La Cataluña postconsulta

La ruptura del bloque independentista catalán debería ser una buena noticia para la mayoría de los españoles. Pero de ahí a dar por concluido el desafío catalán aún resta mucho. La pregunta es ¿y ahora qué? La hoja de ruta del Gobierno es hacer cumplir la Ley al no permitir la consulta y después ofrecer a Mas la negociación de varias de las propuestas que le dejó el presidente de la Generalitat durante su última visita a Moncloa. Si Mas acepta negociar y consigue mayor autonomía fiscal o mayores competencias en asuntos educativos o jurídicos podría intentar salvar su pellejo ante el electorado y evitar la destrucción de CiU. Con el tiempo, se trataría de  volver a encauzar los ánimos. El problema es que la gran mayoría de los catalanes apoyan la consulta. El pacto con el Gobierno debería incluir un marco para el desarrollo de ésta, con una pregunta que no comprometa el futuro de la unidad nacional. En Quebec ya ocurrió algo similar, donde el Gobierno de Canadá pactó celebrar el referéndum, pero la victoria implicaba que más del 70 por ciento del electorado dijera que sí y no se daban garantías sobre el futuro de un país independiente. Obviamente, la mayoría votó en contra. Sin acuerdo, Mas en cualquier momento podría verse tentado de convocar una elecciones, en las que el bloque nacionalista arrase y complique el futuro.

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