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¿Qué tiene Mónaco qué lo hace tan especial? Un recorrido por la historia del famoso circuito

  • Mónaco es velocidad, riesgo y emoción en la ciudad, rodeado de lujo
  • Es la purpurina del ambiente, entre coches y el glamour del cine
  • Es el único trazado donde incluso han caído dos monoplazas al agua
Juan Manuel Fangio. Fotos: Getty.
Madrid

Podría parecer un decorado entre los yates del puerto perfectamente alineados, los Lamborghini rugiendo entre las calles que ascienden por la costa, los famosos de toda índole confundiéndose con los pilotos más rápidos y las escuderías montando sus garajes en plena calle, pero es perfectamente real. Tanto como la historia que garantiza su grandeza en torno a las carreras de Fórmula 1 y que dan gloria a sus estrechas calles. Este 2020, por primera vez en su historia, el coronavirus ha impedido que Mónaco vuelva a respirar este ambiente inconfundible, por eso nos resistimos a no compartir su espíritu indomable y chic a partes iguales en esta artículo.

Mónaco es velocidad, riesgo y emoción en la ciudad

Cuando lo ves in situ por primera vez crees que es imposible que corran por su asfalto a más de 250 Km/h. De hecho, Nelson Piquet lo describió como tratar de "montar en bicicleta en el salón de casa". Mónaco es todo eso: velocidad, riesgo y emoción en la ciudad, rodeado de lujo y exceso, donde todos quieren estar. Lo avala su historia como uno de los lugares con mayor tradición en el deporte de motor, y por eso formó en el calendario cuando arrancó el primer Mundial allá por 1950. El magnetismo es tal que atrae a más personalidades ajenas al deporte que ninguna otra carrera, y se convierte en una pasarela social con el Gran Premio con más pedigrí como excusa de excepción.

Los invitados, de traje y vestido, convierten el paddock en una alfombra roja, un photocall entre garajes y mecánicos elevado por la magia del lugar, del sonido de los motores, de los yates de eslora desorbitada; todos testigos de la escena donde Bella Hadid y Winnie Harlow provocan los flashes ante ingenieros, que comprueban los últimos datos antes de la 78 vueltas ajenos al ruido mediático del pit lane. Por ahí donde pasean ante los boxes Cristiano Ronaldo y Cara Delevigne o Tom Brady y Kendall Jenner, mezclando deporte y moda, invitados por marcas en busca de la belleza y el éxito a partes iguales. Alguno buscará una foto con los pilotos justo antes de la salida, en la parrilla, el momento más cotizado. Ningún otro deporte te permite estar junto a los coches y a los verdaderos protagonistas, concentrados y con el colmillo afilado antes de que se apague el semáforo, a punto de jugarse la vida entre muros. Por eso parece una película y tal vez por eso el séptimo arte se conjuga con la velocidad.

Mónaco y el séptimo arte

La Guerra de las Galaxias ha llegado a teñir con sus colores espaciales y sus siglas el monoplaza de Red Bull, con el propio George Lucas participando del show a pie de pista. Por ahí por dónde Hugh Grant se abre paso de la mano de Ana Elisabet Bernstein y Catherine Zeta Jones, robando miradas junto al declarado fiel seguidor de McLaren Michael Douglas. Y desde ahí la acción se traslada a la gran pantalla, en el film Grand Prix, de 1966 o la reciente Iron Man 2, donde Mónaco y su aureola especial aparecen retratados.

Steve McQueen

Es la purpurina del ambiente, entre coches y el glamour de las estrellas del cine, la que crea la mayor premier del deporte de motor, inalcanzable, exagerada, derrochando grandeza como ellos, como su imagen. Y trasciende también a las nuevas celebridades en forma de cantantes juveniles, como Justin Bieber, el primero en brindar con champán con el mismísimo Lewis Hamilton justo después de emocionarse con el himno de su país y posar victorioso junto a la Princesa Charlene y Alberto de Mónaco en el podio del Principado.

Para muchos, la carrera es lo de menos, y lo que ocurre alrededor está en los estándares más altos de la vie en rose. Sin embargo, para trabajar es uno de los peores circuitos porque es difícil moverte, todo está vallado y los accesos son mediante puentes, pasadizos en dirección a los garajes o a los motorhomes de los equipos e incluso es inviable pernoctar en Mónaco en fechas de carrera por el precio de la habitación y el ambiente festivo, por eso la cercana Niza es un refugio habitual incluso para los propios equipos, que se levantarán a las cinco de la mañana para evitar el tráfico de entrada.

El glamour no está de su lado, es la parte que no retrata la cámara distraída en el desfile del jueves noche, con pilotos desfilando de punta en blanco junto a modelos en una habitual gala benéfica del Amber Lounge en el Hotel Meridien, en un escenario al aire libre junto al mar. La mayoría de hoteles organizan sus fiestas privadas con marcas encargadas de reservar y traer a los invitados de lujo, aunque en alguna de las fiestas de los yates será más fácil encontrar al ganador de la carrera. Esa es otra competición paralela en el Puerto Hércules, donde no hay espacio para tanta demanda y donde el precio del amarre no está al alcance de los mortales: con unos 50 metros de eslora rondaría los 75.000 euros, y si es un 'mega yate' de más de 125 metros, llegaría a los 140.000. De esas medidas es el de la marca de relojes Tag Heuer, que asombra a todos con su presencia y con su llamativa lista de personalidades e invitados, quienes lucen en su fiesta de blanco del fin de semana. 

