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Por qué se resuelve ahora el caso Olof Palme, primer ministro (y antifranquista): Suecia busca tapar la gestión del Covid

  • Dominó la política sueca en los setenta y hasta su asesinato en 1986
  • La autoría del crimen ha sido resuelta este miércoles por la Fiscalía
  • Una sorpresa que sirve, dicen los rumores, para tapar la gestión del Covid
Olof Palme, exprimer ministro de Suecia
Madrid

A finales de septiembre de 1975 me encontraba en mi despacho en la Oficina Española de Turismo en Estocolmo en el número 25 de la céntrica Sveawägen cuando un colaborador entra precipitadamente y me dice "ven afuera, deprisa". Allí me precipito para ver al Primer Ministro Olof Palme con una hucha y un cartel colgando que ponía 'Por la libertad en España'. Iba caminando y recogiendo las donaciones camino de la vecina Plaza de Sergels Torg, la más emblemática de la ciudad. Fue una de esas imágenes que se quedan grabadas para siempre. Ningún otro Primer Ministro europeo se hubiera atrevido. Pero Palme era una persona absolutamente segura de sí misma, que pensaba que era un guía y no uno que se dejaba guiar. Sus ojos afilados, su rictus a veces desdeñoso, típico de algunos miembros de la clase alta de Estocolmo a la que pertenecía originalmente, le daban una formidable presencia. Dominó la política sueca durante los setenta y hasta su asesinato en 1986 por pura fuerza intelectual convirtiéndose en el político más importante del país de los últimos siglos.

Como es lógico, la imagen dio la vuelta al mundo, al menos a nuestro mundo. A partir de ese momento arreciaron las manifestaciones contra los establecimientos oficiales españoles en Suecia. En la Oficina de Turismo recibí incontables amenazas de bomba y una bomba de verdad que la policía logro desactivar, que debería explotar un sábado por la mañana a una hora en la que no era previsible que hubiera personas afectadas, pero que según la policía era la mayor que habían visto. Suecia retiró a su embajador en España y el español fue llamado a Madrid. Las manifestaciones ante la Embajada fueron de las más grandes que se recuerdan en esa ciudad.El motivo, como es bien sabido, fueron las ejecuciones del 27 de septiembre de tres miembros del Grapo y dos de ETA, el último acto de barbarie de la dictadura. Unos meses más tarde, en julio de 1976, el Rey nombra a Adolfo Suarez como presidente del Gobierno.

Fui un sábado por la mañana a jugar al al Real Club de Tenis de Estocolmo con Justo Jorge Padrón, que recogería al año siguiente el Premio Nobel de Vicente Aleixandre y al regresar de las pistas nos encontramos en el banco de al lado del vestuario a Olaf Palme con su compañero de fatigas Harry Shein, presidente del Instituto Sueco del Cine, y para mi mucho más importante, marido de Ingrid Thulin, la más bella de las grandes actrices suecas. Shein le pregunta a Palme quien es ese Adolfo Suarez a lo que este contesto con una de sus habituales frases rotundas "Un viejo fascista".

Sin embargo España empezó pronto a estar de moda en Suecia. Después de tantos años de menosprecio, la filmoteca sueca se interesó en montar una semana de cine español en Estocolmo. Me llamaron del Ministerio para que me entrevistara con Shein. Le llamé y quedamos a almorzar en el famoso Operakälleren, la Bodega de la Ópera, el mejor restaurante de la ciudad. Llegué puntual y al dar mi nombre al maitre me dirige a una mesa en la que estaba sentada una espléndida señora, le señale su error y me dijo que no, que esa era mi mesa. Al acercarme me percaté que la señora era la misma Thulin que con una sonrisa que hizo que me temblaran las piernas me dijo en italiano que Harry le había pedido que nos acompañara aprovechando que estaba en Estocolmo, pues ella vivía a caballo entre esa ciudad y Roma. Era ella, pero yo veía a la deslumbrante Sophie del Ocaso de los Dioses, la fascinante película de Luchino Visconti. Cuando llego Harry desapareció el encanto y pude recuperar el sentido que sin duda había perdido.

Años más tarde, el 28 de febrero de 1986, me entero del asesinato de Olaf Palme al salir de un cine, al que había ido con su mujer, su hija y el novio, en metro y sin escolta, como era habitual entonces. Por esas extrañas casualidades de la vida el cine estaba en la misma Sveawägen donde la había visto la primera vez, justo enfrente de la oficina.

El Fiscal que reabrió el caso, que había sido abandonado, ha asegurado esta semana que el asesino fue el conocido como el hombre de Skandia, por el nombre de la empresa en la que trabajaba de diseñador, que, convenientemente se suicidó en el año 2.000. Ya había sido interrogado y se había desechado su autoría.

En Suecia, que es un país muy poco dado a las teorías conspiratorias, ya circulan rumores que aseguran que la solución del caso ha salido a la luz para tapar los crecientes problemas con la gestión de la pandemia. Naturalmente hay mucha gente a la que no pueden convencer de que se trata de un simple crimen de odio político.

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