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De Luther King a los Panteras Negras: las raíces históricas del caso George Floyd en los EE.UU

  • Donald Trump se enfrenta a una de las mayores crisis raciales de la historia de EE UU
  • En este artículo repasamos los antecedentes históricos del racismo en Norteamérica
  • En 1992, el caso de Rodney King también 'incendió' las calles de América
La muerte de George Floyd ha incendiado de protestas las calles de EEUUM
Madrid

Con Trump decidido a sacar el Ejército a las calles del país, es importante comprender que las movilizaciones que se extienden por Estados Unidos no surgen por el asesinato de un hombre negro a manos de un policía. La sangre viene de lejos.

Es una de las imágenes del año: Donald Trump, posando con una Biblia que sostiene del reverso y bocabajo (cual representación del anticristo), mientras amenaza con desplegar al Ejército por las calles de Estados Unidos si prosiguen los disturbios. Por el momento, ante las crecientes protestas organizadas ante la Casa Blanca, las Fuerzas Armadas ya patrullan la capital.

Donald Trump con una biblia en la mano, prometiendo mano dura contra los manifestantes.

El pasado lunes, 25 de mayo, un policía blanco de Minneapolis mantuvo inmovilizado en el suelo al afroamericano George Floyd, presionando el cuello del detenido con su rodilla hasta que se hizo realidad lo que éste le advertía insistentemente: "No puedo respirar, me vas a matar".

En pocos días, ese lamento se ha universalizado hasta convertirse en el grito de guerra de una minoría racial que es en realidad, cada vez más, la mayoría del país entero, unido bajo el lema: "I can't breath!".

Las protestas, contundentes pero pacíficas -atendiendo al ruego de los familiares del fallecido-, se han visto mezcladas con los violentos saqueos y actos de vandalismo organizados aprovechando el descontrol en las calles. Las noches salvajes sirven a la derecha estadounidense para criminalizar las reclamaciones de justicia e igualdad que, durante el día, vuelven al asfalto.

Porque la reivindicación no es nueva, viene de lejos. Con cada nuevo estallido se plantean nuevas promesas de cambio, pero estos, por más que los cantara Bob Dylan, nunca son suficientes.

Iguales pero separados

Pero pongámonos en antecedentes, que estos, como los preliminares en el sexo, son siempre básicos: todo empezó varios siglos atrás, con la llegada de los primeros esclavos africanos a los aún inexistentes Estados Unidos de América. Y prosiguió con la Proclamación de la Emancipación, en 1863, a la que siguió, en 1865, la promulgación de la 13ª Enmienda. Llegamos al primer punto de inflexión: se abolía la esclavitud, pero a los afroamericanos, como a las mujeres, les quedaban aún unos cuantos derechos por conquistar.

Porque el que hace la ley, hace la trampa, así que numerosos gobiernos locales y estatales pusieron en práctica las denominadas 'Leyes Jim Crow', que propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas por mandato de iure bajo el lema "separados pero iguales"; y no es difícil imaginar que las instalaciones destinadas a los blancos distaban sutilmente en lo que a calidad, prestaciones e higiene se refiere de las que se veían obligados a usar los negros.

Estas leyes dieron lugar a paradojas singulares, como que músicos negros como Louis Armstrong o Sammy Davis Jr. actuaran en un hotel pero tuviesen que buscarse un cuartucho para dormir porque el establecimiento en cuestión no aceptaba a negros.

El primer gran paso para la abolición de las Leyes Jim Crow se dio en 1954, cuando la Corte Suprema declaró inconstitucional la segregación escolar, y se dieron por zanjadas por la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la de derecho de voto de 1965. Pero no corramos tanto, porque conseguir la aprobación de esas leyes no fue coser y cantar.

Las estrellas negras, como Sammy David Jr. podían actuar en hoteles para blancos, pero no dormir en ellos.

