Status

Ana Locking: "Hay que ser más honestos y veraces. Los tiempos no están como para vender humo"

  • En marzo le diagnosticaron un tumor en el pecho y su vida, en plena pandemia, dio un vuelco
  • La diseñadora narró su experiencia en el desayuno coloquio organizado por Novartis y El Economista
  • Hoy 19 de octubre, precisamente, se celebra el Día Mundial del Cáncer de Mama
La empresaria y diseñadora Ana Locking nos abre las puertas de su taller en Madrid (fotografías de Dani G. Mata).
Madrid

Nadie esperaba que un año tan cabalísticamente simétrico en sus cifras, como el 2020, fuera a traer consigo tantos cambios y perplejidades. Si todas nuestras rutinas han dado un gran giro en los últimos meses, la vida cotidiana de la empresaria y diseñadora Ana Locking (Toledo, 1970) ha sido en ese sentido especialmente dura, emocional e intensa, aunque también reveladora en muchos aspectos.

A principios del pasado marzo, descubría que tenía cáncer de mama, por lo que tuvo que operarse casi de inmediato para poder extirparlo; el confinamiento puso contra las cuerdas su empresa textil, a borde del colapso por el desplome del consumo; y para colmo, en plena convalecencia, su pareja se contagió de Covid-19, por lo que tuvo que pasar -como ella misma explica en el transcurso del desayuno coloquio sobre el Cáncer de Mama organizado por Novartis y El Economista, en el que participa como ponente- "de paciente a enfermera".

Un huracán de sentimientos, sensaciones y desafíos que le han hecho replantearse muchas cosas y obligado a enfrentarse con crudeza a una enfermedad -el Cáncer de Mama- que este 19 de octubre celebra su Día Mundial (con su ya icónico lazo rosa como símbolo reivindicativo).

Tras el desayuno, nos reunimos con ella en sus oficinas (taller y 'showroom' todo en uno), ubicadas en pleno centro de Madrid, un edificio señorial de elegante fachada modernista, obra del arquitecto José Grases Riera, el mismo que diseñara el famoso Palacio Longoria, actual sede de las SGAE.

Ana Locking, asomada al balcón de su taller-oficina de Madrid.

En el salón principal, perfectamente ordenada en perchas, cuelga su última colección, Too Young to die Old (Demasiado joven para morir viejo), vibrante en su mezcla de colores, brillos y tejidos, con la que pretende capturar los anhelos de los más jóvenes, la llamada Generación Z.

La palabra que quizá mejor defina estos tiempos raros en los que vivimos es 'incertidumbre', aunque en su caso ésta adquiere otros muchos significados.

Es verdad. La enfermedad te hace vislumbrar una puerta oscura, pero también te abre a la vez muchas ventanas, llenas de luminosidad. Te hace caer en la cuenta de ciertos aspectos muy concretos de la vida. Te hace priorizar cosas y valores

La incertidumbre siempre está ahí. "Y si mañana regresa la enfermedad", te preguntas. Tienes que aprender a vivir con ello. Sólo puede combatirse con concentración en otras cosas. Cariño, amor y trabajo. Con la pandemia nos va a pasar lo mismo. Estamos todos aprendiendo a vivir con ella. No somos los mismos que cuando empezó el confinamiento, allá por marzo. Entonces se paralizó todo y estábamos asustados. Ahora la vida se abre paso y continúa. Antes había congoja y angustia. Ahora estamos aprendiendo a normalizar esta situación.

En su caso, además, el teletrabajo no parece una opción viable.

Nosotros necesitamos estar físicamente en el taller. Tengo modistas y patronistas que utilizan unas máquinas especiales que no se pueden llevarse a su casa, un espacio determinado. Hay que tocar los tejidos, embalar prendas que deben entrar y salir. Al final, no te queda otro remedio que estar aquí.

Cuando uno ha creado su propia empresa desde cero y la siente como suya, priorizar lo personal sobre lo laboral supongo que tampoco es una tarea fácil.

