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La isla tercera

Iglesia de la Beneficencia en Angra. Imagen: Ignacio Vasallo

La oda al Marqués de Santa Cruz es una de las pocas menciones a esta Isla en la literatura española. Recuerda la batalla naval de 1.581.

Aún quedan lugares en el mundo que no han sido invadidos por el turismo de masas, y alguno de estos merece ser visitado aunque solo sea por la belleza del nombre. Este es el caso de la Isla Tercera, en las Azores y de su capital Angra do Heroísmo. Parece que fue la tercera del archipiélago en ser descubierta, hacia 1.426 ,por los marinos portugueses que no sabemos a dónde se dirigían. Estaba deshabitada por lo que no hubo necesidad de conquista. Lo de heroica viene de las guerras civiles entre absolutistas y liberales, o más bien entre Pedro IV y su hermano Miguel, a finales de los años veinte del siglo XIX.

Tercera fue española entre 1.584 y 1.640, como consecuencia del acceso al trono portugués de Felipe II, allí llamado Felipe I. Los españoles construyeron una de las mayores fortalezas del Imperio, el fuerte de San Felipe, actualmente de San Juan Bautista que se alza en la bocana del puerto de Angra.

Es una de las tres islas que conforman el núcleo central y la segunda en población, con 56.000 habitantes de un total de 250.000 en el conjunto de las Azores. Alejada de los dos continentes- 1.600 kilómetros a Lisboa y 3.500 a Terranova- era el lugar ideal para el contubernio de Lajes, base aérea americana y aeropuerto civil, el 20 de marzo de 2003, en el que el trío de las Azores nos mintió , mirándonos a los ojos, sobre las inexistentes armas de destrucción masiva.

Angra es patrimonio de la Humanidad desde 1.983, tres años antes del terremoto que la dejo maltrecha. La reconstrucción ha sido perfecta,, gracias en gran medida a las ayudas de la UE, que han servido incluso para edificar un hotel de cinco estrellas de nada menos que 260 habitaciones, construido en 2011, pero que solo tiene en funcionamiento la mitad de ellas. Otros cuatro hoteles componen la oferta hotelera de Tercera, así que tranquilidad asegurada.

Ni un solo edificio de más de tres plantas. La calle central, A Rua Direita une el puerto con la casa del Gobernador y mantiene su autenticidad. Al comienzo el curioso hospital de la Beneficencia, reconvertido en iglesia, con una gran fachada azul nos recuerda a Salvador de Bahia. La plaza del Ayuntamiento, o Plaza Vieja es el lugar ideal para un aperitivo. Al lado las dos atracciones del lugar: el Jardín de los Duques de Tercera, un modelo de lo que debe ser un jardín de una pequeña ciudad y el muy digno Museo dedicado a la historia del lugar.

La compañía aérea local SATA ofrece un vuelo semanal entre Madrid y Lajes . Los residentes en otros lugares de Europa tienen que buscarse la vida, pernoctando en la capital portuguesa, por lo que muy pocos se deciden a dar el salto. El segmento al que se dirige la oferta es pequeño: turismo activo: senderismo, buceo, cicloturismo y similares, y no atiende a la gran demanda de sol y playa, que su clima, aunque suave, no permite satisfacer. Tercera tiene la única playa del archipiélago, la Playa de la Victoria.

La falta de especulación ha permitido conservar la belleza tranquila del lugar. Muy verde, como corresponde a la tranquila lluvia que cae entre octubre y mayo; es un paraíso para las vacas- hay tres por habitante- que pastan en prados rodeados de muros de piedras, con una sola salida, para obligarlas a terminar con la hierba de un prado antes de pasar al siguiente. Parece que en tiempos de la conquista eran pequeñas y por lo tanto ideales para ser embarcadas en las minúsculas carabelas.

Lo que más sorprende a los españoles y a mí me produce envidia, es la limpieza de toda la Isla; ni papeles en el suelo, ni plásticos en las cunetas. Todo en perfecto estado de revista, incluso cuando se visita uno de los principales atractivos: el Algar do Carvao, volcán inactivo que permite un descenso de unos noventa metros por el cráter. Con esa humedad, suavidad del clima y adecuada aportación de luz crecen hermosas las hortensias que adornan desde carretera a patios.

La escasez de turismo permite que los precios de restaurantes y bares sean muy contenidos, recordándonos a la España de provincias antes del euro.

La gastronomía no es uno de puntos fuertes de la visita, aunque los nativos se muestran orgullosos de sus especialidades. Los pescados, especialmente el pez espada, el atún y el chicharro son los más clásicos, pero no abundan en los restaurantes. Las clacas, moluscos cónicos, que se adhieren a la roca y tienen una carne suave , parecida en sus textura a la de percebe y de mayor calidad que las lapas, que también se consumen, son lo más típico del lugar . Pero los locales, que suelen comenzar sus comidas con un caldo verde, similar al gallego pero sin unto, prefieren la carne especialmente el plato más local, la alcatra, guiso de ternera col y panceta.

El vino blanco 'de cheiro' ligero y afrutado es el más consumido. Y para terminar, alguno de los abundantes quesos locales.

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