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La montaña rusa del bitcoin y las lecciones que se pueden extraer

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    Mohamed A. El-Erian, Bloomberg

    La semana pasada fue muy intensa para las divisas digitales, pero sobre todo para el bitcoin, la criptomoneda que ha estado captando cada vez más atención por parte de inversores, especuladores y reguladores. | El mayor hedge fund del mundo alerta: "El bitcoin es una burbuja".

    La considerable volatilidad de los precios se acentuó por las reacciones a los comentarios (algunos constructivos y otras no tanto) sobre una 'tecnología disruptiva' (el bitcoin) que responde a las necesidades específicas del cliente, está aquí para quedarse y probablemente obtendrá una mayor influencia sistémica, pero que todavía se encuentra en una etapa temprana en su proceso de maduración y está sujeta a sufrir shocks localizados e interferencias repentinas de los gobiernos.

    Tal vez una de las maneras más útiles de pensar en el bitcoin (y el número creciente de otras criptomonedas) es como una innovación que reduce las barreras para entrar en un sistema de pagos fuera del ámbito directo y de la persecución de los bancos centrales y la mayoría de las entidades oficiales.

    ¿Llegará a ser como una divisa?

    Sus admiradores y defensores quieren que el fenómeno vaya asumiendo las características clave del 'dinero' fiduciario y efectivo, que vaya más allá de lo que ofrecen los metales preciosos u otras materias primas, para incluir las tres características que le permitan ser un medio de intercambio a la altura de otras divisas, un depósito de valor y un vehículo para la cobertura de riesgos y la especulación legítima.

    Lecciones de la semana pasada

    -La considerable brecha en la aceptación de las criptomonedas que todavía existe hoy, incluyendo advertencias de que no son más que una 'moda' pasajera o, lo que es peor, un "fraude"

    -La vulnerabilidad del sector a las acciones gubernamentales, incluyendo la decisión de China la semana pasada de prohibir ciertas ofertas y sus amenazas de imponer regulaciones más estrictas.

    -El potencial de que se produzca una volatilidad considerable de precios que, en el transcurso de apenas tres días de la semana pasada hizo que el valor de los bitcoins se desplomara en un 40% para luego repuntar más de un 25% desde sus mínimos.

    Estos tres elementos no sólo resaltan los retos que enfrenta la visión más optimista de las criptomonedas. También señalan el riesgo de que, por más que sea difícil valorar la divisa de un modo fiable, parte de la impresionante alza de este año en el precio de los bitcoins podría estar asumiendo una tasa de adopción que supere lo que es factible y deseable en el corto plazo.

    Llevará tiempo para que las criptomonedas desarrollen la profundidad y la estabilidad de una base de usuarios dedicada a que respalde el crecimiento previsto de su participación en el sistema de pagos, así como su uso como vehículo de acumulación y cobertura.

    También llevará tiempo que los gobiernos y las autoridades monetarias comprendan toda la gama de costes y beneficios de esta nueva plataforma y establezcan un enfoque de regulación y supervisión coherente. Es igualmente importante destacar, sin embargo, que esto no implica que el bitcoin y otras criptomonedas vayan a desaparecer, como algunos han advertido.

    La interpretación más probable es que todavía estamos en una fase muy prematura de un posible proceso de transformación de las divisas que no solamente se limita al deseo de algunos de contar con una gama más amplia de "dinero" fiduciario.

    Las criptomonedas, que aprovechan las innovaciones tecnológicas que prometen una mayor eficiencia y que probablemente se profundizarán con el transcurso del tiempo, también son una respuesta al fenómeno más amplio de descontento con las instituciones existentes, públicas y privadas. Se trata de una dinámica que no solamente ha llevado a decepciones y a la erosión de la confianza, sino que también ha generado una sensación más generalizada de marginación y alienación en ciertos segmentos de la sociedad.

    Por el momento, las dimensiones operativas de las criptomonedas involucrarán principalmente actividades especulativas, quedándose con una pequeña parte de la base de inversores que tradicionalmente colocan su dinero en metales preciosos y satisfaciendo la demanda de quienes buscan, por razones legales e ilegales, un sistema de pagos que opere al margen de la vista y el alcance de las autoridades monetarias.

    Como tal, debemos esperar una alta y continua volatilidad de precios en un contexto de persistentes y marcadas diferencias de opinión sobre lo que se avecina. A más largo plazo, probablemente surja una plataforma más estable y regulada. Complementará, pero no reemplazará, el sistema tradicional gestionado por los bancos centrales.