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5 ciudades de Italia y Francia que han acabado dando nombre a 5 productos mundialmente famosos

  • Todas ellas han acabado identificándose con un artículo o ingrediente de lujo
  • Del mármol al vidrio, pasando por las ostras, el brandy o el vinagre balsámico
  • En ocasiones, la denominación de origen casi se confunde con el propio lugar
Panorámica de la 'Piazza Grande' de la ciudad italiana de Módena.
Madrid

Son productos con nombre y apellido: queso de Cabrales, jamón de Jabugo, mantas de Ezcaray, navajas de Albacete, pimientos de Padrón o ajo de Las Pedroñeras. En España existen numerosos casos de productos o artículos asociados de una forma tan poderosa e íntima con una localidad concreta que casi han acabado 'canibalizando' el propio nombre del lugar como un sinónimo.

Es, sin embargo, en Francia e Italia (posiblemente, las dos naciones europeas que inventaran el concepto moderno del término 'lujo') donde este curioso fenómeno se ha logrado popularizar y expandir de una manera más universal.

He aquí 5 productos de máxima calidad que han conseguido convertir en mundialmente famosos el lugar del que proceden (o al revés):

Cristal de Murano

Murano es un diminuto islote ubicado justo enfrente de la ciudad de Venecia, apenas a un kilómetro de distancia de la celebérrima Plaza San Marcos. Sus apenas 6.000 habitantes viven en unas pintorescas casas -de fachadas renacentistas- pintadas con vistosos colores pastel, abrazadas a los márgenes de unos canales navegables de aspecto muy similar a los de sus famosos vecinos. Un lugar muy turístico que se visita normalmente en ferry junto a otras dos islas vecinas: Burano y Torcello.

Sin embargo, lo que ha dado fama mundial a esto pequeño pedazo de tierra flotante es la producción artesanal de delicados objetos de cristal, un arte que se mantiene y conserva como la más alta expresión entre ese refinado gremio (los maestros vidrieros) que aún mantienen el secreto de lograr transformar un puñado de simple arena -con el fuego de sus hornos y el aire de sus soplidos- en pequeñas piezas de coleccionismo.

Varios de sus talleres históricos se han convertido en firmas internacionales de prestigio (como Salviati, Barovier & Toso, FerroMurano o Berengo Studio) y continúan utilizando las mismas técnicas artesanales que sus antepasados a la hora de realizar lámparas, murrinas (uno de sus símbolos icónicos) o todo tipo de objetos.

Como curiosidad, cabe resaltar que artistas de renombre como Picasso, Fontana o Chagall recurrieron en su día a los maestros vidrieros de Murano para dar forma a alguna de sus obras concebidas en cristal.

La ostra de Arcachon

Arcachon es una localidad costera situada a unos 60 kilómetros de Burdeos, muy cerca de la Gran Duna de Pilat, uno de las grandes atracciones turísticas de esta zona de Francia, la colosal pirámide de arena natural de 109 metros de alto (500 metros de ancho y 60 millones de metros cúbicos de arena) desde cuya cima es posible obtener una vista panorámica de toda la bahía, con sus extensos y paradisiacos bancos de arena fina y blanquecina (visitada por el año por todo tipo de aves migratorias, otra de las grandes atracciones de esta zona).

Pero el gran símbolo de esta localidad son sus criaderos de ostras, con su inconfundible aroma salobre. Dicen que ya los antiguos romanos apreciaban la ostra de Arcachon como una de las más sabrosas del mundo conocido, aunque su producción no comenzó a desarrollarse de forma masiva hasta el siglo XIX.

La carne densa y sabrosa (casi como un bocado del mejor solomillo) de la ostra de Arcachon es además rica en sales minerales y vitaminas. Normalmente, se degusta en crudo (quizá con un buen chorro de limón encima para 'abrir' sus aromas), acompañada de pan de centeno con mantequilla normanda y un buen vaso de vino blanco de Burdeos.

Mármol de Carrara

Carrara es un municipio italiano de la región de Toscana. A pesar de lo turístico de la región (Carrara se encuentra a menos de 50 kilómetros de distancia de Pisa y su Torre inclinada, no se halla entre los destinos más populares precisamente. Entre sus atractivos, cabe destacar una catedral del siglo XII y un palacio ducal renacentista. Y sin embargo, su nombre es universalmente reconocido gracias a una roca caliza que se extrae a las afueras de la población, dando lugar a una importantísima industria minera: el apreciado mármol blanco de Carrara.

