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Cristóbal Balenciaga, ese genio español que domó París

  • El Museo Thyssen ha inaugurado una exposición sobre Balenciaga
  • Está centrada en la influencia el arte español en las colecciones del modista
  • Una oportunidad para admirar la belleza de uno de los grandes de la alta costura
Cristóbal Balenciaga
Madrid

Cristóbal Balenciaga fue en su llegada a París en el verano de 1937 como Julio César: Veni, vidi, vici. Huía de la Guerra Civil, como otros muchos, pero conquistó al mundo con su primera colección de alta costura en agosto de ese año. Y lo hizo sin ayuda del azar: tenía 42 años, una vasta experiencia como modista y un bagaje artístico que puso en práctica. La exposición Balenciaga y la pintura española, hasta el 22 de septiembre en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, muestra cómo el artista comenzó a incluir lo español en sus colecciones a partir del momento que llega a la capital gala. "Hasta entonces él no había tenido la necesidad", explica a este medio Eloy Martínez de la Pera, comisario de la muestra.

El origen

Este despertar internacional guarda su esencia en el Cristóbal más joven. Miren Arzalluz, en su libro Cristóbal Balenciaga. La forja del Maestro (1895-1936), argumenta cómo la infancia y pubertad del artista fue determinante. Hijo de la costurera Martina Eizaguirre, el futuro diseñador acompañaba a su madre en su trabajo como modista a algunas de las casas más distinguidas de San Sebastián, lugar de veraneo de la reina María Cristina, aristócratas, políticos, artistas y comerciantes. Una élite de catálogo donde los marqueses de Casa Torres tuvieron un papel crucial en la vida de Doña Eizaguirre y su hijo. Porque, más allá de la relación laboral y posible mecenazgo, fue la relación con Casa Torres la que permitió a Balenciaga entrar en contacto con el arte de Velázquez, de Pantoja de la Cruz o Goya.

Un imaginario que aprendió por ósmosis durante su infancia y que supo aplicar con inteligencia en su primera época parisina, pues el arte español estaba de moda, a raíz del traslado de las obras del Museo del Prado a Ginebra o la presentación del Guernica de Picasso en la Exposición Internacional de París de 1937. Además, a finales de la década de los treinta la tendencia que dominaba París era el historicismo. "Los vestidos de noche se presentan a varias influencias, entre las que prevalecen el estilo Renacimiento y el estilo de finales del siglo XIX", escribió la publicación especializada L'Officiel sobre las colecciones del invierno de 1938.

La exposición

La exposición del Museo Thyssen Bornemisza es una oportunidad para admirar la belleza de los diseños del modista y comprobar, de manera cronológica, la alianza entre moda y diseño de su trabajo y la forma en que el diseñador reinterpretó y depuró los polisones, mangas abullonadas o voluminosos drapeados, propios de la moda decimonónica. Un trabajo de actualización en el que Balenciaga seguía una línea clara: huir de las versiones esteriotipadas de las estridencias y de los folclorismos. Y apostar por la sencillez y sobriedad.

En este recorrido por la exposición, guarda un espacio especial el negro de Balenciaga. Un color que fue reconocido por la crítica especializada, como la revista Harper's Bazaar que, en 1938, destacó: "Aquí el negro es tan negro que te golpea. Grueso negro español, casi aterciopelado, como una noche sin estrellas, que hace que el resto de los negros parezcan casi gris". Un negro que según Eloy Martínez de la Pera marcó la infancia de Cristóbal, por el luto que guardó su madre, y un color con el que España marcó tendencia en la Europa del siglo XVI.

También merece mención especial el vestido infanta, que se puede ver en la exposición y que presentó en 1939, donde Balenciaga se inspiró directamente en Velázquez para este diseño, una reinterpretación moderna de los trajes con los que el pintor retrató a la infanta Margarita de Austria.

Otro artista, más contemporáneo, que mantuvo la inspiración española en el trabajo de Balenciaga fue el pintor Ignacio Zuloaga Zabaleta. La mantilla, lo torero y el vestido de volantes que el artista de Éibar retrató en sus cuadros tuvo su especial impronta en las colecciones que Balenciaga presentó en los años 40, a pesar de que él no le gustaba el espectáculo taurino. De esta época, destaca por encima de todo las chaquetas de torero que presentó en la colección de invierno de 1946-1947.

Además, la obra de temática eclesiástica de Zuloaga encontró su reinterpretación en vestidos de noche y abrigos de los años sesenta con los que cautivó con su difícil juego de volúmenes. Una de las señas de identidad de Balenciaga en la que también influyó el japonismo, el quimono y la admiración de la diseñadora Madeleine Vionnet. El artista experimentó con técnicas de corte inspiradas y nuevas fórmulas y volúmenes que le alejaron de las encorsetadas modas de la época. Así, el volumen de los volantes flamencos de Zuluaga o la fluidez y curvatura de los quimonos influyeron a Balenciaga en la creación de nuevas siluetas  "que revolucionaron los cánones de belleza femenina establecidos", sentencia Miren Arzalluz. Un legado que el modista Lorenzo Caprile también reconoce como una de las aportaciones más importantes del modista de Getaria. Sobre todo, en una época, los años 50, donde Christian Dior, otro de los grandes, dominó la escena con su new look, que propuso una cintura de avispa, chaqueta entallada, pecho redondeado y amplias faldas sostenidas por un cancán.

El diseñador de Getaria creaba sin apenas cortes ni costuras vestidos de formas rectas o redondeadas, de aspecto casi escultórico. Una excelencia que fue admirada por colegas contemporáneos como Christian Dior, que lo consideró "el maestro de todos nosotros", o Coco Chanel, que lo calificó como "el único auténtico couturier".Y que trasladó a algunos de los diseñadores más importantes del siglo XX como Hubert de Givenchy, Óscar de la Renta o Paco Rabanne.

Cristóbal Balenciaga abandona la vida activa en 1968 para evitar aceptar las normas que estaba imponiendo el prêt-à-porter.Una decisión que toma a los 73 años, edad suficiente para retirarse en lo alto, anotan desde Cristóbal Balenciaga Museoa, el museo en honor al modista que está en Getaria.

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