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Vida y delitos de Jean Herrina, el príncipe de los ladrones de guante blanco

  • Fue el hombre que robó el famoso diamante 'Lian' en Marbella en 2002
  • Ni siquiera las cámaras de seguridad eran capaces de detectar sus movimientos
  • Una vez detenido, cansado de todo, se quitaría la vida en una prisión francesa
Cary Grant dio vida a un elegante ladrón de guante blanco en 'Atrapa a un ladrón' (1955), de Alfred Hitchcock.
Madrid

En marzo del año 2006 fallecía en su celda de Draguignan, en la región francesa de Var (no lejos de la Costa Azul), un hombre de apariencia vulgar, al que rara vez sus compañeros de presidio vieron sonreír. La prensa internacional apenas se hizo eco de la noticia. Pero en realidad sí que habían hablado de aquel hombre tiempo atrás.

Lo habían apodado El Sultán, también El Príncipe, o incluso El Emir. Aquel tipo que había amanecido ahorcado en su celda era nada menos que Jean Herrina, el ladrón de guante blanco más importante del mundo de durante los años 80 y 90.

A lo largo de sus años de actividad, Herrina robó millones de dólares en joyas en ciudades de todo el mundo: piedras preciosas en Ginebra, joyas varias en Hamburgo, diamantes en Hong-Kong, relojes de lujo en Alemania y hasta el famoso diamante Lian, en Marbella.

La técnica era siempre la misma: escogía la joyería más destacada del lugar, se presentaba como un heredero de la casa real saudí o de alguna otra gran fortuna árabe, y pedía ver su mejor pieza.

Salir del establecimiento con la joya en el bolsillo sin haberla pagado resultaba entonces mucho más sencillo de lo que pudiera parecer. Para ello, como la mayoría de los estafadores, jugaba con la ambición de aquellos a los que robaba, que soñaban con hacer la venta de su vida.

Asuntos de familia

Jean Herrina nació Roma en 1956, aunque viviría desde muy niño en París. De padre libanés y madre argelina, aunque fue bautizado como Jean, desde joven se ganaría el sobrenombre de Djamal, como consecuencia de su cobrizo color de piel.

Una de los pocos posados que se conservan de Jean Herrina, el maestro de los ladrones de guante blanco.

Eran ocho hermanos en casa, aunque nunca faltaba de comer porque sus padres eran buenos en su oficio: el robo y la estafa, disciplinas en las que formaron a sus hijos recordándoles siempre una regla inquebrantable: no debían nunca emplear la violencia. Y está claro que de todos sus vástagos, fue Jean el más aventajado.

Consciente de que la mejor forma de evolucionar en el negocio familiar era estar siempre en movimiento, cruzando fronteras y evitando que pudiesen seguir su rastro tras cada golpe, Jean Herrina llegó a desenvolverse en cinco idiomas: francés, inglés, árabe, italiano y español. Vestía con elegancia y buen gusto, nada extravagante que pudiese llamar la atención.

Solía lucir un cuidado bigote, y bajo él, una sonrisa coqueta y, más importante aún, tranquilizadora. Aquella sonrisa fue una de sus mayores herramientas de trabajo.

Durante su juventud, en aquellos primeros años de formación, convirtió el barrio parisino de Barbès en su centro de operaciones. Tanto, que cuando sus golpes comenzaron a atraer la atención de la prensa, se le bautizó con el apodo de El Sultán de Barbès. Gracias a su padre y sobre todo a su madre, Jean gozó de un ojo bien entrenado para reconocer las joyas que realmente valían la pena.

También le enseñaron a trabajar los gestos, las señales y los modales, de forma que pudiera relacionarse con sus víctimas como un mago con su público, y conseguir así el golpe de efecto deseado.

Cuando aún no había cumplido los 25 años, Jean Herrina ya comía en los restaurantes más exclusivos de París, conducía un Porsche y era el rey de los cabarets orientales y de las prostitutas marroquíes de la ciudad. El muchacho parecía ya preparado, para convertirse, en el maestro internacional del timo.

Los diamantes 'voladores'

Entre sus golpes más destacados puede señalarse el de Niza, en 2003: un falso príncipe Alwaleed Bin Abdulaziz al-Saud, de la familia real saudí, entra en una joyería. Herrina ha estudiado con detalle la apariencia y gestos del verdadero príncipe en fotos y grabaciones de vídeo.

Claudia Cardinale y David Niven en 'La pantera rosa' (1963), uno de los grandes clásicos del cine de ladrones de guante blanco.

Bigote, pelo alisado y zapatos negros de piel de cocodrilo. Le acompaña su esposa, con abrigo de visón. El príncipe quiere comprar dos diamantes, uno para su mujer y otro para él mismo. Todo el personal de la joyería se pone a su disposición.

Tras un tiempo de estudio de diversas piedras, tiempo en el que el príncipe no ha dejado de bromear y de ganarse la confianza y el afecto de los empleados de la tienda, se decide finalmente por los mejores ejemplares. Pide que le envuelvan ambos, por separado.

Mientras le preparan la compra y la factura, anuncia que saldrá a hacer una llamada. Así lo hace, junto a su esposa. Se meten en el flamante Mercedes que les está esperando ante la joyería y desaparecen. Por su parte, los empleados de la tienda siguen en su entregada labor de envolver dos cajas vacías, porque el príncipe Alwaleed, también conocido como Jean Herrina, ya tiene ambos diamantes en su poder. ¿La cuantía del golpe? 2,8 millones de euros.

