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Carlos Amador: "Los alumnos nos gritan desde sus sillas: quiero saber para qué y porqué estoy aquí"

  • "En primer lugar somos un colegio católico con vocación de servicio"
  • "La tecnología es un hecho que no podemos ignorar si queremos educar"
  • "La escuela debe orientar al alumno para que se conozca mejor"
Madrid

El Colegio Santa María la Blanca cumple este año una década de vida de vida, una época en donde la institución ha afrontado retos educativos como la digitalización. Un equipo de este medio entrevista a Carlos Amador, director del colegio, para conocer de primera mano como han ido estos 10 años de Santa María la Blanca y cuales son los retos para la próxima década.

¿Cómo valora estos 10 años de actividad del colegio?

En estos 10 años del colegio he sido testigo de cómo se ha ido construyendo una verdadera comunidad de aprendizaje formada por padres, profesores y alumnos. Somos un centro con 2.400 alumnos y sus familias y más de 200 profesionales, entre docentes y personal de administración y de servicios, pero cuándo caminas por nuestras instalaciones, sientes que estás en un espacio seguro y estimulante en el que todos aprendemos de todos. En Santa María la Blanca compartimos un reto, una educación de calidad y equidad para alumnos del S XXI. El colegio Santa María la Blanca y la Fundación Iruaritz Lezama, que nos apoya, tiene una misión, colaborar en la transformación de los sistemas educativos desde la experiencia concreta que estamos viviendo. Queremos y estamos construyendo un modelo educativo que sea sostenible y escalable. Un modelo educativo transformador. Nos queda mucho camino que hacer, pero indudablemente estoy muy orgulloso del camino hecho, sobre todo por el esfuerzo y el cariño, por el compromiso y la profesionalidad, de todo el equipo.

¿Cuáles son los principios que impulsa este colegio?

Santa María la Blanca es un colegio movido por seis líneas estratégicas que le animan y le dan sentido a todo su quehacer. Las seis líneas se complementan para permitir a cada alumno construir su itinerario personal de aprendizaje, encontrando cada uno de ellos un significado personal a lo que viven en el centro. En primer lugar somos un colegio católico con vocación de servicio y una visión trascendente de la persona. La inclusión es otro de nuestros pilares, el proyecto educativo de Santa María la Blanca quiere romper las barreras de participación para todos los alumnos, conocedores de que cada alumno es original y digno de respeto y de desarrollo personal. Tenemos también un fuerte compromiso con la acción social para desarrollar en nuestros alumnos el espíritu y las competencias para ser ciudadanos sensibles a otras realidades, activos, responsables y por tanto agentes de cambio para una sociedad mejor. Somos además un colegio bilingüe en el que los idiomas forman parte, y parte importante de nuestra cultura de centro, constituyéndose como instrumentos de comunicación y vehículos de cultura. Junto con esto somos un colegio que da mucha importancia al tiempo libre y al desarrollo de competencias en otras disciplinas distintas a las académicas (artes, idiomas, danza,deportes...) que enriquezcan el currriculum de los alumnos. Apostamos por itinerarios académicos y de ocio que desarrollen todas las inteligencias de nuestros alumnos. Y por último el colegio Santa María la Blanca es un referente en innovación, a través de un sistema pedagógico propio, que llamamos Sistema EBI, y que está basado en pedagogías para la personalización de la enseñanza. Este sistema está definido por dos criterios y cuatro principios relacionados con la planificación centrada en el alumno, las relaciones significativas en los procesos de enseñanza y aprendizaje, el fortalecimiento del docente y la transformación curricular. Nuestro lema es la educación es innovación.

¿Además de en conocimiento, un colegio también debe educar en valores?

Por supuesto, nuestro colegio además de poner el foco en el desarrollo de competencias en nuestros alumnos para la gestión del conocimiento, quiere ser un referente en la vivencia de los valores que hacen crecer a los alumnos como personas y ciudadanos del mundo que les ha tocado vivir. El impacto social de la revolución digital necesita del desarrollo de un código personal de valores que fomente el espíritu crítico pero constructivo de los niños y jóvenes.

¿Qué cambios educativos han sido los más importantes de esta última década?

Sin pretender ser muy exhaustivo acerca de los numerosos cambios acaecidos en estos últimos diez años, podía decir que hemos sido testigos de la revolución digital que ha impactado en la ecología del aprendizaje, igual que en otras realidades humanas (economía, sanidad, transporte). A estos cambios no ha sido ajena la educación: los papeles del alumno y del profesor ya no son los mismos. Esta realidad digital que estructura a la sociedad de la información y del conocimiento es posiblemente el sustrato de diversos retos a los que nos enfrentamos los colegios, el mayor de ellos, la necesidad de reinventar un sentido para la escuela.