Es curioso porque yo muy pasional y cerebral al mismo tiempo. Tengo un equilibrio extraño en ese sentido. Un lado germánico fuerte y otro tremendamente latino a la vez. La enfermedad me ha enseñado a valorar los aspectos esenciales de mi trabajo y dejar a un lado los que no lo son tanto. En lo cotidiano, eso significa que si no llega un tejido concreto y la colección se me queda coja, lo sustituyo por otro y ya está. Antes, quizá, algo así podía convertirse en una pequeña tragedia, pero ya no.

Mi trabajo es la moda. Es mi forma de expresar mis sueños, mis anhelos y también mis frustraciones, una vía de autoexpresión y de búsqueda. Pero también he aprendido a diferenciar lo realmente importante de lo accesorio. Ya no me vuelco loca si algo sale mal o se extravía una caja de un envío. No hay que exagerar tanto las cosas, me las tomo en su justa medida.

Ana Locking posa para 'Status' con parte de su última colección ('Too Young to Die Old') de fondo.

Por culpa del Covid-19, el mundo de la moda está sufriendo una crisis tremenda, casi estructural.

Cierto, y eso está obligando al sector a replantearse el negocio desde todas las vertientes posibles. Desde el lado de las marcas, donde las ventas han bajado muchísimo, hasta en el sector editorial, donde también se ha sufrido un gran batacazo a nivel de publicidad. Hay temas esenciales, como la conciencia ecológica, la sostenibilidad o el cambio climático, que el consumidor está demandando y a los que no podemos dar la espalda.

Creo que, en cierto modo, la industria de la moda caminaba por un callejón sin salida y que, al final, todo esto que está pasando puede traer consigo algo bueno. Es decir, que incluso de algo aparentemente negativo, como me ha ocurrido a mí con el cáncer, pueden acabar surgiendo cosas positivas.

Acaba de aludir al mundo editorial, ¿se refiere concretamente al mundo de las revistas de moda?

Sí. Las enormes publicidades millonarias que las grandes marcas invertían obligaban a los grupos editoriales a dar respuesta en contenido, un apoyo editorial cada vez más sofocante, sin ese camino creativo detrás para el cual nacieron esas revistas de moda. Las grandes firmas imponían su peso porque eran quienes pagaban la publicidad. Ahora hay un replanteamiento de todo esto.

¿En qué sentido?

Las firmas ya no tiran tanto de la publicidad en medios, sino que utilizan sus redes sociales para generarse su propia publicidad. ¿Y qué ocurre? Que se gana en creatividad. Ya no vale eso de que cada temporada hay que contar una cosa nueva por el simple hecho de ser nueva. Se pide además que sea relevante. El público demanda más honestidad, más credibilidad, más veracidad. La moda está buscando una respuesta a todo esto. Hay nuevas formas de comunicar, de establecer vínculos con el público, formas más creativas, más libres.

¿Qué tipo de comunicación comercial realizan en ese sentido en Ana Locking?

Las firmas pequeñas de autor, como la nuestra, llevamos toda la vida obligados a desarrollar el ingenio ante las dificultades. Al no poder competir por tamaño o presupuesto con las grandes, somos más ágiles y estamos más preparados para responder mucho más rápido a las nuevas necesidades, como la de desarrollar una conciencia ecológica.

Insisto, hay que ser más honestos y veraces. Los tiempos no están para vender motos. Lo que llevan vendiendo humo toda la vida, no sabrán adaptarse a lo que está sucediendo.

Durante el confinamiento nos hemos acostumbrado a consumir menos ropa. ¿Temen que esta tendencia se mantenga en el tiempo?

Las circunstancias ponen en su sitio las prioridades. Ahora mismo no hay fiestas, no hay eventos, la gente trabaja más en casa y necesita comprar menos moda. Las circunstancias han cambiado. Esto nos lleva a la idea de un consumo más responsable. Y en eso los diseñadores tenemos mucha responsabilidad. Nosotros hacemos dos colecciones al año, pero hay marcas que firman hasta diez por temporada. Doscientas salidas en un desfile, quinientas prendas en una colección, una barbaridad. ¿Para qué tanta ropa? ¿Hacia dónde vamos? No hay tanta necesidad de todo. La moda no depende de la cantidad, no toda la ropa es válida.

