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La peor resaca de Kiko Rivera le ha llegado con solo 38 años pero a lo mejor le salva la vida

Kiko Rivera asegura estar "mejor, pero no recuperado". Como ya hemos adelantado, el hijo de Isabel Pantoja ha reaparecido este sábado en sus redes sociales para dar un mensaje. Esta vez no es para insultar a su madre ni a su hermana ni a su prima Anabel ni a su hermano Francisco.

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El marido de la sufrida Irene Rosales ha roto su silencio con palabras emocionadas, sinceras y lanzar un mensaje positivo: "Quiero agradecer a todo el mundo por haberse interesado por mi estado de salud. Ya estoy en planta un poco mejor, pero no recuperado. Me han llegado todos vuestros mensajes de cariño y me han emocionado muchísimo. No puedo estar con el móvil, pero quiero daros las gracias de todo corazón. Gracias también a las enfermeras y al equipo médico que me han cuidado y me han hecho sentir como en casa. Ha sido un susto tremendo, el mayor de mi vida, jamás pensé que me fuera a dar un ictus y realmente pensé que no salía de esta. Os quiero a todos mucho y si Dios quiere prontito estoy al 100 %", reza su nota difundida en su cuenta de Instagram.

Este punto de inflexión puede quedarse en una anécdota si se produce la deseable recuperación pero sobre todo si supone un antes y un después en el estilo de vida, las formas y la actitud ante la vida de este hijo de Paquirri, el que el torero de Zahara de los Atunes tuvo con Pantoja apenas meses antes de ser herido de muerte por Avispado en la plaza de toros cordobesa de Pozoblanco el 26 de septiembre de 1984. 

El padre de Kiko fue un torero inmenso, de raza. Y su madre, con sus luces y sombras, es una de las grandes, una leyenda viva como tonadillera. Pero el hijo de ambos, famoso desde que fue concebido, nunca supo gestionar los privilegios de ser quien es. Caer tan bajo como para humillar públicamente a una madre a cambio de dinero le situó en la peor posición posible. Su ya deteriorada imagen de golfo, energúmeno de la noche y enfermo, atrapado en la droga, descendió aún más cuando cobró los cheques que el saliente consejero delegado de Telecinco le firmó a cambio de varias noches de tortura contra Isabel Pantoja, su propia madre. Luego, más exclusivas, más platós, más portadas bien cobradas para disparar contra su familia, con publicidad, un escarnio público a cambio de monedas.

Pero en el mismo momento en que saltaron las alarmas, ante la muy preocupante noticia de que Kiko había sido ingresado por un accidente cardiovascular, la "mala madre" a la que acusó de ladrona y de cosas terribles, que un hijo nunca debería decir, y menos en público, en televisión, y por dinero, aparece porque las entrañas en las que aquel niño habitó se le removieron a la tonadillera sevillana como si nada hubiera ocurrido entre ellos.

Ojalá Kiko calme su vida, cambie sus hábitos, coma de forma sana, cure su gota, su diabetes, haga ejercicio y siga las recomendaciones de sus médicos. Ojalá reflexione, se centre en su mujer y sus hijos, abrace a su hermana y tienda los brazos a su madre. Ojalá perdone si es que tiene que perdonar, y ojalá sea perdonado. Ojalá que Kiko Rivera salga de esta sin más secuelas que librarse del fango del insulto pagado, de la violencia verbal contra la madre que le parió, del infierno de la mala vida y comprenda que en realidad se pierde una vida maravillosa, viendo crecer a sus hijos, recuperando el amor hacia Isabel Pantoja y comprendiendo que es un privilegiado, heredero de dos grandes.

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