El BCE tiene un grave problema

No me extraña que el presidente del BCE, Mario Draghi, permanezca estos días atrincherado y sin comprar deuda periférica. El susto que debe de tener es mayúsculo si se pone a echar números. La compra de bonos griegos en los últimos dos años y medio se aproxima a los 40.000 millones de euros. Una cifra que puede apuntarse directamente como impago si Grecia decide irse del euro y establecer el dracma como moneda, ya que jamás devengará a sus acreedores, como hizo Argentina. Eso explica el llamamiento que hizo ayer para que Grecia siga en el euro. Pero nada sirve ya. Hubiera sido mejor vigilar al país para que no derrochara el dinero hasta colocarse en la situación límite por la que pasa en la actualidad. Ahora, no queda más que asumir las decisiones del pasado. La prensión alemana para que el BCE no adquiera títulos periféricos va a subir de tono en las próximas semanas. El riesgo es que España e Italia no aguante la prima de riesgo y tengan que solicitar directamente el rescate. Rajoy está decidido a oponerse a tal petición. Por ello aceptó la supervisión del BCE a la banca española y una subida del IVA. Todo, con tal de ver pronto al BCE adquiriendo títulos de deuda españoles.

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