Yo digo, vamos a tranquilizarnos un poco, hagamos ropa con una historia de verdad detrás. Se puede contar lo que quieres expresar con muchas menos prendas, más escogidas quizá, confeccionadas con más mimo. Concentrémonos en lo textil, en una mayor calidad, en una ropa más duradera en el tiempo y todos saldremos ganando.

Y hablo de un consumo más responsable en todos los aspectos. Como sucedía con la fiebre por viajar, por ejemplo. Antes uno tenía que recorrer toda Europa en una semana para sentirse vivo. Pues quizá lo que necesites es justo lo contrario, detenerte en un sitio bonito, contemplarlo bien, y no moverte de ahí durante varios días.

Y sin embargo, a pesar de todo, la moda también posee su lado luminoso. Necesitamos renovar el armario de vez en cuando.

Por supuesto, la moda tiene un sentido lúdico muy necesario. Puede cambiarte un estado de ánimo y darte algo de perspectiva en un día oscuro, ante una situación complicada de sobrellevar.

La moda te anima, te ayuda y ésa es una parte muy bonita de este negocio que se tiende a infravalorar. Al margen de eso, además, yo siempre intento contar algo a través de mis creaciones, del mismo modo que lo puede hacer la pintura, el cine o la música. El arte llena un vacío importante en nuestras vidas y nos ayuda a convivir con nuestro lado espiritual, a plantearnos preguntas.

Me gusta pensar que yo intento contar historias a través de mis diseños, plantear temas sociales, políticos o generacionales, como ocurre en mi última colección.

Hace apenas unas semanas que se ha celebrado la Mercedes-Benz Fashion Week de Madrid, bastante marcada este año por las limitaciones de las medidas anti-Covid. ¿Cree que los desfiles tienen sentido en esta situación?

Mientras dure la pandemia, sólo las firmas con un gran poder económico van a poder hacer desfiles con la profundidad que un espectáculo como éste requiere. Poder alquilar esos espacios gigantescos y maravillosos con la separación necesaria y la acústica adecuada. Yo este año, por razones obvias de mi enfermedad, no he podido estar, aunque tampoco sé que habría hecho si hubiera podido.

Un desfile es como una performance que genera una reacción casi inmediata con el público, como una obra de un teatro que dura apenas unos minutos pero está muy concentrada en su intensidad emocional. Yo creo que es algo que no se debe perder.

Valoro el arrojo de las pequeñas firmas, aplaudo su valentía y esfuerzo para tirar hacia delante, pero es un espectáculo que queda deslucido y triste si no se dan las condiciones necesarias. Tal vez haya que buscar fórmulas menos convencionales, hacer de la necesidad virtud.

Y ya por concluir, acaba de participar como poniente en el desayuno coloquio sobre el Cáncer de Mama que ha organizado Novartis y El Economista. ¿Cuáles serían las conclusiones finales a las que han llegado sobre esta enfermedad y su prevención tra.s el encuentro?

La idea principal, creo, es que todos juntos podremos vencerla si conseguimos darle más visibilidad y concienciar mejor sobre ella. La detección precoz, y hablo como paciente, es fundamental. La diferencia entre una buena y una mala situación

También me gustaría añadir que el cáncer es una enfermedad que no solamente la sufre el paciente, también la pareja, los familiares o los amigos. Creo que los pacientes tenemos una gran responsabilidad en ponérselo fácil a las personas que tenemos cercanas para que tengan la fuerza suficiente como para darnos el amor y el cariño que necesitamos, porque no es fácil.

Al final, no todos estamos preparados emocionalmente para saber qué dar en cada momento y la palabra cáncer ha estado, y sigue estando, tan estigmatizada que parece que con el simple hecho de pronunciarla agravase la situación por segundos.

Yo he sacado fuerza, coraje y cierta valentía para seguir adelante gracias a mi pareja, a mi familia, al amor y a la amistad. Al final se abre un mundo de solidaridad, de coraje, de cortesía y pensamiento que es muy alentador, muy curativo y muy reparador.

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