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María Dueñas: "Quienes tienen un criterio simplista ante la literatura, lo arrastran también a su vida"

Arranca la 77 edición de la Feria del Libro de Madrid y la literatura está latente en cada rincón. Una vez más, el Parque del Retiro es el lugar escogido para la celebración y un total de 363 casetas vestirán sus calles hasta el próximo 10 de junio. Entre tantos, el nombre de María Dueñas no podía faltar. Y es que, la autora del best seller El tiempo entre costuras (2009) ha consolidado desde sus inicios un sello propio en el sector. Una seña que perdura en cada una de sus creaciones y la mantiene en lo más alto. Este año, Dueñas sorprende con su último trabajo, Las hijas del Capitán. Una novela que profundiza en la entrañas de la época de emigración de las colonias españolas a la ciudad de Nueva York en los años 30. Concretamente, la historia de tres hermanas que luchan encarecidamente para sacar adelante un negocio familiar.

En su obra contempla temas tan actuales como la emigración, la mujer trabajadora, la fuerza del ser humano para salir hacia delante... ¿Cómo surge la idea?

Estaba interesada en explorar las aventuras y desventuras de la emigración desde el punto de vista de las mujeres; normalmente eran los hombres los que primero daban el paso, pero ellas también participaron en aquellos movimientos migratorios, a veces reclamadas por sus padres, maridos o novios para lograr la reunificación familiar, y a veces lanzándose por sí mismas. Quería adentrarme en su devenir, sus sentimientos, sus reacciones, sus emociones… A partir de ahí arranca todo lo demás.

Anteriormente, no se había hablado mucho sobre la emigración de gran parte de los españoles a Nueva York. ¿Por qué se decanta por contar esta historia?

Por ese desconocimiento, precisamente. Nueva York era en aquellas primeras décadas del XX una ciudad que seguía en pleno crecimiento y ofrecía la posibilidad de prosperar a cambio del esfuerzo y la tenacidad de los que llegaban de otras partes del mundo. La mano de obra española, junto a la de otras comunidades de inmigrantes, contribuyó a levantar rascacielos y cavar túneles, a descargar barcos... La colonia española se estableció en zonas muy concretas, como la calle 14 entre la Séptima y la Octava avenida. Abrieron numerosos negocios y se agruparon en sociedades de ayuda y beneficencia. Todas ellas funcionaban como organismos aglutinantes en los buenos y los malos momentos; lo mismo organizaban festejos y verbenas que ofrecían asistencia médica. La aventura de aquellas gentes es épica, y creo que necesitaban un reconocimiento.

¿Cree que la situación de la que habla en su libro se diferencia del contexto político actual?

Gran parte de las diferencias no radican del todo en las leyes y los mandatarios, sino también en los tiempos que vivimos. Aún así, es triste ver que un país que históricamente ha acogido a millones de inmigrantes pretende no sólo cerrar ahora puertas, sino incluso echar a los que están asentados. Para los años 30 ya había restricciones de entrada, cuotas que se imponían en función de los países de procedencia, pero aún así resultaba difícil anticipar el despropósito que el país vive hoy día.

Con la fuga de jóvenes que hemos vivido en España con la reciente crisis -y que aún no vuelven, a pesar de las voces que aseguran que las penurias han pasado-, ¿cómo ha sido esa inmersión en los años 30 para hablar de la emigración? ¿Puede afirmarse que existen patrones que se repiten?

No creo que aquella emigración de las primeras décadas del XX tenga paralelismo con nuestros jóvenes de hoy día, que salen de España académicamente bien formados, con un móvil y un portátil, sabiendo inglés y con montones de vuelos a su alcance para volver a casa en cuestión de horas si surge algo indeseable. Aquella gente abandonaba un país atrasado donde había enormes carencias y desigualdades, marchaba con tres perras mal contadas y un hatillo de ropa o una mísera maleta, a menudo no tenían una idea clara de a dónde iban y casi nunca eran capaces de anticipar si en algún momento lograrían volver. Asumían los empleos más duros e indeseables, trabajaban de sol a sol, vivían muy modestamente, ayudaban a los suyos mandando dinero a casa tan pronto lograban ganar algo. Con quien sí percibo cierta similitud es con los inmigrantes que hemos recibido en España en las últimas décadas, gente que en su mayoría convive entre nosotros buscando tan sólo un futuro mejor y no siempre es aceptada de la mejor manera.

