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La otra cara de la guerra: uno de los cafés más especiales de Madrid

Pavlo y Ruslan Kosarevych (al fondo) Imagen: Facebook Waycup

Ruslan Kosarevych, de 28 años, es un joven de origen ucraniano que ha nacido con sangre emprendedora. Aspirante a modelo, intento de cineasta, cuasicreador de aplicaciones móviles, universitario frustrado… muchas cosas pero ninguna rentable o con éxito. Sin embargo, su suerte cambia cuando recibe una carta del Gobierno de Ucrania asegurando que tiene que alistarse al ejército y defender a su país rifle en mano contra los rusos: "Me amenazaron con cárcel o guerra, entonces me vine a Madrid y pedí asilo. Tengo amigos que murieron allí", confiesa Ruslan a Evasión. El cambio fue para bien y el éxito empresarial llegó. Waycup, la cafetería que fundó junto a su hermano pequeño Pavlo -de 23 años- hace cuatro meses en el barrio de Salamanca, sirve según dicen el mejor café de Madrid (y ya están pensando en abrir el siguiente).

Aunque cosmopolita y con filosofía sin fronteras, a Ruslan le costó dejar Ucrania. Sus padres, junto a su hermano pequeño, fueron los primeros en venir a España para buscar un futuro mejor que pudiera costear la universidad y la habitación en alquiler de Ruslan en Kiev, "dos salarios de mis padres era el precio de alquilar una habitación en Kiev", explica. Una vez la capital ucraniana, además de pasarse de vez en cuando por la facultad de Economía, comenzó a emprender cualquier negocio que se le ocurría y a leer cualquier libro sobre cómo crear una empresa que caía en sus manos: "He comenzado una docena de proyectos, he probado mucho, he perdido dinero y tengo muchas experiencias negativas", relata. Sin embargo, la guerra que comenzó en el este del país en 2014 lo cambió todo: "Fue el conflicto lo que me sirvió para decirme por dejar Ucrania. Me llamaron a filas", sentencia.

A España entró como refugiado y vino acompañado de su esposa e hijo recién nacido, pero su adaptación fue muy rápida gracias a que ya estaban sus padres y su hermano pequeño, estudiante de Derecho y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Carlos III de Madrid. Quizá por ello, su pasión emprendedora volvió a las andadas y junto a su hermano se adentraron en el mundo del café: "En Kiev estaba creciendo mucho el tema de café para llevar, pero cafés muy bien elaborados. Entonces empezamos a comenzar a entrar en este mundo, además nuestros padres toman mucho café", explica Pavlo.

A pesar de las cautelas iniciales de sus padres, Ruslan y Pavlo comienzan su camino empresarial con un pequeño kiosco de café para llevar, una especie de versión beta de lo que finalmente sería Waycup. Pavlo cuenta que sus conocimientos aprendidos en la universidad le sirvieron para dar los primeros pasos en el complejo terreno de los autónomos. Ambos hermanos apuntan que fue complicado porque tenían que cumplir muchos requisitos y papeleo, sin embargo asumen que en España todo está más controlado que en su país. "En Ucrania lo puedes hacer de mala manera y si vas facturando te das de alta. Sin embargo, allí la Sanidad no es buena, solo si pagas te atiendes, hay mucha corrupción", explica Pavlo.

La esencia de Waycup es apostar por los llamados Specialty Coffee. Lo decidieron tras realizar varias catas de cafés en las que se dieron cuenta que esta denominación "es mucho mejor que el café comercial, hay un mundo muy diferente". Specialty Coffee es un tipo de café que ha sido cultivado y recogido de manera natural, que tiene un tueste personalizado y que tiene una exhaustiva trazabilidad desde el origen. Se trata de una nueva tendencia muy extendida en países de Centroeuropa o en Australia y que llegó a España, a través de Madrid y Barcelona, hace relativamente poco. Toma Café, en Malasaña (Madrid), fue una de las primeras cafeterías en apostar por este tipo de café y que abrió hace unos cinco años.

El café de Waycup, que proviene de Etiopia, Colombia, Honduras, San José, Armenia o México, sabe totalmente diferente al que pueda servir cualquier cafetería normal o al que se pueda preparar en casa. De hecho, el nombre de Waycup, una mezcla de 'para llevar' (take away) y despiértate (wake up), busca despertar a los consumidores "del café malo: el café no es lo que te han dicho que es", sentencia Pavlo. Tomar un café en Waycup es una nueva sensación que comprueba todo cliente que pase por este establecimiento de la calle Juan Bravo: "A la gente le gusta mucho, tenemos buenas opiniones. Cuando la persona se da cuenta del tipo de café que servimos, vuelve. Además, siempre aconsejamos probarlo porque habitualmente necesita menos azúcar que los cafés comerciales".

El objetivo de estos hermanos, además de dar buen café y unas deliciosas cookies, es crear una auténtica comunidad de amantes de esta bebida. Pretenden hacer cursos, catas, guías y en un futuro tostar y vender su propio café. En este sentido, los hermanos Kosarevych han compartido algunos consejos sobre cómo preparar un delicioso café en cafetera italiana: uno de los principales errores es llenar el cacillo a tope y cerrarlo a presión. El truco está en la proporción de agua y café que debe ser de seis gramos por cada 100ml de agua. También recomiendan precalentar el agua, sacar del fuego cuando empiece a burbujear, remover y pasar a otro recipiente para que no se haga más. Y como en todo, "la limpieza del aparato es muy importante", sentencian.

El abogado que lo dejó todo para fabricar zapatos (y los vende por 7.000 euros)

Decidir el futuro profesional a los 18 años no siempre es buena idea, más cuando la creatividad es el anhelo. Fue el caso de Norman Vilalta, que a esa edad dejó su ciudad natal Puerto Madryn, Argentina, para viajar a Buenos Aires y estudiar Derecho. La carrera la terminó y el trabajo en el bufete llegó, pero 12 años después lo dejó todo para embarcarse en el arte de los zapatos. Actualmente, Norman está al frente de su propio atelier de zapatos a medida en Barcelona fabricando modelos que alcanzan los 7.000 euros. Y no se arrepiente de nada: "Soy muy feliz".

El ejecutivo que 'abandonó' a Amancio Ortega llega a Madrid con su cadena de restaurantes

Decir adiós a Amancio Ortega y al grupo Inditex merece como mínimo un ejercicio de reflexión previo, más si la persona que se despide tenía un puesto de responsabilidad en la organización y un buen salario. Pero Martín Presumido, exdirector comercial de Zara Man para todo el hemisferio sur del grupo Inditex, lo hizo y la cosa parece que le ha ido bien. El primer restaurante de pizzas gourmet que abrió en 2013 en A Coruña, Mamá Chicó, se ha transformado en una exitosa cadena de establecimientos que ha dado el salto a la capital madrileña.

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