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La medina de Sfax, la ciudad que hay que visitar en Túnez

Sfax es la segunda ciudad más grande de Túnez si se tienen en cuenta su densidad de población y su capacidad económica. Desplazarse hasta este centro neurálgico del país promete al visitante un universo de contrastes, en el que la ciudad moderna entra en completa consonancia con la tradición más colorida y austera. Su gran medina amurallada preside la ciudad y transporta a sus visitantes a otra época en un abrir y cerrar de ojos.

Lejos de ser un lugar turístico, la medina de Sfax sigue apostando por la tradición. Aquí no ocurre como en otras medinas importantes de Túnez, en las que los zocos están plagados de opciones para el turista. En Sfax pasa todo lo contrario, la medina está pensada para los tunecinos, quienes atraviesan sus murallas constantemente para hacer sus compras del día a día.

La medina de Sfax se esconde en el interior de un barrio amurallado capaz de transportar al visitante a otra época. Sus murallas tienen un total de 2 kilómetros de longitud y esconden uno de los secretos mejor guardados de la ciudad. Los habitantes de Sfax se afanan en lograr que la UNESCO declare a esta medina, perfectamente conservada, patrimonio de la humanidad, con el objetivo de impedir que el pequeño barrio pierda toda su esencia.

En el interior de la medina de Sfax

En la muralla es posible observar grandes torres y bastiones que protegen a la medina manteniendo una esencia única. Solo con acceder a través de la entrada monumental, conocida como Bad Diwan, es posible trasladarse a una época diferente, en la que la artesanía y el comercio local reinan por encima de todo.

Sus estrechas calles son pequeños zocos, cada uno de ellos dedicado a la venta de un tipo de producto. Se pueden visitar los zocos de las especias, perfumes, joyas, marroquinería, etc. Sin duda es una de esas zonas comerciales antiguas que nadie se imagina que va a encontrar en una ciudad tan moderna como es Sfax.

Justo en el centro de la medina se ubica la Gran Mezquita de Sfax, que data del siglo IX. Alrededor de la mezquita, los transeúntes pueden degustar cualquier plato tradicional tunecino en alguno de los infinitos puestos de comida que hay en este entorno.

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