Los alumnos nos gritan desde sus sillas: quiero saber para qué y porqué estoy aquí. ayúdame a descubrir qué sentido tiene para mi este curriculum y las actividades y experiencias que me propones. Pues de una manera más o menos consciente, saben que la escuela ya no es el espacio y el tiempo exclusivo de aprendizaje.

La escuela hoy más que nunca debe orientar al alumno para que se conozca mejor, conozca el mundo que le rodea y pueda identificar su propio proyecto dentro de él. Un mundo VUCA necesita de niños y jóvenes con capacidad de establecerse metas en un entorno cambiante, ágiles y flexibles para estar en constante evolución y con valores que les guíen en la ambigüedad. ¿Qué debemos hacer las escuelas para ello?. Esta es la pregunta clave.

¿Qué papel juega ahora el uso de la tecnología en la enseñanza?

La tecnología es una realidad que no podemos ignorar si queremos educar ciudadanos del S XXI, pero ello conlleva necesariamente de un curriculum que desarrolle unas competencias digitales, que para nosotros como centro se refieren principalmente a una alfabetización digital y al buen uso de esas tecnologías. Saber usar las TIC y saber usarlas para bien. Pero en este reto de incorporar las tecnologías al aula, no debemos olvidar que es una herramienta facilitadora y no solo un fin en sí mismo. Toda tecnología debe estar al servicio de la pedagogía, esto es, la tecnología debe ser humanizadora.

¿Cómo afronta la escuela el uso de móviles, tabletas o redes sociales por parte del alumnado?

En primer lugar tenemos un sistema pedagógico propio, el sistema EBI, que tiene unos principios y unos criterios fundamentales. Toda herramienta, metodología o recurso, debe ser un facilitador de esos criterios y esos principios. Es nuestra manera de garantizar que la tecnología está al servicio de la pedagogía. Además estamos desarrollando un curriuclum para la competencia digital, que por ejemplo siente las bases de cómo desarrollar prerequisitos digitales antes de incorporar los dispositivos en las aulas. Y por otro lado utilizamos las TIC como vehículo de trabajo colaborativo y como herramienta para el aprendizaje autónomo de los alumnos y para la construcción de sus itinerarios personales de aprendizaje. En ese sentido tenemos en desarrollo un proyecto de Big Data Learning muy interesante para poder comprender y ayudar a comprenderse mejor en cuanto a la forma en que cada uno de nuestros alumnos aprende.

¿Qué papel debe jugar el deporte, la música o las disciplinas artísticas en la enseñanza de un niño?

El deporte, la música y las disciplinas artísticas deben recuperar el espacio que le pertenecen como potenciadoras del desarrollo de la creatividad y de la singularidad de los alumnos. Nuestra propuesta es doble. Por un lado incorporar esas disciplina a través de la infusión en el currículum de las diversas inteligencias del ser humano. ¿por qué no aprender matemáticas a través del arte o del deporte?. Y por otro ofertar multitud de actividades y experiencias extracurriculares relacionadas con estas disciplinas. Estructuradas además en dos posibles itinerarios: una opción más relacionada con el desarrollo de habilidades, actitudes e intereses en diferentes áreas y otra con la consecución de certificaciones o el desarrollo de experiencias más competitivas para aquellos alumnos que quieren desarrollar su máximo potencial en algún área.

¿Qué retos se pone usted o el colegio para los próximos 10 años?

Aunque son muchos nuestros retos, pues el inconformismo está en nuestro ADN, te señalaría tres. En primer lugar consolidar el sistema EBI y el proyecto educativo, haciendo especial hincapié en una evaluación y medición de nuestro impacto, pero desde una perspectiva global e integradora, no solo con una visión resultadista. Otro reto clave es acompañar a las familias ayudándoles a educar de forma personalizada a cada uno de sus hijos, nuestros alumnos y construyendo un espacio de colaboración razonable en el colegio. Y por último estamos trabajando en un diseño de itinerario profesional docente que nos permita describir las competencias de un docente EBI para poder evaluar el desempeño docente y proponer planes de mejora y formación a los profesores también de forma personalizada dando respuesta a sus inquietudes, habilidades y área de mejora.

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