Alabado ya por los antiguos romanos por su cegadora blancura (con ligeras tonalidades azuladas o grisáceas), su gran calidad -casi sin vetas- y un grano de fino de característico aspecto harinoso, los arqueólogos afirman que las canteras de mármol de Carrara eran ya -con toda probabilidad- explotadas en la Edad de Bronce.

Muchas de las construcciones clásicas del Imperio Romano -así como cientos de opulentas y ostentosas residencias de las familias patricias- fueron levantadas utilizando imponentes bloques de este mármol (como, por ejemplo, el Panteón de Agripa o la Columna de Trajano ).

Entre sus mayores admiradores se encontraba el genial e inmortal escultor Miguel Ángel, quien se encargaba personalmente de seleccionar los bloques, incluso a pie de cantera, antes de realizar sus estatuas. Todavía hoy, el mármol de Carrara se exporta como material de lujo para las residencias y mansiones más exclusivas de Oriente Medio o Asia, siendo muy utilizado especialmente en revestimientos de cocinas y baños .

Coñac de Cognac

A mitad de camino entre Burdeos y La Rochelle, se levanta esta coqueta ciudad medieval de nombre irremediablemente inspirador. Su casco antiguo merece una visita por parte del curioso, así como sus calles y bulevares del ensanche, una localidad de provincias típicamente francesa marcada por el innegable sabor y carácter del licor universal al que da nombre.

Antes de nada, debemos aclarar un asunto espinoso: en España, como en otras muchas partes del mundo, existe una confusión generalizada entre los términos brandy y coñac.

Por resumirlo en una sola frase: el brandy es un tipo de bebida, mientras que el coñac es un tipo de brandy. Es decir, el brandy es el nombre genérico de un tipo de licor concreto (que se elabora a partir del vino), mientras que coñac es un tipo de brandy que se elabora exclusivamente con uvas procedentes de la región de Cognac (teniendo, además, un proceso específico en su destilación).

Repitámoslo una vez más: el brandy se puede producir en cualquier parte del planeta; el coñac solamente en esta área de Francia (bajo la Denominación de Origen Controlada de Cognac, la DOC).

Aquí se asientan las grandes marcas de coñac del mundo (como Hennessy, Camus, Courvoisier o Rémy Martin), sobre un suelo de caliza que contribuye a la calidad de sus uvas, utilizando en su elaboración un proceso de destilación (dos años en cubas de roble) que aporta al licor un sabor y una fragancia únicos en el mundo.

Como curiosidad, cabe destacar, que sólo otras dos regiones de Europa poseen denominación de origen propia a la hora de elaborar brandy: la de Armañac, también ubicada en Francia, y la española de Jerez.

Vinagre de Módena

Módena es una ciudad italiana de poco más de 180.000 habitantes situada en la Emilia-Romaña, muy cerca de localidades como Parma o Bolonia. Posee una espectacular Piazza Grande (declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), espacio que alberga la catedral y su afamada torre Ghirlandina.

Los amantes del motor y la gastronomía tienen también en Módena dos referencias icónicas. Aquí fue donde Enzo Ferrari fundase la Scuderia que lleva su nombre (no cabe olvidar que Maranello, la popular sede de Ferrari, se encuentra a apenas 20 kilómetros del centro de Módena). Y aquí es también donde se encuentra la Osteria Francescana del chef Massimo Bottura, establecimiento que ha sido considerado en diversas ocasiones como el mejor restaurante del mundo.

Y hablando de gastronomía, es precisamente su vinagre (aceto en italiano) balsámico el que le ha dado fama mundial. Se trata de un producto de lujo elaborado a partir de una mezcla de diversos vinos (tanto tintos como blancos) obtenidos a su vez de diversas variedades de uva. Se caracteriza por un sabor fuerte, pero ligeramente dulce, una textura espesa y su color oscuro.

Es posible encontrar versiones industriales en cualquier supermercado de barrio, pero no conviene confundirlo con el auténtico vinagre de Módena, el cual se madura en toneles de madera de forma artesanal por períodos de 4 a 5 años (llegando incluso a doce largos años en las ediciones más exquisitas).

Es por ello que una pequeña botella de auténtico vinagre de Módena puede alcanzar en el mercado un precio de 70 u 80 euros -entre los más económicos- y de hasta 500 euros entre los más exclusivos.

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