¿Qué relación hay entre sus tres protagonistas (Victoria, Mona y Luz) con las mujeres del siglo XXI?

Pocas y muchas a la vez. Ellas son unas jóvenes de hace casi un siglo, sus problemas, ambiciones y perspectivas vitales eran muy distintas, pero algo hay que es común más allá de los tiempos: la resistencia ante los embates, la tenacidad y el coraje para salir adelante… Cada una a su manera, las tres hermanas protagonistas resultan enormemente cautivadoras. Las conoceremos siendo unas veinteañeras impulsivas, tormentosas y despreocupadas y las despediremos convertidas en unas jóvenes mujeres valientes y entrañables, al mando de su propio destino.

¿Qué les diría a aquellas personas que dicen que escribe 'para mujeres'?

Que se quiten de encima ese prejuicio. Así se harían un gran favor a sí mismos no sólo por permitirse acceder a mis libros con una mirada menos sesgada, sino porque quienes tienen ese tipo de criterio tan arbitrario y simplista con respecto a las mujeres y la literatura, seguramente lo arrastran también en otras facetas de su vida personal.

¿Hay sexismo en la literatura?

En absoluto percibo un sexismo asfixiante en mi entorno pero, como en casi todos los sectores, debajo del gran paraguas hay muchas esferas e individualidades donde sí pueden encontrarse algunas posiciones, actitudes y voces que no acaban de ser del todo igualitarias.

Está presente en la Feria del Libro de Madrid, ¿cómo cree que está el sector librero en España? ¿Está pasando un buen momento?

La crisis azotó con fuerza, fueron muchas las librerías independientes que se vieron obligadas a cerrar en los últimos años, las editoriales tuvieron que ajustar sus cuentas y reducir tiradas… Con todo, parece que se percibe que el sector remonta, aunque sin alcanzar las cifras de hace años y temiendo que aquellos buenos tiempos no vuelvan del todo.

¿Qué espera de esta Feria?

Que vuelva a ser lo mismo que todos los años, un espacio vivo lleno de libreros apasionados, autores afanosos y lectores con ganas de pasear, curiosear, decidir, comprar, conseguir una firma o disfrutar del mero placer de encontrarse entre libros.

Respecto al reparto de beneficios del sector editorial, el autor recibe una mínima parte del PVP del libro. ¿Cree que es equitativo/justo que el creador de la obra reciba esta parte?

Yo no puedo quejarme porque mis ventas son muy altas, y porque además conozco de primera mano el esfuerzo económico y humano que mi editorial hace para sacar mis libros al mercado. Entre que mi texto sale de mi ordenador y llega a los lectores, se pone en marcha una larga y laboriosa cadena de participantes: editoras, correctoras, equipo de diseño, de producción, de marketing, de prensa, impresores, red comercial, repartidores, libreros y dependientes de puntos de venta… Todo eso genera gastos cuantiosos, sin olvidar que las editoriales, las librerías y los establecimientos comerciales son empresas que lógicamente persiguen beneficios. Dicho lo cual, también es cierto que siempre hay casos muy distintos, y que para algunos autores ese porcentaje quizá sea demasiado ajustado.

¿Qué es María Dueñas cuando se aparta de la faceta de escritora?

Una mujer de su tiempo, con sus luces y sus sombras, con las mismas certezas y seguramente las mismas incertidumbres de cualquier persona que acumula unas cuantas décadas de vida a las espaldas.

¿Tiene ya incubado el tema de su próxima novela?

Tan sólo unas cuantas ideas que van fluyendo con los días, algunos brochazos que no sé si con el tiempo acabarán culminando en algo sólido o serán sustituidos por algún otro proyecto que surja más adelante.

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