sin haber podido superar un cáncer diagnosticado dos años antes. Por su impresionante mansión, rodeada de naranjos y muchos árboles frutales, pasaba toda celebridad que visitaba la isla.

Sus fiestas eran famosas por su discreción y elegancia, como ella misma, y por sus invitados, como Carmen Martínez BordiúLoles LeónNacho Duato,  o Isabel Preysler, y los ya citados  Michael Douglas y su esposa Catherine Zeta Jones, el matrimonio Clinton o los príncipes de Kent.

El rey Juan Carlos, y también Felipe de Borbón cuando era príncipe, fueron algunos de sus huéspedes y amigos, como Marta Gayá, la otra mallorquina que tanto amó el rey Juan Carlos, muy amiga de Macaya. 

En el funeral mallorquín, Marta Gayá acudió a despedir a su amiga, de luto riguroso y con gafas de sol Apareció en la iglesia de Santa Cruz, dio el pésame a los cuatro hijos de Cristina y trató de pasar desapercibida, entre el resto de los asistentes.

Fallecida en febrero a los 77 años, víctima de un cáncer, todos recordaron su entereza incluso en los momentos más delicados de su batalla y resaltaron su clase, su elegancia y su labor filantrópica y solidaria en Proyecto Hombre. Su hijo Javier Macaya habló de su madre como "un ejemplo de mujer, sin miedo, que vivía el momento y que aun enferma no se quejaba de nada".

La madrileña, viuda de Javier Macaya, fue conocida por ser la novia de Plácido Arango. Tuvo cuatro hijos y 17 nietos. Hace más de dos décadas se instaló en Mallorca, donde se convirtió en la gran anfitriona de sus veranos. Por su finca de es Canyar pasaron desde Bill Clinton a Valentino, de los duques de Kent, a los príncipes de Mónaco o Gwyneth Paltrow, de Van Morrison a Felipe González, y por supuesto Michael Douglas, habitual de los veranos de la isla en su mansión. 

Se ha ido una mujer irrepetible, generosa, "un torbellino de vida", como coinciden sus amigos y una inmensa mecenas y defensora del arte. Mallorca no volverá a ser la misma sin ella.

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