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Tamara Falcó y Shakira, o cómo enfrentarse a los cuernos: de la misa y perdón, al rap que acuchilla

2022 fue un año especialmente prolífico en historias de infidelidad, cómo no, principalmente por parte de varones famosos que dejaban desoladas y enrabietadas a sus esposas o novias, más famosas aún. Los más sonados, los "cuernos" que han soportado públicamente mujeres como Shakira o Tamara Falcó. El cómo se han enfrentado a la traición de sus parejas cada una de ellas indica dos maneras de entender la feminidad bien diferenciadas: la clásica judeocristiana del perdón y la vuelta al redil, protagonizada por Tamara con el juerguista Íñigo Onieva, o las puñaladas que a través de su arte ha dedicado a Gerard Piqué y su novia, Clara Chía, su ex mujer, quien ha reventado las cifras de visualización de su vídeo con Bizarrap en la BZRP Music Session #53. En ocho horas la canción de despecho ha tenido más de 23 millones de reproducciones en Youtube, y todos (más bien todas) aplauden a la colombiana.

Pese a las diferencias, hay una frase en el temazo musical en el que el perfil de ambas engañadas coincide plenamente. Shakira dice en la canción, "las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan". Si, es verdad, pero nuestras dos engañadas protgonistas lo hacen de manera muy distinta.

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Sin meternos en juicios morales, que a una le pongan los cuernos nunca es agradable. Duele. Desgarra. Pero además, si eres un personaje público, te destroza, porque la sociedad tiende a señalarte como la posible culpable de no haber dado a tu compañero lo que necesitaba de tí (sí, todavía se piensa así de las mujeres engañadas), o bien de haberle agobiado en exceso, o bien de haber sido una ingenua. Menos mal que cada vez menos se les ve como los machotes que eran antaño los infieles, aunque todavía hay algo de eso.

Tamara y Shakira son dos mujeres de éxito público. Pero sus negocios son distintos, su evolución como mujeres empoderadas tiene diferentes enfoques, diferente es su interpretación del feminismo, y su manera de enfrentarse a la adversidad también es opuesta.

La marquesa que perdona con el 'pésame señor'

Tamara Falcó dijo que le daba igual que la infidelidad de su prometido hubieran sido "seis segundos o un nanosegundo en el metaverso" y que la reconciliación era poco menos que imposible. Lo borró de sus redes sociales, aseguró que estaba bien sola, que solo pensaba en su futuro, y que no mantenía ningún tipo de relación con el infiel por "prescripción facultativa".

La hija de Isabel Preysler hizo un amago de mujer empoderada en materia sentimental, pero muy modosita, como es ella. Se fue con un amiguete de su ex a vestirse de monja a Lourdes, de boda de mucho nivel de su mejor amiga a Emiratos Árabes, e hizo toda la caja que pudo con su "desgracia". Representó su papel de mujer engañada que rechista, pero poco rato.

En tres meses ha perdonado a Onieva. Para ello le ha hecho pasar por la piadosa ruta de la virtud mediante la misa del Gallo en Nochebuena, la Nochevieja en casa de mamá, y el viajecito meloso a los confines helados de la tierra para rentabilizar su personaje, aunque los paparazzi les fastidiaron el plan.

Y es que la marquesita de Griñón ya no es tan "ita". Pese a que muchas de sus actitudes y reflexiones parecen proceder de la cabecita de una adolescente, criada entre algodones y con cero luchas para sobrevivir al mundo cruel, Tamara tiene 41 años, y su beata visión del papel de una mujer sobre la tierra incluye tener hijos. Y lo de que el "arroz" se le pasa lo está oliendo ya en el guiso de su vida.

Repescar a Onieva, por mucho que pudiera tener al hombre que quisiera, pudiera ser la única oportunidad de aprovechar los escasos años de fertilidad que le queden, y al fin y al cabo a este ya le tiene pillado el "truqui", conoce sus miserias, y empezar de nuevo puede ser demasiado trabajo para relanzar su producto: ella misma.

La hembra leona que se defiende atacando

En cambio Shakira no es en sí misma un producto. Su música es incluso más poderosa que su físico o su imagen. Además, es joven, pero tiene ya dos hijos por los que, seguramente, "mataría", como dijo la Esteban en su día sobre su Andreíta.

La colombiana, independientemente de sus creencias religiosas, las tenga o no, se ha tomado la infidelidad de Piqué de una manera empoderada, feminista, con rabia y sin rubor por esta, atacando para defenderse y poniendo los dos ovarios sobre la mesa de mezclas de Bizarrap.

Además de señalar el daño a quién se lo ha hecho, lo ha conseguido con la calidad de la artista que es, tanto en la letra como en la música. Es un ejemplo de mujer del siglo XXI que ama por amor, y odia por lo mismo, y no se esconde, ni se arruga, ni quiere perdonar. Shakira puede hacer lo que le dé la gana, y no esconder su dolor en el manto de vergüenza alguna, porque ha quedado bastante claro que el que no la ha tenido (la vergüenza) es Piqué.

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Con letras muy explícitas: "Yo solo hago música, perdón que te sal...pique" o "Tiene nombre de persona buena, Clara...mente no es como suena", o bien "Me dejaste de vecina a la suegra. Con la prensa en la puerta y la deuda en Hacienda", y un ritmo como es su costumbre, que engancha enseguida, este es ya el enésimo tema en el que la cantante cuenta lo que siente, pero en esta ocasión ha sido implacable.

Tal y como indica el contenido, "una loba como yo no está pa tipos como tú... A ti te quedé grande", Shakira a través de este tema da una muestra de cómo hemos evolucionado las mujeres en el mundo, al menos en el occidental, y cuál es nuestro papel en relación al amor.

Nada de ser ya cornudas y apaleadas. Debemos poner los puntos sobre las íes y olvidarnos del papel de damiselas afligidas que siglos de historia nos atribuían. Menos rezos. Menos lloros y a demostrar todo lo todo que una vale cuando es, éticamente, muy superior al infiel. Miles de mujeres, que están apoyando a la colombiana totalmente, ya no quieren verse como las modositas y plañideras víctimas de la infidelidad patriacal y tóxica, y van a seguir esa máxima que la cantante ha hecho hashtag: las mujeres ya no lloramos chicos, ahora facturamos. Tomad nota.

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