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Sea infiel o corrupto en los salones privados del Laperouse

La Casa Lapérouse, nacida en 1766, tiene su propio lugar en la historia de la ciudad de París gracias a su excelente cocina, a la calidad de sus bodegas, a sus ilustres clientes como Victor Hugo y... a sus salones privados.

Nacida poco antes de la revolución francesa, Lapérouse ha sido testigo en sus propias 'carnes' de las transformaciones que vivió París (1852-1870) durante el Segundo Imperio de Napoleón III -acompañado del barón Haussmann- y que dieron a la ciudad la fisionomía que hoy goza.

Los primeros años de Lapérouse se caracterizaron por su convivencia con la alta criminalidad del París de aquella época. Este restaurante se convirtió en el lugar donde empresarios y contrabandistas hacían sus transacciones en un lugar seguro. 

En el año 1850, al igual que París, comienza el máximo esplendor del restaurante. Sus salones discretos y su gastronomía exquisita en manos del chef Auguste Escoffier convirtieron a este restaurante en punto de encuentro de políticos, instancias del poder y las clases adineradas.

Nuevamente, en esta época los salones privados del restaurante fueron el lugar favorito donde los hombres de negocios eran infieles con las conocidas como 'cocottes' o mujeres de vida alegre. Como prueba están los espejos rayados de estos salones, rayas que se convertían en la prueba fehaciente de que el diamante regalado por el infiel era bueno.

El mundo de la literatura y de la creación también sucumbió a los encantos del Lapérouse. El lugar era frecuentado por personalidades y escritores como Zola, Guy de Maupassant, Alexandre Dumas, Victor Hugo, Flaubert.

Por fortuna, este restaurante mantiene la decoración propia de la época en la que nació. Pasar por el Lapérouse del siglo XXI significa transportarse al mismo siglo XVIII, el siglo donde París comenzó a ser lo que hoy es.

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