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La medicina estética se mira en el espejo de la naturalidad

  • Las caras estiradas y 'sin arrugas' han dejado de trabajarse
  • La nueva tendencia es la autoregeneración y prevención
  • El intrusismo y las grandes cadenas son graves problemas del sector
Madrid

Que cada día la imagen importe más no es una simple frase hecha. Pese a las controversias que este tema despierta en términos de superficialidad o sexismo, los datos demuestran que cada vez más, tanto hombres como mujeres, toman medidas para que el paso de los años no sea un problema. Según un estudio facilitado por SEME, la Sociedad Española de Medicina Estética, en 2017 el 30,5 por ciento de la población había utilizado alguna vez los servicios de la medicina estética, lo que representa un crecimiento en 4 años de 8 puntos porcentuales, frente al 22,8 por ciento de 2012.

"No te haces una idea de lo feliz que hago a la gente. La medicina, según la definición de la ONS, es bienestar psíquico, físico y social, y yo hago muchas veces más por la salud de la gente que otras especialidades, por la sencilla razón de que cuando uno se encuentra bien consigo mismo, está más seguro y feliz", apostilla Ruth García Moro, médico especializada en estética y nutrición y directora de medicina regenerativa, facial y corporal de Neolife.

La doctora es la creadora de varias técnicas de rejuvenecimiento facial basadas en la autoregeneración –como la ET, MLR y 5R–, todas ellas, con gran repercusión internacional. A lo largo de sus 20 años de trayectoria profesional, ha dedicado todos sus esfuerzos a investigar sobre técnicas, productos y tratamientos combinados que consigan ofrecer un aspecto natural y saludable a través de la regeneración y la prevención.

Hoy, podemos confirmar que el cambio de tendencia que ha experimentado el sector de la medicina estética le da la razón a la línea de trabajo de García Moro. Las caras inexpresivas y antinaturales han dejado de verse para hacerle un hueco a la naturalidad: cuanto menos evidente sea el tratamiento, mejor. A este respecto, la doctora detalla que "durante muchos años, las técnicas eran más complejas, más agresivas y no se disponía de los materiales que tenemos ahora. Tengo muchos pacientes que hace algunos años se ponían silicona, un material baratísimo al igual que otros productos permanentes, de los que estoy súper en contra. Uno de los grandes defectos que tenía la medicina estética era el "no quiero arrugas", y había pieles que parecía que se iban a romper. Era totalmente anacrónico", determina la experta. Así, aclara que la cara siempre sigue envejeciendo, por lo tanto, los materiales permanentes no pueden conseguir buenos resultados porque no se adaptan a los cambios naturales de la piel. Para la doctora, lo ideal es tratar la dermis a través de la autoregeneración de los tejidos, "porque hay que cuidarlo desde dentro y teniendo en cuenta que envejecer es inevitable". Justo por este cuidado integral, explica, coincide totalmente con la línea de trabajo de la clínica antiagning madrileña de la que ahora forma parte.

'Lo barato sale caro'

La mala fama que se ha labrado alrededor del mundo de la estética no es casualidad, pues numerosos casos han dado de qué hablar incluso en las más altas esferas. Aquí, la doctora matiza que el sector de la medicina estética sufre un gran intrusismo, "hasta en peluquerías y gente que no tiene ni la licenciatura". "Las personas muchas veces se dejan guiar por lo barato. Para que un profesional tenga una capacitación y formación continuada, cuesta mucho dinero". Además, la medicina estética, a diferencia del resto de ramas medicinales, cuenta con un 21 por ciento de IVA.

Asimismo, la experta explica el problema de que una persona sea diagnosticada a manos de un comercial y no de un médico, como pasa a menudo en las grandes cadenas de estética: "Una persona llega a una de estas clínicas y le atiende un comercial, alguien que está entrenado para venderte todo lo que le dé la gana. Luego, cuando el paciente pasa con el médico, éste se da cuenta de que le han vendido cosas que es imposible o contraproducente hacer". En este punto, añade que "en los últimos 10 años, las multinacionales y fondos de inversión han visto un filón en la medicina estética, se han dedicado a hacer un negocio y lo que les interesa son los beneficios. Por lo tanto, cuando un profesional trabaja para ellos, debe poner su ética por delante".

Para lucharlo, desde SEME, sociedad de la que forma parte, trabajan a través de diferentes campañas para que las personas sean conscientes de sus derechos y no se cometan ilegalidades.

Finalmente, con un tono mucho más distendido, la doctora esclarece que este sector hace mucho que dejó de ser un territorio de mujeres. "Los hombres también quieren estar jóvenes y bien". Sin embargo, pese a que cada vez son más los que confían en estos tratamientos, todavía sigue siendo un tema tabú para ellos y ellas: "no lo saben ni en su casa".

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