La supervisión única europea del sistema financiero, encabezada por el BCE, muestra desde su inicio que supera en exigencia a la ejercida por las autoridades nacionales. Una vez asegurada la solvencia, la institución presidida por Draghi mira al futuro para cerciorarse de que las entidades saneadas son también viables en el medio plazo. Para ello, los responsables de estas últimas tendrán que detallar a Fráncfort sus estrategias. Los bancos europeos, por tanto, afrontan ahora el reto de ganar rentabilidad, en el que que queda mucho por hacer, dado que el punto de partida actual es muy bajo (7 por ciento sobre recursos propios en los mejores casos). La época de los ajustes, e incluso de las fusiones, no se puede dar por cerrada en el sector.