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En primera persona: el día que vi a Isabel II a la 'la sillita de la reina'

  • La fiesta de verano de la Reina es uno de los eventos del año
  • Una celebración que tiene lugar en los jardines de Buckingham
  • En 2008, Isabel II evitó el barro de sus zapatos de una original manera
Retrato de Isabel II. Foto: Dreamstime
Madrid

Todos los diplomáticos acreditados ante la Corte de San Jorge desean acudir a la fiesta de verano que ofrece la Reina durante el mes de julio en los jardines del Palacio de Buckingham, pero los elegidos son pocos. Las invitaciones se limitan a un pequeño número por cada Embajada. En el año 2008 tuve la suerte de conseguir un par de ellas para acudir con mi esposa, a pesar de que ese 6 de julio se celebraba, a unos pocos kilómetros, en Wimbledon, la final entre Nadal y Federer.

Como el partido de tenis empezaba a las tres de la tarde pensamos que podíamos verlo y acudir a Palacio un poco antes de las cinco. El partido empezó media hora tarde Las cinco se acercaban y el partido se alargaba, así que lo seguimos viendo mientras nos poníamos el traje de los domingos. Ya nos enteraríamos del resultado.

Llueve en Inglaterra

Al poco de llegar, en taxi, a Buckingham, empezó a llover modestamente por lo que pudimos seguir disfrutando de los inmensos jardines, entrando y saliendo de unas tiendas de campaña que nos protegían. Pero la lluvia arreció y poco a poco la hierba se iba volviendo gallega. Apenas nos había dado tiempo a tomarnos un 'claret', es decir un tinto de Burdeos, de calidad media y algún mini sándwich de pepino, siguiendo la irremediable tradición.

Pasear por los inmensos jardines de ese palacio, si el tiempo lo permite, o si no lo permite con un chubasquero, es un verdadero lujo. La increíble variedad de plantas y flores es sorprendente. Los muros que rodean el espacio nos dan una sensación de privacidad realmente al alcance solo de una minúscula minoría.

Isabel II a la 'silla de la reina'

La Reina ya había saludado a quien el protocolo había decidido que debía saludar- yo no estaba entre ellos- y la lluvia ya era inglesa, así que se inició la retirada; las señoras, descalzas, preferían mojarse los pies a hundirse con sus zapatos de tacón. Antes de salir echamos una mirada a la tienda real a ver qué había pasado con 'maam' y lo que vimos fue precioso. Dos robustos caballeros, sus brazos entrecruzados y sus pies encharcados transportaban a la impenetrable Majestad con el inigualable sombrero y su bolsito colgando del brazo, camino de las zonas secas y construidas. Entendí entonces porque a eso lo llamaban "la sillita de la Reina". Sin embargo en inglés no existe esa expresión. La traducción es 'Chair position made by two people crossing arms'. Definición muy descriptiva pero poco emotiva.

Salimos por la puerta lateral que da a Grosvenor Place, por donde suelen circular los omnipresentes taxis negros londinenses, sin tener que cruzar el Palacio, pero con el agua y la enorme demanda de elegantes prófugos no había manera de conseguir uno. Así que, absolutamente mojados, no nos quedó otro remedio que emprender a pie el camino de regreso que podría durar unos treinta minutos. Nos acompañaba la corresponsal en Londres de la Radio Pública de Suecia, Maria Eksedler, vecina de piso.

Afortunadamente al poco oímos que nos llaman: 'Barbara, Ignacio', y vemos que las voces proceden de un mercedes negro; nos acercamos y resultaron ser el Embajador Casajuana y su esposa Margarita que nos invitaron amablemente a apelotonarnos en el coche, ellos dos, el chofer y nosotros tres y nos acompañaron hasta nuestro domicilio.

Como también había llovido en Wimbledon el juego tuvo que ser suspendido en varias ocasiones, así que como todavía eran solo las siete de la tarde, pudimos disfrutar aun de un par de horas del partido que ha sido calificado como el mejor en la historia de ese deporte y que tras enorme emoción terminó ganando nuestro gran tenista.

Al día siguiente la aventura del salvamento de la corresponsal por parte del Embajador español fue debidamente recogida por la radio Sueca. Como en los viejos tiempos caballeros españoles salvan a dulces doncellas nórdicas.

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