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Un whisky escocés con alma francesa así es Glenfiddich Grand Cru

  • Envejecido durante 23 años y terminado en barricas que previamente han contenido vino espumoso francés, Grand Cru aúna innovación y lujo en una misma botella
  • Atrevido, único, vibrante y lleno de matices, este whisky es perfecto para brindar en estas fechas tan especiales
Madrid

La Navidad es una época llena de magia. Ningún otro momento del año es comparable con estas fechas en las que familia y amigos se reúnen en torno a la mesa. Un momento único para disfrutar con aquellos que más quieres, para pensar en nuevos comienzos y para brindar por lo que vendrá. Por eso, es importante elegir la bebida perfecta que nos acompañe. Y ninguna como Grand Cru de Glenfiddich.

Este exclusivo liquido está envejecido durante 23 años y finalizado en barricas que, previamente, han contenido vino espumoso francés durante seis meses, algo que convierte a este whisky en extraordinario, lleno de matices y que nada tiene que ver con el resto de sus variedades. Este complejo proceso de elaboración le otorga a este whisky un final suntuoso y lleno de sofisticación, ya que las barricas son las mismas que se utilizan en la fabricación de los famosos vinos espumosos de origen francés.

La elegancia de su sabor se traslada también a su elegante estuche. Moderno e inesperado, su diseño llama la atención por su tapón dorado que recuerda a los vinos espumosos franceses, así como su botella negra con sobrios toques dorados. Esta presentación, reafirma la idea de que Glenfiddich Grand Cru no es un whisky single malt cualquiera, sino uno hecho para las ocasiones más especiales.

Siempre en la vanguardia, Glenfiddich vuelve a probar con Grand Cru que cuenta con un espíritu innovador y atrevido, el mismo que ha llevado a la marca a contar con el single malt más premiado del mundo y con propuestas de espirituosos incomparables y exclusivas.

Notas de cata Grand Cru

A la vista, se aprecia un delicado y elegante color dorado. En nariz, se perciben sutiles notas de flor de manzano, pan horneado recién horneado y limón confitado. En boca, se disfruta de sutiles guiños a roble y vainilla, combinadas con toques de brioche dulce, sándalo, sorbete de pera y uvas blancas. Su acabado es vibrante, opulento y largo.

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