Masacres impunes

Los usos y costumbres tienen eso, que quedan bien como nombre de museo pero son complicados de modificar. Y en el caso de la relación entre blancos y negros, en los estados sureños, principales defensores de la esclavitud por ser suporte fundamental de su economía, no llevaron demasiado bien que aquellos muchachos campasen a sus anchas y se creyesen iguales a los blancos.

Más aún, que tuviesen sus propias tierras y las trabajasen con mejores resultados que los blancos (que no habían doblado el espinazo más que para echar mano del látigo).

Tal vez eso ayude a comprender cómo en la década de 1920 el Ku Klux Klan llegó a contar con más de cuatro millones de afiliados, rondando el quince por ciento de la población estadounidense.

Aunque no era solo cosa del Klan. Las mayores atrocidades cometidas contra los afroamericanos, verdaderas masacres, estuvieron lideradas por "ilustres ciudadanos" de poblaciones en las que, ironías del destino, los negros comenzaban a organizarse en sindicatos para exigir mejores condiciones labores y salarios más razonables.

La primera de esas acciones ocurrió en Elaine, Arkansas, en 1919: el pueblo quedó arrasado, hubo cinco bajas blancas y entre 100 y 237 afroamericanos muertos. Poco después, en enero de 1923, en Rosewood, Florida, murieron dos hombres blancos y un centenar de mujeres, hombres y niños negros.

Ambas batallas campales -Rosewood, distrito negro, fue reducido a cenizas- fueron iniciadas con premeditación, alevosía y nocturnidad por blancos, pero en ambos casos solo detenidos, juzgados y condenados mujeres y hombres negros.

Estos son los casos más flagrantes -hablamos de centenares de víctimas-, pero durante la primera mitad del siglo XX los linchamientos en muchas localidades del profundo sur estadounidense no eran algo inusual.

De hecho, hay fotografías de comunidades enteras celebrando picnics con motivo del negro que, al fondo de la imagen, cuelga de un árbol; con risueños niños blancos sonrientes en primer plano.

Para los anales queda aquella estremecedora canción grabada por Billie Holiday en 1939, Strange fruit: "Cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur / extraña fruta colgando de los álamos".

El movimiento por los derechos civiles

En 1909 se creó la Asociación para el progreso de la gente de color (National Association for the Advancement of Colored People, NAACP), que acabaría jugando un papel crucial en el movimiento por los derechos civiles. Pero tuvieron que darse tiempos más revolucionarios para llegase a gozar de mayor capacidad de acción.

Monumento en memoria de Martin Luther King, en Washington D.C.

Los años 50 en Estados Unidos, sobre todo a partir del 55, comenzaron a marcar el cambio. Una nueva generación -con Elvis y James Dean como iconos revolucionarios- alcanzaba la mayoría de edad y se replanteaba muchas 'certezas' de sus padres, por ejemplo, por qué no podían compartir asiento en el autobús, el cine o la cafetería con un amigo negro.

Y así llegamos a Montgomery, Alabama, el 1 de diciembre del 55, cuando la afroamericana Rosa Parks se negó a levantarse de su asiento en un autobús para cedérselo a una mujer blanca.

Fue arrestada y condenada por desobediencia civil, pero a su auxilio llegaron la NAACP, el reverendo Martin Luther King y centenares de activistas.

Aquel incidente dio el pistoletazo de inicio oficial a la lucha por los derechos civiles, que alcanzaría su punto álgido con la marcha sobre Washington encabezada por King en marzo del 63.

La premisa del movimiento era el pacifismo. Con Ghandi como referente, Luther King renegaba del discurso agresivo de la Nación del Islam y apostaba por contra por una postura de hechos consumados: hacer aquello que no nos permiten y asumir las consecuencias.

Más allá de la marcha del 63, el momento que marcó un antes y un después en la lucha por los derechos civiles fueron las marchas lideradas por King en Selma (Alabama), en 1965, para exigir la inscripción de los afroamericanos para poder votar (tomando como excusa la muerte por disparos de la policía de un activista negro).

