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Por qué Central Park es el mejor parque del mundo para hacer running

  • Sus 341 hectáreas le convierten en uno de los grandes parques urbanos
  • Para los corredores el circuito más habitual es el de la vuelta completa
  • A primera hora de la mañana se entrenan los ejecutivos jóvenes
Madrid

A lo largo de mi carrera he tenido la suerte de ser destinado a alguna de las grandes ciudades del mundo. Al llegar a un nuevo destino lo primero que se hace es buscar un piso adecuado que esté, si es posible, cerca de la Oficina, a lo que yo añadía que también lo estuviera de un parque donde pudiera correr. Y así fue como conocí los mejores parques del mundo para correr.

El número uno lo ocupa el Central Park de Nueva York. A finales de los noventa del pasado siglo, viví cuatro años en la calle 59, esquina a sexta Avenida, en un piso 14, con balcón y ventanas al parque, que me permitían admirar cada día su mutante paisaje, a veces blanco en invierno, rojo y amarillo en otoño y verde en verano y primavera. Los edificios de la Quinta Avenida y del Upper West Side semejaban decorados fijos de esa película que se rodaba allí a diario, mientras que el Harlem del otro lado parecía misterioso.

Una fuerza irrefrenable me hacía saltar al parque poco después de levantarme temprano, para hacer unos cuantos kilómetros de entrenamiento para el maratón que corría anualmente y que terminaba, precisamente cerca de mi domicilio. Al poco de comenzar la matutina carrera te sentías el actor de esa película. Además, según afirman los expertos, el parque, como la mayor parte de la ciudad, está construida sobre un tipo de roca que genera energía. La sensación que te sacude es que corres impulsado por aire.

Sus 341 hectáreas le convierten en uno de los grandes parques urbanos. A su alrededor se encuentran algunos de los edificios más caros del mundo. Para los corredores el circuito más habitual es el de la vuelta completa, cerca de diez kilómetros, que comparten con ciclistas y patinadores con sus espacios delimitados. Todos muy educados.

A primera hora de la mañana se entrenan los ejecutivos y las ejecutivas jóvenes a un ritmo imponente. Es normal reconocer las caras de los que que van a diario. Según avanza el día el personal va acumulando años y abandonando ambición. El espíritu competitivo, tan neoyorquino ,ha sido sustituido por la amable convivencia. Pero tanto a primera hora como después, es fácil entablar conversación tanto con el habitual al que ya se conoce de vista, como con el nuevo que con la mirada va suplicando una explicación de lo que le falta.

Los más preparados amplían su ruta con una vuelta, o más de una, al famoso reservoir, en la parte sur, el embalse, rodeado de una senda de superficie blanda, ideal para entrenar, de dos kilómetros y medio . Los que tienen menos tiempo disponible o menos fuerza para el circuito completo, se contentan con esa vuelta para disfrutar de maravillosas vistas .

Los fines de semana los más cualificados buscan otros lugares de la ciudad con circuitos más largos que incluyen espacios urbanos por los que es imposible transitar en los días de labor. El parque queda en manos de las familias que se adentran también en los 93 kilómetros de caminos para visitar los numerosos lugares emblemáticos como Strawberry Fields ,enfrente del edificio Dakota, cerca de donde fue asesinado John Lennon hace cuarenta años.

La extremas temperaturas de Nueva York no parecen ser un obstáculo para los aficionados que, llegado el invierno, asaltan las innumerables tiendas de deportes, personal o digitalmente para adquirir los leggings de última generación que transpiran, calientan y no agobian y las sudaderas de material ultraligero todavía no conocidas en el resto del mundo. Con guantes y gorro, el frio no parece ser un obstáculo sino un incentivo. Cuando cae la nieve los servicios del parque la retiran con prontitud.

En verano todos van ligeros de ropa con camisetas sin mangas y botella de agua en la mano sudorosos incluso en las horas matutinas antes de la llegada de ese calor húmedo y pegajoso. Pero es en primavera y otoño cuando más se disfruta. Los largos y floridos días de abril y mayo te recuerdan que es spring time in New York y que nada se le compara.

En otoño, a la hora habitual, los asiduos intensifican el entrenamiento para el cercano maratón de la primera semana de noviembre. Se reconocen a través de misteriosos códigos de solidaridad. Los que proceden del extranjero se lanzan al parque nada mas llegar, para grabar en su mente los últimos kilómetros de la ansiada carrera. Después de correr en Central Park estás seguro de que ese es tu parque favorito.

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