Status

La historia de los primeros móviles de los 'jefazos' de las telecos

  • Los 'jefazos' de las telecomunicaciones recuerdan con nostalgia su primer móvil
  • Ninguno de los actuales líderes fabricaba teléfonos a finales del siglo pasado
  • Los móviles costaban por entonces seis meses salario mínimo interprofesional
Madrid

Ni Apple ni Samsung ni mucho menos Huawei o Xiaomi. Ninguno de los actuales líderes del negocio del móvil fabricaba teléfonos a finales del siglo pasado. Algunos ni habían nacido y otros andaban distraídos en sus asuntos. Altavista era el buscador de moda y los teléfonos inteligentes cursaban primaria. En Italia triunfaba una estirpe de telefoninos compuestos únicamente por una carcasa de plástico, para lucirlos por la calle como si fueran auténticos. No sólo se permitía aparentar con ellos en el coche, sino que hacerlo se premiaba con envidia en los semáforos.

Los móviles de verdad costaban seis meses de salario mínimo interprofesional. Sólo por disponer de línea había que pagar al operador un cuota de alta equivalente a 150 euros, que vienen a ser unos 270 euros de los de ahora una vez aplicado el corrector inflacionario de los últimos 25 años. Además, había que cotizar con otros 50 euros actualizados de cuota mensual. Se tarificaba en pesetas por segundo, con redondeo al minuto, a razón de 42 céntimos de euro (71 pesetas) entre establecimiento de llamada (20 pesetas) y primer minuto o fracción (51 pesetas).

Los terminales más pequeños pesaban un cuarto de kilo y servían para hacer y recibir llamadas. Las pantallas monocromáticas medían dos dedos y la cámara de fotos era ciencia ficción. Los más aplicados aprendieron a memorizar la agenda de contactos y a enviar mensajes cortos, con cuatro letras y signos en cada tecla. Los 'emoticonos' estaban por llegar, igual que los 'ringtones', 'politonos' y las aplicaciones... que se reducían a un reloj y a una calculadora. Luego llegaría el juego de la serpiente y hasta la radio FM con el cable de los auriculares a modo de antena. Para conocer la autonomía de la batería se utilizan rayitas, y con cinco bastaba para ser 'capitán general' durante varios días. Especialmente porque aquellos artefactos se usaban bastante poco dadas las tarifas y la calidad del servicio.

Las antenas eran extensibles de hasta 9 centímetros de longitud, a la caza de una cobertura siempre escasa. Cada llamada costaba lo mismo que un café en un hotel de lujo y la pregunta "¿Me escuchas bien?" abundaba en las conversaciones de la época. Las llamadas perdidas fueron el lenguaje de una generación, la 2G, avezada en comunicarse a golpe de toques y timbrazos. Los más modernos incorporaron la conexión por infrarrojos (ir-DA), madre del Bluetooth y abuela del WiFi Direct. El Mobile World Congress se celebraba en Cannes, con Nokia, Motorola, Ericsson, Sony y Siemens como reyes del cotarro, acompañados de otros muchos como Nec, Panasonic, Mitsubishi, Alcatel, Telyco e Indelec. Más tarde llegaría BlackBerry y Palm, pero sin rastro del iPhone o los Galaxy.

En la segunda mitad de los 90, cuando los actuales 'jefazos' de las telecomunicaciones españolas iniciaban sus carreras, los móviles sólo se parecían a los actuales en su incipiente habilidad para hacerse, poco a poco, imprescindibles en sus bolsillos. Les avergonzaba hablar con ellos por la calle.

Esos mismos primeros espadas de las filiales españolas de Telefónica, Orange, Vodafone, MásMóvil, Ericsson y Lenovo han atendido ahora la llamada de Status para recordar sus primeros contactos con la telefonía móvil. Ponerse nostálgico era casi obligación. Ninguno de los más altos ejecutivos del sector sospechaba que este pequeño invento se convertiría en pocos años en la máquina mas adictiva de la humanidad.

