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Mi paseo por la Quinta Avenida de Nueva York con Kofi Annan tras ser nombrado secretario general de la ONU

  • Kofi Annan fue elegido secretario general de la ONU el 1 de enero de 1997
  • Un día después me lo encontré en el ascensor junto a su esposa
  • Después caminamos por la Quinta Avenida y le acompañe hasta la ONU
Madrid

Kofi Annan fue uno de los personajes más importantes de su generación. El primer Secretario General de Naciones Unidas de raza negra; su posición frente a guerra de Irak le valió la animadversión del Gobierno americano que tanto había presionado para su nombramiento.

Annan era inmediatamente reconocible por su elegante presencia, con vestimentas que querían recordar a su país, Ghana, pero claramente occidentalizadas. Tipo carismático, tenía fama de simpático.

Annan tras un primer matrimonio con una conciudadana con la que había tenido dos hijos, se casó en 1984 con la abogada sueca Nane Lagergren. Ambos habían trabajado en organismos dependientes de Naciones Unidas. En 1987 se trasladaron a Nueva York donde Annan ocupó altos cargos en la organización hasta su elección como Secretario General.

Nane , -se pronuncia Nani- es hija de Nina , medio hermana del famoso diplomático sueco Raoul Wallenberg que salvó a numerosos judíos húngaros durante su estancia como diplomático en Budapest en la segunda guerra mundial. Raoul fue arrestado por los soviéticos tras la entrada del ejército Rojo en Budapest y falleció bajo custodia de estos en una cárcel rusa. Es uno de los personajes más famosos de la historia reciente de Suecia.

Los Wallenberg, de origen judío, son una de las más poderosas familias suecas. Todos son sumamente discretos y extremadamente modestos en sus apariencias. Hasta el punto de que en una cena en la Embajada española en Estocolmo, hacia 1977, estando yo destinado allí como Consejero de Prensa y Turismo, la esposa de uno de los tres hermanos me comento que en su casa no había servicio fijo y que solo disponía de una asistenta unas horas a la semana. Nane hace honor a la familia, es reservada, y discreta a pesar de su aspecto: rubia, alta y con unos modales que denotan inmediatamente la clase alta de Estocolmo.

Un paseo con Kofi Annan por Nueva York

Kofi Annan fue elegido de Naciones Unidas el 1 de enero de 1997. Al día siguiente amaneció uno de esos días neoyorquinos que parecen madrileños por la luz pero son aún más fríos que aquí.

Hacia las nueve de la mañana y tras haber hecho mi ejercicio en el New York Athletic Club, en la zona Sur de Central Park, que en sus pisos superiores tiene un hotel para los socios, cojo el ascensor descendente y allí que me encuentro con el imponente Kofi, con su chaquetón-abrigo y gorro de astracán y con Nane, embuchada en un abrigo de visón y con enormes gafas de sol.

Al entrar no pude evitar un congratulations Mr Secretary General a lo que me respondió con un gracias y una enorme sonrisa. Torpemente me dirigí a Nane a la que le dije en sueco:  "God morgon" (buenos días). Sin mirarme, me contestó en inglés: "Good morning". Diciéndome claramente que no tenía la más mínima intención de entablar conversación conmigo. Annan salió al quite y me pregunto qué hacía en Nueva York a lo que contesté que era cónsul español para turismo. "Ah que interesante, yo fui Director General de Turismo de Ghana en los años setenta…" y con eso llegamos a la planta baja. Camino de la puerta, me preguntó dónde tenía la Oficina y le dije que en la Quinta Avenida con la 52. "Que bien", me dijo. "Me queda de camino, ¿no le importa que le acompañe?" "Será un honor", le conteste. Y así empezamos a caminar con Nane mal agarrada a su brazo y con cara de pocos amigos. Kofi había encontrado la salvación en un extranjero que estaba encantado de escucharle.

El precioso paseo por delante de hotel Plaza y por las siete manzanas de la Quinta Avenida que van de la 59 a la 52 es energético. A la izquierda Tiffanys y el edificio Trump. A la derecha Bergdorf Goodman, el gran almacén más lujoso del mundo y luego el Museo de Arte Moderno, entre otros destacados edificios.

Ni Annan llevaba guardaespaldas ni nadie -muy neoyorquino –le echó una mirada. Le comenté que yo también había sido Director General de Turismo en mi país y hablamos sobre el tema. Al llegar a mi Oficina, en el 666 de la Quinta, le pregunté si no le importaba que le acompañara yo ahora a la suya, unas quince manzanas, a lo que me contestó con un humor magnífico: "Será un honor Señor Cónsul".

Y así seguimos, nosotros hablando y Nane callando, hasta llegar al famoso edificio de Naciones Unidas. Al acercarnos dejó de ser el amable ciudadano y se convirtió, o más bien le convirtieron los agentes de seguridad que salieron a recibirle, en uno de los funcionarios más importantes del mundo, mientras yo desandaba el camino como en los tiempos de la adolescencia, camino de mi trabajo.

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