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Carlos San Pedro (Bodegas Pujanza): "Volver a los orígenes es la tendencia en el mundo del vino"

Carlos San Pedro, quinta generación de gente de vinos de Laguardia, viticultor y bodeguero de Bodegas y Viñedos Pujanza.

Pujanza es una bodega joven, pequeña, con una producción de unas 175.000 botellas anuales dependiendo de la añada, de uva propia y elaborada cien por cien en Laguardia, y de una gran calidad, una de las joyas del municipio, en La Rioja Alavesa.

Bodegas y Viñedos Pujanza es una joven bodega de 23 años cargada de historia. De la historia que acumula el viticultor y bodeguero Carlos San Pedro, un hombre que hunde sus raíces en Laguardia, como sus viñas, quinta generación de gente de vinos. También de los pequeños trozos de historia que constituyen sus viñedos. Pujanza trabaja 40 hectáreas de viñedo, los más altos de La Rioja, entre 450 y 720 metros de altura, todas ellas en la localidad alavesa de Laguardia y en un radio de apenas cuatro kilómetros de la bodega, en los que destacan cuatro fincas: Valdepoeo, Norte, Valcabada y San Juan de Anteportalatina.

Finca Norte, un viñedo localizado a 720 m de altitud, uno de los más altos de la DOCa Rioja. De él surge el emblemático Pujanza Norte.

Toda la bodega se abastece de uva propia (Tempranillo y Viura) cultivada en el municipio y el proceso se elabora cien por cien en la localidad. En su paso por bodega lo fundamental es que el vino no pierda su conexión con el viñedo del que procede.

Naciendo en la familia bodeguera –y en el pueblo– en que nació, las cartas estaban marcadas, pero "quería dar un paso más". "Me encanta el viñedo, y queríamos ver hasta donde éramos capaz de llegar con esas parcelas, intentando entendernos", dice San Pedro. Estuvo mucho tiempo "aprendiendo a elaborar y mucho tiempo desaprendiendo, para influir lo menos posible", para sacar su pureza. Es la filosofía de Pujanza, una bodega moderna volviendo a los orígenes.

El resultado es un vino que "saca" el sabor de la tierra, como apunta Pedro San Pedro, de quien cuentan –y cuenta– que "el vino le corre por las venas", pero cuya pasión por la tierra y su historia, su estrecha relación con el viñedo –corazón de la bodega, "por encima del proceso de transformación"–, sugiere un apelativo: "el hombre que susurraba a los viñedos".

¿Qué relato hay tras Bodegas y Viñedos Pujanza?

Volver a los orígenes es la tendencia. Creo que hemos estado dando palos de ciego en el mundo del vino –creo que en el mundo en general–, y ahora nos hemos dado cuenta de que la pureza es lo que más nos gusta. Cuando hablando de la bodega me dicen o escriben "has dado un golpe de modernidad" yo digo, pero si yo hago lo que hacía mi bisabuelo. Disponer de la tecnología con la que contamos el un lujo para no tener sustos en el proceso, que se suba o se baje la temperatura a un vino. Con los medios que tenemos ahora no puede pasar. Pero sí, es cierto, es lo que estamos haciendo nosotros, y es la tendencia, volver un poco a los orígenes.

¿Tanta diferencia puede haber en un vino según sea la parcela? ¿Lo da la tierra o el proceso de elaboración?

Una diferencia exagerada. En Pujanza trabajamos los vinos de una forma muy sostenible, muy natural, tanto el viñedo como en bodega, sin añadir levaduras, proteínas, nada. Los vinos fermentan espontáneamente, hay parcelas que les dejas que suban un poco más de temperatura, puedes controlar el proceso de manera natural. Todos los vinos se crían en barrica, más o menos parecidas, todo lleva un proceso parecido, y cada vino es un mundo. Siempre digo que hay variedades que se dejan mucho y otras variedades que se dejan poco. La Tempranillo es una de esas variedades que muestra mucho el origen. Cada sitio donde está plantada, cada orientación, cada forma de darle el sol, cada cambio térmico, al final se nota. Es más sutil, más delicada y se nota mucho la diferencia. En las grandes zonas vinícolas del mundo sus suelos son muy importantes, el resultado cambia mucho, y es lo que llevamos haciendo en Pujanza desde hace 23 años, subdividir por parcelas e intentar entendernos cada vez mejor y hacer los vinos cada vez con más pureza. Cada vino es un mundo, incluso cada barrica y cada botella. Eso es lo bonito y lo emocionante del vino, que tiene viva propia, que evoluciona. Es una de las pocas bodegas de La Rioja en producir vinos con uvas de un solo municipio. Las nuevas indicaciones de la DOCa Rioja, Vinos de Municipio, encajan como un guante en la filosofía de la bodega. Pujanza es Vino de Municipio. Nos acogimos en 2017 únicamente para un vino, Hado. Pero enseguida decidimos hacerlo todo bajo la etiqueta "Vino de Laguardia", aunque cada vino sea de una viña. Los vinos que vamos a sacar ahora, que son la añada 2018, son todos Vinos de Municipio.

En su paso por bodega lo fundamental es que el vino no pierda su conexión con el viñedo del que procede.

Siete vinos

Bodegas Pujanza produce siete vinos: Norte, Cisma, Hado, Valdepoleo y La Paul (la incorporación más reciente al catálogo), los tintos; y Añadas Frías y S.J. Anteportalatina, los blancos, con una Viura. Todos tienen por encima de 90 puntos Parker, con Pujanza Norte 2016 como mejor puntuado, con un 100. Cuando se le pregunta por su vino o viñedo favorito, no duda, no lo hay. "El vino que más bebo es Valdepoleo. Es un vino sencillo, fresco, rico, no es complejo". Pero "el vino de la Valcabada es el vino más top que hacemos". Es Cisma, un vino de producción limitada que procede de un viñedo centenario, de 1920, aislado, entre colinas a 600 metros de altitud.

Pujanza Norte no será su favorito, pero ha sido clave para la bodega.

Norte es muy importante para nosotros. Sin ese vino, no sé si la bodega estaría hoy donde está, porque nos ha dado mucha proyección internacional. Además, Norte es el primer viñedo que compré, que planté, que seleccioné. Pero todas las viñas y vinos son especiales por uno u otro motivo.

Siendo un vino para el canal horeca, esa proyección internacional fue clave con la pandemia, igual que la venta directa online ¿Se va a mantener?

Si no llegamos a estar en el mundo… En España las ventas fueron desastrosas. No somos un vino de grandes superficies. Pero la venta directa en línea está funcionando muy bien, nos gusta el contacto directo con el cliente. Nos ha permitido conocer a mucha gente y que la gente de toda España nos conozca, y además de comprar nuestro vino vienen a visitar la bodega y los viñedos.

¿Qué le pide a 2022?

Seguir y a asentar lo que estamos haciendo. Una bodega es historia. En una vida, 23 años es una barbaridad, pero en la vida de una bodega no es nada. Y seguir buscando viñas para hacer nuevos vinos, aunque el crecimiento de la bodega, por su propia naturaleza, "va a ser muy lento". No hay prisa. Busca calidad, no cantidad. El año pasado compró "dos parcelitas que me han gustado de toda la vida" y hay un par de viñas "que las tengo metidas entre ceja y ceja, y que al final, tarde o temprano caerán". Y es que Carlos San Pedro y las viñas, están predestinados a entenderse.

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