Emilio Gayo, presidente de Telefónica España, descubrió aquellos artilugios en su propio casa. Su padre tenía un taller de autorradio y también era distribuidor de telefonía. Por lo tanto, desde joven, Gayo convivió con aquella tecnología con relativa naturalidad. El primer móvil que recuerda fue un Motorola MP 450, se llevaba en un maletín y costaba medio millón de pesetas de la época. Eso era mucho dinero. Su padre le regaló después un Nokia 2110, algo parecido a un ladrillo convertido en objeto de deseo, del año 1995. Después cambió por el elegante Motorola StarTac, de apenas 110 gramos de peso, que ya permitía enviar mensajes de texto. La batería tenía 500 miliamperios, casi diez veces menos que los alta gama contemporáneos. La memoria de la tarjeta SIM permitía almacenar 110 contactos, así como las cinco últimas llamadas enviadas y recibidas. El diseño en concha y la posibilidad de elegir entre tono (francés, inglés o alemán) y vibración marcaron una época.

El precio de las llamadas no era problema para los Gayo, ya que la Telefónica de entonces obsequiaba a sus distribuidores y familiares con una tarjeta SIM con barra libre de llamadas. Al contrario que otros españoles, Emilio podía hablar con su padre, madre y hermana. "Hay un montón de números de móvil que me sé de memoria porque aquellos dispositivos no tenían agenda. Eso fue muy posterior, de forma que ahora mismo recuerdo todos los número de amigos y familiares que tuvieron teléfonos en esas fechas", comenta.

Laurent Paillassot, consejero delegado de Orange España [Paillassot dejó su puesto en el mes de septiembre a JeanFrançois Fallecher, nuevo CEO de Orange España], no recuerda con claridad el modelo con el que descubrió la telefonía móvil: "Podría ser un Nokia, pero desde la perspectiva actual recuerdo que el uso del adjetivo 'móvil' era más un ejercicio de optimismo tecnológico que una realidad. De hecho, esos enormes teléfonos no eran demasiado móviles, ni por su peso -de casi medio kilo- ni por la escasa cobertura y calidad de la red de los primeros años 90. Una red que –y aprovecho para presumir de mi país-, dio un salto de calidad gracias al estándar GSM desarrollado por fabricantes, ingenieros e investigadores franceses".

Con vistas al futuro, el primer ejecutivo de Orange España, Laurent Paillassot, está convencido de que si dentro de una década volvemos a echar la mirada al pasado, "la tecnología que hoy utilizamos nos parecerá tan desfasada como mi viejo Nokia de los 90. Hoy sólo empezamos a vislumbrar las posibilidades de la red 5G y de la sociedad hiperconectada"

Paillassot considera que aquellos "primeros contactos con la telefonía móvil resultaban algo decepcionantes en el uso cotidiano, pero en cambio nos hacían sentir que formábamos parte de una revolución cuyas verdaderas dimensiones apenas podíamos imaginar". Añade que eran tan pocos los usuarios de este servicio "que hablar mientras caminábamos por la calle resultaba hasta incómodo, pues los peatones con los que nos cruzábamos nos miraban con una mezcla de asombro e incredulidad. Sin embargo, lo que sucedió a finales de esa década y comienzos de los años 2000 confirmó todas nuestras esperanzas en esa tecnología entonces incipiente".

Aquel entusiasmo de finales del siglo pasado se mantiene vivo, según Paillassot, "gracias a la imparable evolución de la telefonía móvil". "Si hace pocos años nos sorprendían las pantallas táctiles o las redes 4G, hoy sólo empezamos a vislumbrar las posibilidades de la red 5G y de la sociedad hiperconectada", añade. Con vistas al futuro, el primer ejecutivo de Orange España está convencido de que si dentro de una década vuelve a echar la mirada al pasado, "la tecnología que hoy utilizamos nos parecerá tan desfasada como mi viejo Nokia de los 90".

Antonio Coimbra, presidente ejecutivo de Vodafone España, señala los tres grandes hitos que, a su entender, cambiaron la forma en la que "nos comunicábamos, trabajábamos y hacíamos negocios". Así, "en los 80, se produjo la llegada de los ordenadores personales, en los 90, la irrupción de la telefonía móvil, y en 2000, la llegada masiva de Internet". En ese escenario, Coimbra se remonta a octubre de 1992, en Portugal, para recordar su primer móvil, que aún conserva. "Se trata de un Motorola transportable 1000, con un peso aproximado de un kilo y del tamaño de una caja de zapatos. Lo primero que me viene a la cabeza son varias anécdotas relacionadas con la reacción de las personas al verte aparecer con aquella especie de dispositivo en un 'maletín', y por tanto portátil, pero muy lejos los smartphones de nuestros días".

