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El día que Fidel Castro me sirvió una copa del Vega Sicilia que le regaló Felipe

  • En 1990 se inauguró en Cuba el hotel Meliá Internacional Varadero
  • La isla comenzaba así una nueva época de apertura económica
  • Un rumbo donde el comandante era el que decidía y opinaba todo
Mural en Caracas de Hugo Chaves, Ernesto Che Guevara, Nicolas Maduro y Fidel Castro jugando al dominó
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En 1990 se inauguró el Meliá Internacional Varadero iniciándose una nueva época para el desarrollo del turismo en Cuba. El acuerdo fue entre la empresa española y la estatal Cubanacán, que adquiría la propiedad de los hoteles, mientras que Meliá los gestionaba y cuando podía invertía. Poseen conjuntamente los mejores hoteles de Cuba.

Las empresas extranjeras pagan al Gobierno en dólares, mientras que éste entrega los sueldos a los empleados en pesos, obteniendo un buen margen por el camino y sobre todo las imprescindibles divisas para pagar los materiales de construcción de los nuevos hoteles y los bienes consumibles para los turistas, que hay que importar. Algunos empleados esperan complementar su sueldo con propinas en dólares lo que le puede permitir a un camarero ganar más que un catedrático. Y todo ello bajo la supervisión del Comandante, que no solo inauguraba los hoteles sino que daba recomendaciones sobre los asuntos más variados.

Una apertura económica en tiempos de boicot y 'bisneo'

La isla se abrió al mundo a pesar del boicot norteamericano y numerosos españoles empezaron a pasar allí sus vacaciones. A finales de los ochenta y comienzos de los noventa, hice frecuentes viajes a Cuba por cuenta de diversas organizaciones internacionales para efectuar estudios sobre el incipiente desarrollo turístico.

Con ocasión de uno de esos viajes, me detuve para almorzar en un puerto pesquero en el que desembarcaban langostas recién pescadas y tras pedir una, el camarero me informó que no tenían, que solo había congeladas. Ante mi asombro, me explicó que allí las empaquetaban para ser congeladas y distribuidas desde el depósito central. A eso se le llama economía centralizada.

Cuando le conté la anécdota a un amigo español que dirigía un hotel me dijo que él me invitaba ese día a comer una langosta fresca, lo que efectivamente hizo. Al preguntarle como la había conseguido me explicó que a través del 'bisneo'. Su amigo Ronaldo había comprado, aunque no pagado, una caja de 'cohíbas' a un colega que trabajaba en la fábrica. Con esa caja había hecho un trueque con el pescador, langosta por cohíbas. El pescador tenía ahora unos puros, fáciles de vender en dólares, y Rolando la langosta que ya tenía comprador en la misma divisa. Rolando pagó en pesos al purero que no podía vender el mismo los puros en el mercado negro y se quedó con los dólares para el siguiente 'bisneo'.

Castro me recibió en su despacho del Palacio de la Revolución para informarse de mis recomendaciones a los organismos que me pagaban. El personaje era un pozo de increíbles anécdotas. Salió a colación que ambos habíamos estudiado con los jesuitas: "Les estoy muy agradecido, gracias a ellos soy ateo", no lo decía con retintín sino sinceramente.

Cuando hablamos sobre las dificultades del boicot americano, de la ley Helms Burton y de la necesidad de rebajar la tensión me dijo: "Pero si yo no tengo nada contra los americanos, me gusta el béisbol, veo la CNN y estoy muy interesado en todo lo que pasa allí, son ellos los que la tienen tomada conmigo".

24 horas con Fidel Castro y lo del Vega Sicilia

Unos días después me ofrecieron acompañarle durante 24 horas. Me desplacé a Holguín como me pidieron y me alojaron en una casa de protocolo junto a otras dos personas más. A las ocho de la mañana nos recogió un Mercedes 500, de unos veinte años, pero impoluto y nos añadimos a la comitiva que ya llevaba un rato en marcha. Castro inauguraba aulas escolares, un barracón de almacenamiento de caña y obras similares. No se veía ninguna vigilancia especial y el personal parecía contento de ver al Caballo.

En una de las paradas un obrero no paró su martillo pilón a la llegada del jefe sino que siguió dándole con los cascos puestos. Al final el capataz le dio un toque y el propio se quitó los cascos y saludó con naturalidad. Castro le preguntó que maquina usaba y el otro respondió que una 'ZM580'. Ya, la rusa, siguió la conversación. Y no cree, compañero, que sería mejor la 'ZM 590 checoslovaca', seguro que sí dijo el obrero, pero es que esa no nos la dan.

Efectivamente Fidel era el 'Gran Doctor', el 'Gran Arquitecto' y el 'Gran Constructor'. Daba consejos sobre todo pero no le gustaba que se los dieran a él. Cuenta Alfonso Sobrado Palomares que al poco de ser nombrado presidente de la Agencia EFE, en una entrevista le explicó que era EFE: Alguna vez le da recomendaciones Felipe, inquirió. No, nunca contestó Palomares. Que suerte tiene usted, a mí no para de dármelas.

A mediodía, entre vueltas y revueltas, nos llevaron a almorzar a otra casa de protocolo en el campo. Hacia un día maravilloso. Habían instalado una mesa en el jardín tropical en la que ya estaba servido el primer plato con frutas cortadas. Nos sentamos y el maître nos sirvió un vino búlgaro. Castro le llamó y le preguntó si sabía de dónde venían nuestros invitados. Si, Comandante, de España, y entonces porque no vuelve corriendo y nos trae unas botellas del vino que me envía Felipe. Y efectivamente al poco regresó con unas botellas de Vega Sicilia.

Al llegar la carne con verduras, los camareros dejaron la bandeja en la mesa y Fidel , como si fuera lo habitual, empezó a servir él mismo a las diez personas que estábamos allí sentados. Era la primera vez en mi vida que me servía un Jefe de Estado. Al parecer también era el 'gran Maître'.

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