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Louis Vuitton, un icono atemporal con 200 años de historia

Grabado de carro de caballos para el transporte de equipaje con publicidad de Louis Vuitton tras la apertura de su tienda en el 289 de Oxford Street, la primera fuera de Francia, en 1885. Fotos: Archives Louis Vuitton Malletier.

Louis Vuitton celebra el bicentenario del nacimiento de su creador, del hombre que hay detrás del imperio del lujo que es hoy la Maison. Con 'Louis 200' tiende un puente entre el pionero malletier y todos los visionarios que se esfuerzan por alcanzar la excelencia.

Un Louis Vuitton es automáticamente reconocible por la perfección en sus acabados artesanos, por sus materiales –como las lonas Monogram y la piel Epi texturizada, exclusiva de la firma–, sus diseños con detalles únicos y distintivos, como el bolso Neverfull y las asas Toron, cosidas a mano… Pero tras la Maison, tras su sello inconfundible, siempre ha habido un hombre, Louis Vuitton, un fabricante de baúles y maletas para equipaje que transformó la manera de viajar, y un audaz visionario convertido en Historia de la moda e icono del lujo en pleno siglo XXI.

Pero todo empezó mucho antes, hace dos siglos, el 4 de agosto de 1821, el día que nació Louis Vuitton en Anchay, un pequeño pueblo del Jura, hijo de una familia humilde de molineros. En 1837, con 14 años, dejó su ciudad natal con la intención de instalarse en París. Llegó a pie, después de un periplo de dos años, y comenzó como aprendiz en la carpintería de Monsieur Maréchal, especializada en la fabricación de cajas, baúles y material de empaquetado a medida. Era un sector en pleno desarrollo en un París de carruajes tirados por caballos, pero en plena Revolución Industrial, y que con los primeros trenes de pasajeros y transatlánticos inauguraban otro próspero sector, el del turismo, entonces exclusivo de la alta sociedad que se desplazaba con voluminosos y pesados equipajes.

Su talento y su extraordinaria habilidad para el trabajo manual y el manejo de las herramientas le llevaron enseguida a atender los encargos de los clientes más importantes del taller, hasta encargarse, con poco más de 30 años, de los artículos personales en los traslados de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.

Las cuatro lonas históricas, en el sentido de las agujas del reloj: Monogram (1896), Damier (1888), la lona gris Trianon y la lona a rayas (ambas de 1854). Debajo, 'El viaje en avión', fotografía de Thérèse Bonney (hacia 1927). Retrato de Louis Vuitton (1821-1892), fotografía de Reutlinger, hacia 1892.

El mejor artesano de Francia

En 1854, a los 33 años, curtido en la profesión, con una extraordinaria reputación y recién casado con Clemence-Emilie Parriaux, montó su propio taller en el número 4 de la Rue des Capucines, muy cerca de la Place Vendôme. El resto es historia, Historia de la moda, con mayúsculas.

El joven malletier-layetier se había convertido en el mejor artesano de Francia y su savoir faire no ha abandonado a la Maison. Sus baúles y maletas con cubiertas planas, forradas de una lona resistente al agua, sus audaces portaequipajes con ruedas, siempre con los mejores materiales y extraordinarios acabados, se convirtieron en imprescindibles para la alta sociedad que le demandaba sus productos en el poco tiempo libre que le dejaba su ocupación de encargado personal de los equipajes de Eugenia de Montijo. Cuentan que solo él y el modisto Charles Frederick Worth – al que se considera padre de la Alta Costura–, tenían acceso a sus aposentos en el palacio de las Tullerías, uno como proveedor de su vestuario y el otro con el encargo de "embalar la ropa más hermosa de la manera exquisita".

En 1858, Vuitton creó la primera maleta de la marca. Y un año después tuvo que trasladar su producción a Asnières, un pequeño pueblo al noroeste de París, en el que vivía y trabajaba toda la familia, un taller artesanal que comenzó con 20 empleados. Allí Vuitton transformó la maleta en un objeto de culto, empezó a utilizar sus icónicas lonas, con su clásico Trianon, al que seguiría el icónico Damier. Allí creó en 1875 su emblemático Wardrobe, un baúl diseñado para abrirse en vertical, del que en la actualidad se siguen fabricando versiones en y en el mismo atelier. Y allí trabajó hasta su muerte, en 1892, en compañía de su hijo Georges que continuó la actividad. En 1896, George decidió homenajear a su padre y creó el logotipo LV que, junto con los dibujos florales geométricos, estampó en sus maletas, y empezó a escribir su propia historia.

Una mujer posa con sus maletas Alzer y Cotteville, un bolso Marin y un neceser de lona Monogram (años 1960). 'El viaje en avión', fotografía de Thérèse Bonney (circa 1927).

Louis 200

La Maison celebra este año el bicentenario en todo el mundo con Louis 200, y ha puesto en marcha una serie de iniciativas creativas para poner en valor el legado y la perdurabilidad del espíritu del fundador. La programación planificada por Louis Vuitton a lo largo del año trasciende los límites de un homenaje al uso, "es la retransmisión del viaje del fundador como rostro público y experiencia colectiva, un catalizador de inspiración infinita", explican desde la firma.

Louis 200 nos acerca a los míticos comienzos, a su estrecha relación con el modisto Charles Frederick Worth y su promoción como fabricante de baúles y equipaje de la emperatriz Eugenia de Montijo, y cómo contribuyeron a forjar su fama y su leyenda. También a su intuición, que le permitió anticiparse a las nuevas necesidades de la alta sociedad a la hora de viajar, y su ingenio y destreza a la hora de diseñar y utilizar materiales que transformaron radicalmente la funcionalidad de sus baúles y maletas hasta transformarlos en objeto de culto.

Render de uno de los escaparates LV200. Fotograma del videojuego 'Louis Vuitton The Game'. Portada de la novela biográfica 'Louis Vuitton L'Audacieux', de Caroline Bongard.

Arte y audacia

Entre las iniciativas, Alex Katz ha realizado un tríptico de Louis Vuitton a gran escala y los escaparates de las tiendas de todo el mundo mostrarán el icónico baúl para flores, creado en la década de 1910 para clientes selectos, reinterpretado por doscientos colaboradores excepcionales, como Jean Michel Othoniel, Alyssa Carson o Willo Perron.

Y junto al arte, la Maison celebra el bicentenario con la audacia y modernidad que le caracteriza: ha creado un videojuego, Louis The Game, basado en bockchain y con hasta 30 NFT (token no fungible) incrustados diferentes, 10 de los cuales han sido diseñados por Beeple, el más famoso entre los artistas digitales, que permite a los jugadores aprender sobre la fascinante vida de Luois Vuitton entre pruebas divertidas y desafiantes.

Dos más: una novela de ficción 'Louis Vuitton l'audacieux', obra de la escritora francesa Caroline Bongrand sobre la vida del fundador, publicada por Gallimard y cuya edición en francés e inglés se publicó en octubre. Y un documental sin precedentes, 'Looking for Louis', que hace un recorrido por la historia del joven pionero. Disponible a partir de diciembre en el Canal Explore, en Apple TV, el documental revelará al verdadero Louis Vuitton, desde sus humildes orígenes hasta su legado, que aún perdura.

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