"Una vez, mientras hacíamos unas pruebas de cobertura en el centro de Lisboa, en la terraza de un café, se acercó una persona con gesto extrañado, mirando fijamente el enorme Motorola que tenía sobre la mesa y con el que acababa de hacer una llamada. Me dijo que era imposible que estuviera hablando con alguien, ya que el dispositivo no tenía cable y sin cable no podía llamar, y por lo tanto, le estaba tomando el pelo. Cuando le detallé el funcionamiento de aquel teléfono 'móvil', entonces reparó en que lo que tenía entre las manos era un walkie-talkie. No terminaba de creerse mi explicación y me preguntó hasta qué distancia podía conversar. Cuando le indiqué que no había límite y que, por ejemplo, podía hablar con personas de otras ciudades de Portugal o de otros países, no logré convencerle. Visto ahora, desde la distancia de casi 30 años, resulta implacable la evolución tecnológica del móvil, dispositivo sin el que ahora no podríamos entender nuestro trabajo, entretenimiento o comunicaciones personales".

Meinrad Spenger, consejero delegado de MásMóvil, acude a su smartphone para buscar en Google la imagen de su primer móvil. "Era un Motorola de 1999 con antena extensible, que compré en una tienda de The Phone House en la calle Serrano, en Madrid. Tenía 24 años. Estaba en España, sin teléfono fijo en casa y con mi novia en Austria. Por lo tanto, necesitaba un teléfono para hablar con ella y con mis compañeros de máster. Era un prepago que tenía que recargar cada semana". De aquellos años, Spenger no sólo reparó en lo útil que podía resultar un móvil, sino también en lo " inmensamente caro" que era mantenerlo, por no hablar de la "pésima" atención al cliente. "Creo que esa experiencia inicial fue una de las razones por las que yo regresé a España, en 2006, para crear MásMóvil. Antes de llegar, pensaba que los teléfonos móviles eran cosa de 'snobs', de gente rara que no se avergonzaba por hablar por la calle. Pero sobre todo no entendía cómo los españoles podían aguantar un nivel de servicio tan malo como el de la telefonía móvil de la época".

José Antonio López, presidente de Ericsson España, recuerda dos móviles de aquellos primeros contactos con la telefonía móvil. El primero fue el Motorola 8.800 X, un armatoste de 800 gramos -sin incluir su funda tamaño maletínque López se encargaba de comprar en Europa y vender en Asia. "A finales de 1992 trabajaba en un importador-exportador de telefonía móvil. Se vendía muy bien allí ya que al tener repetido el número 8 daba muy buena suerte en Asia. No era broma. De hecho, luego me enteré de que los Juegos Olímpicos de Beijing arrancaron el 8 del 8 del 2008 a las 8 horas, 8 minutos y 8 segundos". Ese móvil medía 30 centímetros, más otros 12 centímetros de antena. "Parecía que ibas a pescar, porque no había dónde meterlo. Además, la batería duraba 30 minutos, por lo que resultaba imposible tener una experiencia de móvil como ahora podemos pensar. Más que un teléfono era un objeto de exhibición, además de que muy poca gente tenía móvil con quien hablar y había muy poca cobertura", recuerda.

En 1994, el presidente de Ericsson España montó junto con otros socios una tienda de telefonía móvil y fue entonces cuando quedó cautivado por el Ericsson EH 237, cuyo apodo en el sector era 'James'. "Era la bomba. Fue mi primer contacto con la marca. Consistía en un 'telefonito' analógico que bajaba de 200 gramos, de entre 12 y 13 centímetros, que se podía llevar en el bolsillo de la chaqueta, con su batería de repuesto en el cinturón. Fue revolucionario para su tiempo, no sólo por los tonos azulados de sus teclas sino porque fue el primero que se atrevió a cambiar el tono convencional de la llamada por la melodía 'Para Elisa', de Beethoven. La gente alucinaba". Acostumbrado a los móviles de gran tamaño, con estos dispositivos tan pequeños, López comenta que "repetía el gesto naif de acercar el móvil a la boca para hablar y acto seguido llevarlo al oído para escuchar, pensaba que el micrófono no tenía suficiente alcance y dudaba de que se escuchara bien". Después llegó a sus manos el Ericsson T28, modelo que se hizo popular en el año 2000 con un simpático anuncio de alienígenas a la caza de vida inteligente de la Tierra, como una vaca o un hombre con el T28. Sin duda, "aquellos eran móviles para enseñar y molar".

comentariosforum0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
forum Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.