Hubo en total tres marchas en la ciudad, con decenas de heridos y detenidos, que terminaron por empujar al presidente Lyndon B. Johnson a aprobar la ley que reconocía el derecho al voto a todos los ciudadanos del todo el país.

Así pues, inicialmente la postura pacifista cuajó -a costa de muchas vidas, tanto de negros como de blancos que los apoyaban, los denominados 'cruzados de la libertad-, y consiguió que presidentes como Kennedy y Johnson ratificaran medidas históricas… pero, pese a todo, insuficientes. Y fue entonces cuando empezaron a caldearse los ánimos.

Sangre en las calles

El principal problema de todas las prometedoras medidas adoptadas por el gobierno estadounidense para favorecer la integración de los afroamericanos era que muchas de ellas eran mero papel mojado.

Quedaban bien en los titulares, pero en la práctica, los negros seguían sintiendo el racismo, la segregación, la pobreza y la impunidad.

Fue entonces cuando la paciencia de muchos empezó a desbordarse y el mensaje pacifista de King dejó de resultar convincente.

En 1965, la detención por policías blancos de un joven negro en un control de tráfico, provocó una revuelta en el gueto de Watts, en Los Ángeles, que duró seis días. Los jeeps de la Guardia Nacional circulaban armados con ametralladoras por aquel barrio olvidado por la Administración, en el que se impuso el toque de queda. Los incidentes se saldaron con 34 muertos, numerosos heridos y 4.000 detenciones.

Dos años después, en julio del 67 unas 'palabras' entre dos policías blancos y un taxista negro condujeron al levantamiento del gueto de Newark, provocando 26 muertos y 1.500 heridos. Días más tarde, en Detroit (Michigan), la policía se pasó de la raya en varias detenciones en la calle 12, de mayoría negra, y el vecindario reaccionó.

El presidente Johnson desplegó el Ejército y la Guardia Nacional, alcanzándose los 43 muertos y más de 2.000 heridos. La noticia agitó sensibilidades más allá de las fronteras estatales, y los disturbios se extendieron a diversas ciudades de Illinois, Carolina del Norte, Tennessee y Maryland. En total, más 83 muertos en 128 ciudades.

Pero el episodio más dramático hasta la fecha tuvo lugar en abril de 1968. El día 4, en el balcón de un motel en Memphis (Tennessee), el reverendo Martin Luther King era asesinado por un "loco solitario" (como los dos hermanos Kennedy). La violenta muerte del hombre que siempre había abogado por el entendimiento terminó por doblegar todas las voluntades, y la violencia se extendió como la pólvora por 125 ciudades de todo el país a lo largo de varios días.

Al igual que ocurre estos días, las protestas llegaron a rodear la Casa Blanca y el presidente Johnson acabó desplegando al Ejército en ciudades como Chicago, Boston, Newark o Cincinnati. Y por si las moscas, tenía sacando lustre a sus fusiles a la 82ª División Aerotransportada.

Al final, en estas protestas movilizaciones murieron más medio centenar de personas, y alrededor de 2.500 resultaron heridas. En la retina de los estadounidenses quedaron las imágenes de pueblos y ciudades ardiendo, de negros golpeando a policías y de estos azuzando sus perros contra los manifestantes. Imágenes que iba a ser difícil desterrar del ideario popular.

Negros 'blanqueados' y negros genuinamente negros

Tras los citados altercados, los conflictos raciales quedarían restringidos a situaciones más anecdóticas, incluyendo al partido de los Panteras Negras, que irrumpió en 1967 con mucho más ideario que acciones directas.

Las Panteras Negras, movimiento clave en los años 60.

Los Panteras reclamaban la lucha por los derechos de la comunidad negra en términos de clase, planteando que no habría una conquista total de esos derechos si no era de la mano de la liberación de la clase obrera del yugo capitalista. Sin embargo todo eso no era más que retórica, ya que nunca tuvieron una estrategia de integración en la clase trabajadora, en sus fábricas y sus luchas.