Mónaco, el único trazado donde incluso han caído dos monoplazas al agua

Quienes lo visitan ajenos al show se preguntan con asiduidad, ¿qué tiene Mónaco qué lo hace tan especial? Para algunos es la representación del exceso, la cárcel para ricos entre montañas y apartamentos vacacionales convertidos en hogar donde apuntalan su residencia magnates de todo tipo de negocios, el jefe de la escudería estadounidense, Gene Haas, con sede en Carolina del Norte, entre ellos, o pilotos como Verstappen, Ricciardo, Hulkenberg o Bottas, que suben fotos a las redes sociales para demostrar que de alguna manera viven ahí para que no les persiga el fisco. Más allá de eso, su dificultad, originalidad e historia le otorgan el galardón de ser la Joya de la Triple Corona, las tres versiones del automovilismo más complejas de alcanzar junto a las míticas 500 Millas de Indianápolis y la resistencia en las 24 horas de Le Mans.

No hay una carrera como la de Monte Carlo, una cuestión de supervivencia donde se normaliza acabar contra las protecciones, y de hecho es el único trazado donde incluso han caído dos monoplazas al agua, con Alberto Ascari y Paul Hawskin accidentados en el mismo punto, tras el túnel, y donde unas protecciones de paja no evitaron que tuvieran que ser rescatados del mar de la Costa Azul. Lorenzo Bandini no tuvo tanta suerte y murió al salir volando y golpearse con una farola. Al incendiarse no hubo esperanza para el piloto de Ferrari, quien se dejó la vida junto al puerto.

Cada una de las 19 curvas del mítico trazado está llena de simbolismo intangible y material, entre lo divino y lo humano. Desde la primera de ellas, a su paso por Santa Devota, justo delante de la Iglesia local nominada por la patrona de Mónaco, donde algún piloto ha ido a pedir por su integridad; Massanet, con las tiendas de lujo observando, Casino, Mirabeau, Loews, la más lenta de todo el Mundial... y por supuesto La Rascasse y Anthony Nogès, el último giro que porta el nombre de su fundador, allá por los años 20. Nogès, hijo del presidente de la Federación de Automovilismo, quien quiso ir más allá que su padre y amplió el ya popular rally local, las competiciones de subidas por las estrechas carreteras montañosas que lindan con Francia, y metió los amplios y robustos coches de la época por la ciudad, dando inicio a la leyenda urbana en 1929.

Pilotos que han ganador en Mónaco

Dicen los libros de historia que fue el británico William Grover- Williams quien tuvo el honor de ganar la primera edición de esta carrera a los mandos del Bugatti Type 35B, el mismo que luce en forma de estatua junto al puerto rememorando para siempre aquella gesta, al igual que lo hace su motor de 105 cv, que sigue rugiendo y es una pieza única que alcanzó en el último cambio de manos vía subasta los 2,7 millones de euros. Son imágenes en blanco y negro las que dan brillo al pedigrí de Mónaco, como el triunfo del cinco veces campeón del Mundo Juan Manuel Fangio, quien ganó allí en el primer Gran Premio como parte de la Fórmula 1 evitando un accidente en masa con nueve coches involucrados a la vez, convertidos en un amasijo de hierros.

Ayrton Senna

Graham Hill y Niki Lauda han saboreado su gloria, y como un título aparte de Campeón del Mundo, pueden decir orgullosos que ellos dominaron sus 3,3 kilómetros de trazado. Alguno fue más allá y llegó a decir "que veía a Dios" pilotando entre muros, que alcanzaba tal nivel de concentración que se sentía capaz de ganar el duelo contra la física y la velocidad.

Ayrton Senna fue aquel hombre mágico, quien elevó el misticismo de este laberinto en forma de trazado. De hecho, sigue siendo el piloto que más veces ha conquistado sus calles, con seis triunfos y cinco poles. Ahí comenzó su leyenda, en una primavera lluviosa de 1984 con un coche de los últimos de la parrilla con el que miró de tú a tú a los gigantes de la época. Dicen que en los urbanos es dónde se ve el arrojo de los pilotos, quién se arrima a los muros a toda velocidad, y él jugaba a partir cerillas en las protecciones de La Rascasse. Y es en lluvia donde el coche se mueve y las manos y la valentía mandan sobre el raciocinio. Él fusionó las dos máximas en su año de debut partiendo desde la 13ª posición adelantando en el angosto trazado, rodando dos segundos más rápido que la cabeza, adelantando a Renne Arnoux y Niki Lauda, incrédulos ante su descaro hasta que, estando a punto de superar a Alain Prost, y con la pista encharcada, el francés levantó la mano y pidió la suspensión de la carrera. Senna lo rebasó, pero no le dieron ganador de la cita, aun así la épica era ya una realidad, y el inicio de la rivalidad eterna con Prost, imparable.

Un monoplaza de Renault entrando en en el famoso tunel

Desde que Senna hiciera historia solo cinco pilotos han repetido victoria, entre ellos Schumacher, Alonso y Hamilton. Los contemporáneos son los que protagonizan ahora sus páginas de oro. Ganar en Mónaco es distinto a cualquier otro circuito. Estar ahí te convierte en la estrella de la película.

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Josh
A Favor
En Contra

El Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco como carrera es el peor de todos, muy difícil adelantar, no se coge velocidad y alto riesgo de accidente. En gran parte motivado por el poco agarre que tiene el asfalto urbano además del poco espacio disponible. Quieren mantener ese glamour que seguramente será bueno para el espectáculo, es cierto también que históricamente apoyó mucho a la F1, pero para los que nos gustan las carreras es el peor de todos, de hecho yo no lo suelo ver, totalmente prescindible para mí.

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#1