Tecnología

El 60% de las empresas no encuentran informáticos por sus expectativas salariales

  • Los altos salarios en el extranjero impiden competir a las empresas españolas
  • Esto, unido a la posibilidad de teletrabajar, hace que sea más difícil retener talento
Foto: iStock

La tecnología avanza, y con ella también lo hace el mercado de trabajo y sus necesidades. Los trabajos tienden a la automatización, y así lo ve el 54% de la población española según el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, aunque también son conscientes de que esto supondrá una oportunidad laboral para otro tipo de perfiles.

Ya hoy en día, se puede decir que hay algunas profesiones más demandadas que otras, y así lo muestran los datos. En el sector de las TIC, los ocupados no ha parado de aumentar, y en 2022 hubo 71.934 nuevos contratos, el doble respecto al anterior récord, según el informe de Empleabilidad y talento de la Fundación Vass.

Si observamos por puestos, son varios estudios, como el de Tech Cities de Experis, o el de Proyección de Empleo de ManpowerGroup los que avalan que el sector IT es uno de los que mejores expectativas de generación de empleo tiene. En concreto, se estima que se necesitan más de 240.000 profesionales para el este sector, siendo algunas posiciones claves. Los desarrolladores de software son los más buscados: según la asociación DigitalEs (2022) había un déficit de 41.000 personas en dicho puesto, seguido de ciberseguridad (24.000). Otros, como la Fundación Telefónica, que toma su mapa de empleo de la información de Infojobs, Tecnoempleo.com y TicJob, también otorgaba el mayor número de ofertas a los desarrolladores de software (16.649).

Mejor pagados en el extranjero

En este contexto, se produce que sean los trabajadores de las TIC los que tengan "la sartén por el mango": es decir, aumenta su poder de negociación con el empresario, y por ende, sus exigencias. Dichas reclamaciones suelen venir principalmente en el salario, ya que informáticos y similares parten con ventaja: son pocas las personas cualificadas, se necesitan a muchos, y además, en España están generalmente peor pagados que en otros países de la UE o Estados Unidos.

Según datos que aporta el Informe de las mejores habilidades de TI 2022 de Devskiller, el sueldo medio de un programador que trabaje en Suiza es de 89.000 dólares; de 73.100 en Estados Unidos; 67.850 en Dinamarca; 62.080 en Noruega o 56.380 en Alemania. Mientras, en España, solo algunos profesionales con más de 6 años de experiencia y que trabajen en Madrid o Barcelona pueden acercarse a esas pretensiones, siendo hasta un 10% inferior en otras ciudades del país. Esto, sumado a que las empresas del sector TIC aportan teletrabajo en su mayoría (98,2% en España) hace que los informáticos nacionales no tengan ni que vivir en otro país para trabajar en una empresa extranjera.

La posibilidad de teletrabajar hace más complicado la retención de talento

Las expectativas salariales fueron el principal motivo para que el 60,1% de las empresas encontraran dificultades para contratar especialistas TIC. Hasta el 81,3% de este sector declararon en 2022 que los candidatos exigían salarios demasiado elevados para las capacidades de la empresa, un 11,7% más que el año anterior. Si lo englobamos a todas las empresas, independientemente del sector, la falta de solicitudes constituye la primera razón (66.8%), pero las expectativas salariales son el segundo motivo por poco (63,7%).

La necesidades laborales han provocado que las entidades educativas se adapten ante tal demanda. En tan solo 6 años, las titulaciones impartidas relacionadas con la informática han aumentado un 23% (datos del curso 2021-22), y los universitarios matriculados se han incrementado un 41,5% en este lapso de tiempo. A destacar el peso de las mujeres en este campo, ya que aunque siguen siendo una clara minoría (16,2%), sus matriculaciones han crecido un 79% respecto a un 36% en hombres. Pero a pesar del haber 5.000 plazas más que en 2015, sigue siendo insuficiente, ya que en el curso 2021-22, hubo casi 7.000 estudiantes que tuvieron que buscar otras salidas al quedarse sin plaza.

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