En los años sesenta hubo muchas críticas hacia artistas negros como Sidney Poitier, Sammy Davis Jr o Harry Belafonte, pese a su activismo, por doblegarse a los blancos, vistiéndose, hablando y viviendo como ellos, en lugar de preservar un estilo de vida negro.

Los setenta le dieron la vuelta a la tortilla con fenómenos como el blaxploitation, que fue un género cinematográfico en sí mismo, o el empuje de humoristas 'genuinamente negros', como Richard Pryor o Eddie Murphy, que incidían en sus salvajes e hilarantes shows en cuestiones raciales como nunca antes se había hecho.

Y de una fusión de ambas tendencias se desembarcó en los 80 y primeros 90, cuando cine y música ofrecieron una realidad 'normalizada' de la integración racial. Desde Bill Cosby a Will Smith y su Príncipe de Bell Air, parecía que los negros ya no tenían que definirse como afroamericanos, simplemente como americanos, con un estilo de vida tan feliz y solvente como cualquier blanco. Pero ya sabemos que la tele engorda. Bastante en este caso.

Impunidad policial

El pasado 29 de mayo, Andrew Cuomo, gobernador del estado de Nueva York, enumeraba una lista estremecedora de nombres:"Rodney King. Abner Louima. Amadou Diallo. Sean Bell. Oscar Grant. Eric Garner. Michael Brown. Laquan McDonald. Freddie Gray. Antwon Rose Jr. Ahmaud Arbery. Breonna Taylor. George Floyd. ¡Decid sus nombres!", y añadía:

"Yo estaba aquí cuando ocurrió lo de Rodney King, y cuando asesinaron a Amadou Diallo. ¿Cuándo ha cambiado algo? Han pasado 30 años desde el caso de Rodney King. ¿Dónde está el progreso? También Eric Garner. Yo estoy con los que protestan".

Cuomo, que ya venía a malas con Donald Trump por la gestión del COVID-19, hacía así mención a los hombres de raza negra muertos a manos de policías blancos "en extrañas circunstancias", la mayor parte de las veces sin consecuencias para estos.

El primero de estos casos sonados que hizo arder las calles se remonta a 1980: un motociclista negro se saltó un semáforo, unos policías le dieron el alto, "temieron por su vida", y entre cuatro agentes lo mataron a golpes. Tres días de disturbios en el barrio negro de Liberty City, en Miami, acabaron con 18 muertos y más de 400 heridos.

En 1992 fue un taxista negro, Rodney King, el que resultó apaleado por varios agentes que salieron sin cargos del suceso, desatando la furia en varias ciudades hasta alcanzar los 59 muertos y 2.328 heridos. Pocos años después, en 1999, tuvo lugar uno de los hechos más deleznables de inmoralidad policial: Amadou Diallo era un joven guineano de 23 años, residente en Nueva York, que volvía a su casa tras el trabajo.

Unos policías lo avistaron y creyeron que coincidía con la descripción de un violador. Le dieron el alto y el chico corrió asustado escaleras arriba. Cuando se vio arrinconado, metió la mano en la chaqueta para coger la cartera y poder identificarse. Los cuatro agentes que le perseguían se asustaron y dispararon. Llegaron a recargar sus armas. Diallo recibió un total de 41 impactos de bala, disparos fallados aparte. Los cuatro policías fueron juzgados y puestos en libertad.

El caso conmovió tanto a la sociedad estadounidense que hasta Bruce Springsteen le dedicó un canción American Skin (41 shots). También animó a un grupo de psicólogos a llevar a cabo un estudio que concluyó que los oficiales de policía que disparaban antes a gente negra, armada o desarmada, que a gente blanca.

