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Iconos de la moda: Jil Sander, la reina del minimalismo y el buen gusto

  • La diseñadora estudió técnica textil en la escuela de ingeniería de Krefeld
  • La alemana apostó por el minimalismo y la funcionalidad para las mujeres
  • En 1999 Samder decide vender el 75% de su marca al Grupo Prada
Jil Sander.
Madrid

Conocida popularmente como Queen of less, Jil Sander (Wesselburen, 1943) le demostró al mundo que había otra forma de entender la moda y a las mujeres, sentando las bases de lo cool y de la liberación laboral femenina a finales de los ochenta.

La diseñadora creció en la Alemania de la posguerra y estudió técnica textil en la escuela de ingeniería de Krefeld. En 1963 se fue de intercambio a Los Ángeles para continuar su formación como estudiante de moda en la Universidad de California, y después se trasladó a nueva York para trabajar como redactora en una revista de moda.

Tras trabajar durante un tiempo como periodista de moda, en 1968 Sander crea su primera colección de ropa para mujer, con 150 chaquetas, faldas y pantalones de corte sobrio y minimalista. Ese mismo año abría su tienda Jil Sander Modern en Hamburgo, donde confeccionaba únicamente prendas para mujeres.

Los inicios de Sander no fueron fáciles, ya que el mundo de la moda no comprendía su revolucionaria apuesta. La alemana utilizaba las telas de mayor calidad y realizaba diseños milimétricamente pensados para aportarle comodidad, estilo y elegancia a la mujer, unas técnicas utilizadas por entonces únicamente para el vestuario masculino. Por este motivo, sus primeros desfiles fueron un fracaso, y no fue hasta el año 1888, tras desfilar en Milán, cuando el estilo Sander era reconocido y alabado por la crítica en todo el mundo.

En 1993 abría su exitosa tienda en la Avenue Montaigne de París, en la antigua tienda de Madeleine Vionnet, donde continuó trabajando bajo las bases del minimalismo y la funcionalidad, haciendo honor a su famosa frase: "Un vestido solo es perfecto cuando ya no se le puede quitar nada más". Y a finales de los 90, la diseñadora lanzaba su primera línea de ropa para hombres, que resultó también todo un éxito.

En 1999, tras el inesperado éxito mundial de la firma, Jil Sander decide vender el 75% de su marca al Grupo Prada, con el objetivo de ampliar su gama de calzado y accesorios. Una decisión que no resultó del todo acertada ya que, por diferentes desavenencias con la casa italiana, Jil Sander cedía la dirección creativa de su propia marca en el año 2000. Sin embargo, en 2003, la diseñadora volvía de nuevo a Prada para realizar una nueva colección -esta vez, menos marcada por el minimalismo-, pero en 2004 dejaba de nuevo el puesto de directora creativa de la marca, que pasaba a manos de Raf Simons.

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