El modus operandi habitual de Herrina sería muy similar al descrito en la mayor parte de los golpes. A veces lo alteraba sutilmente, como en Ginebra, en mayo del 98, cuando llegó a un acuerdo con un joyero para que este enviase a alguien con varias piezas a su hotel, con objeto de que su esposa, supuestamente enferma en cama, pudiese escoger una como regalo. Para convencer al primo, el destacado heredero árabe se ofreció a dejar una cantidad a modo de depósito, algo que el joyero no vio en absoluto necesario.

El empleado de la joyería llegó al hotel y se reunió con el timador y su supuesta mujer en una suite habilitada para el encuentro. Pasado el tiempo, y ya con algunas de las joyas en los bolsillos de Herrina, la mujer dijo empezar a sentirse mal. El supuesto acaudalado heredero le pidió entonces al joyero que le esperara unos minutos mientras acompañaba a su esposa a su dormitorio. Pero la pareja pasó de largo y se dirigió al parking para salir del hotel rumbo al aeropuerto.

Y no contento con todo esto, en un alarde de triple salto mortal de la estafa, Jean Herrina decidió matar el tiempo de espera de salida de su vuelo sacándole 24.000 francos suizos a una sucursal bancaria del aeropuerto, empleando para ello credenciales y cheques falsos que ya tenía preparados para reforzar la historia anterior.

Gran golpe en Marbella

El punto álgido de la carrera de Jean Herrina llegaría en el año 2002 con dos golpes increíbles. El primero tuvo lugar el 13 de agosto, en Saint-Jean-Cap-Ferrat (en los Alpes Marítimos). Allí, en la joyería de un hotel de lujo, se hizo con un diamante valorado en 145.000 euros. Su actuación quedó grabada por las cámaras de seguridad, pero tal y como reflejaría el informe policial: "Ni siquiera al ralentí, era posible determinar en el vídeo el momento exacto en el que sustraía la piedra".

Peter O'Toole y Audrey Hepburn aunaron fuerzas en 'Cómo robar un millón' (1966), otro clásico del cine de robos elegantes.

El segundo momento estelar del año llegó menos de un mes después, el 7 de septiembre, en Marbella, y es considerado el golpe maestro del Sultán de Barbès. Fingiendo una vez más ser un príncipe árabe, se presentó en la joyería Van Cleef de la ciudad malagueña vestido completamente de blanco y acompañado de una mujer muy joven años, que vestía un burka negro.

Solicitando una discreción extrema, informó a los encargados del negocio de que su intención era la de adquirir alguna pieza singular, una extravagancia. Así que se pusieron en contacto con la central de Van Cleef en París para encargar el envío de los mejores ejemplares, entre ellos la piedra Lian, un diamante rosa único de 22 quilates valorado en tres millones de euros.

El día que la joya llegó a la ciudad andaluza, Herrina empleó su modus operandi habitual, y como en otras ocasiones, pasaron varias horas desde la marcha del supuesto príncipe hasta que los dueños de la joyería se dieron cuenta de la desaparición de la magnífica joya.

El acto final

Esta vez, sin embargo, la suerte no acompañaría a Jean Herrina. Apenas dos semanas después del golpe en Marbella, el estafador era detenido en París, donde la policía francesa trabajaba desde hacía tiempo para poder echarle el guante.

No ha habido ladrón de guante blanco más elegante que Steve McQueen en 'El caso de Thomas Crown' (1968).

Fue juzgado y encarcelado. Y según las noticias de los siguientes años, este maestro de la estafa se iba apagando poco a poco en su celda, consumido por una claustrofobia insoportable y por los recuerdos de los días felices.

Tan apacible se le veía, que se le concedió un régimen de libertad vigilada, teniendo que volver cada noche para dormir en su celda. Hasta que una noche no se presentó.

Y en un último y genial impulso por disfrutar de sus dotes, inició una carrera de golpes fascinantes en unos pocos meses: en abril, estafa 193.000 euros a un banco privado de Zurich. En mayo son 130.000 en Amsterdam. En junio, en Baden-Baden, Alemania, se hace con dos relojes Breguet y dos Blancpain. Toda Europa está en jaque ante el Sultán de Barbès.

Un año después de su huida, estaba preparando una nueva hazaña cuando la policía le sorprendió en la Rue Ordener, en el distrito XVIII de París. Llevaba mil euros en el bolsillo y una caja de bombones bajo el brazo. Se disponía a coger un avión camino del aeropuerto.

Recluido una vez más, y esta vez, al parecer, realmente cansado, Jean Herrina apareció ahorcado en su celda unas pocas semanas después de ingresar en prisión, tenía 50 años. Sus familiares pusieron en duda que fuera un suicidio y apuntaban a un asesinato.

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forum Comentarios 2

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Usuario validado en elEconomista.es
Norlingen
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En Contra

Repugante la vida del amigo ""principe""moro....y mas aun que no le dieron su merecido sino tras 25 años de saqueos por toda Europa....

Puntuación 2
#1
aristoleches
A Favor
En Contra

En España no tenemos tipos tan inteligentes, aunque si igual de sinverguenzas. Pero aquí no roban a los ricos, sino a los ciudadanos que les han elegido en las urnas.

Puntuación 15
#2