Más recientemente, el 9 de agosto de 2014, el agente de policía Darren Wilson mató de seis tiros al menor afroamericano Michael Brown, desarmado, en Ferguson, en el Estado de Missouri. Wilson ni siquiera fue imputado. Las calles de la ciudad vivieron durante una semana manifestaciones tanto pacíficas como violentas con activistas llegados desde todo el país.

Precisamente, un aspecto interesante en todas estas movilizaciones es cómo se han fusionado la vertiente pacifista y el vandalismo aparentemente despolitizado. Sin embargo, algunos sociólogos apuntan a una cuestión importante a tener en cuenta: la violencia racial en Estados Unidos no es solo física.

Mientras uno de cada cuatro blancos vive bajo el umbral de la pobreza, en el caso de los afroamericanos la cifra se invierte, tres de cada cuatro. A mayor falta de empleo, de recursos mínimos para vivir y de acceso a una educación de calidad que permita salir de esa lamentable espiral, crece de manera evidente el índice de criminalidad.

Y así se llega al actual estallido de indignación, que es por la muerte de George Floyd bajo la inclemente rodilla de un policía blanco al que ni siquiera detuvieron, pero es también por mucho más.

Un siglo de linchamientos, masacres e injusticias diversas y un par más de esclavitud dan para mucha rabia contenida. Y nunca ha habido una declaración de enmienda clara, nunca ha habido un "si este policía ha matado de forma salvaje a este hombre, sin importar el color de piel, cumplirá su condena; pocas veces.

Se ha esperado a que pasara la tormenta y se ha barrido bajo la alfombra. Y ya no hay alfombra que aguante tanta porquería. Lamentablemente, los hechos refuerzan el macabro chiste de que en Estados Unidos, un negro es un blanco perfecto. Al menos, para la policía.

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forum Comentarios 6

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ALMUSTAFA
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Para el que no especialmente tonto, es facil de ver que se trata de un movimiento explotado por la izquierda radical. Al policia le caera lo que le tenga que caer, pero no es de recibo que lo paguen los ciudadanos de bien.

Ahora pintan al muerto como un santo, cuando el tipo estaba colando billetes falsos y se resistio al arresto. Mas les vale a los ofendiditos plantearse el comportarse como personas si quieren ser tratadas como tales

Puntuación 14
#1
roger
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Luther King a estas horas por favor que alguien lea historia este señor negro no fue un santo según los datos del FBI y sus propios historiadores amantes, orgias y violaciones, negro bueno blanco malo que tópico mas pasado de moda, mejor juzgar a cada uno por sus actos y da igual el color de la piel y dejarse de adorar a tantos becerros de oro que estamos en pleno siglo XXI.

Puntuación 13
#2
Carmen
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1. Lo que es radical es el racismo y eso es de derechas, eso sí.

Puntuación -13
#3
yomismo
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La derecha negacionista siempre ha sido asi, nunca hubo opresion de los poderosos, ni nunca la habra. Es el mundo de los alucinogenos ideologicos, tomas la pastilla y el mundo se vuelve rosa y ves arcoires y unicornios por todos lados. Con razon decia Marx que la religion es el opio del pueblo

Puntuación -2
#4
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mfr.trancoso
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vengo contar una cosa que ay pasado con mi persona que se prova que el negro es mas racista en relación al blanco .Yo estibe en mozambique en 1983 onde mi enamoré de una chica africana lo sistema era comunista un día fumos comer a un restaurante estibemos asté muy tarde cuando salimos estaba la policía con metralletas y como estaba acompañada con un blanco la llevaran para la escuadra onde la violaran al otro día la chica lloraba y me lo ay contado todo y termino y me quede sabiendo lo que es lo comunismo eh vivido un año no sistema miséria

Puntuación 1
#5
Usuario validado en elEconomista.es
mfr.trancoso
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los negros no san santos se este periódico me dejar vos contare muchas cosas que yo hey vivido entre negros y blancos

Puntuación 3
#6