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Por qué Tío Pepe en Rama 2020 es el fino más puro y salvaje, de la bota a la copa, un Jerez "que se mastica"

  • Antonio Flores, el enólogo, realizó la presentación y cata de modo 'virtual'
  • La bodega es la más visitada de Europa y la 2º de todo el mundo
  • González Byass destinará los ingresos en apoyo al sector de la hostelería
Tío Pepe en Rama 2020.
Madrid

Cuando en 1835 Manuel María González Ángel decidió crear su bodega, buscó consejo en su tío materno, José Ángel: el tío Pepe. Este aceptó asesorarle y solo pidió a cambio una pequeña bodega en la que poder tener su propio vino y organizar tertulias con sus amigos. Esa bodega, la más fresca de todo el complejo de González Byass y de la que salió el primer vino fino de Jerez, Tío Pepe, en 1844, permanece hoy exactamente igual que entonces.

Sobre ella hay un domicilio que tradicionalmente se entregaba al director técnico de la compañía, y allí, en el dormitorio cuyo balcón se asoma sobre el portón de la bodega, nació Antonio Flores, el enólogo de la casa durante las últimas décadas. Como él explica, por sus venas no corre sangre sino Tío Pepe, y tal vez por eso es capaz de obrar maravillas con ese vino como el Tío Pepe en Rama.

Copa y Venecia.

Con apenas 18.400 botellas para todo el mundo (además de 300 tipo mágnum) de la saca 2020, Tío Pepe en Rama celebró en 2019 la décima edición de este vino inspirado en los días en los que el fino se consumía directamente desde la bota, por lo que no se somete a los procesos habituales de clarificación y filtración; es el vino en estado puro, de la bota a la copa. El primer año que lo lanzaron, la Wine Society de Londres vendió la partida completa en tan solo 48 horas. "Tío Pepe en Rama, el Tío Pepe que se mastica", comentó un crítico británico.

Once ediciones de Tío Pepe en Rama.

"Yo lo llamo Tío Pepe salvaje. Y eso pusimos en la contra de la botella. ¿De qué vas a hablar si no, del extracto seco y los polifenoles? ¡Nadie compra por eso!", explica Flores, un hombre apasionado de los vinos de Jerez. Así que en lugar de datos técnicos, la leyenda del Tío Pepe en Rama reza: "Hemos embotellado para ti la fuerza de nuestra tierra, el silencio de la bodega, el sol la sal, la lluvia y el viento. Tío Pepe en Rama, vivo y salvaje".

Venenciando con guantes

Venencia y tiza en manos (enguantadas), Antonio Flores ha recorrido un año más la Bodega de La Constancia, con la calma y el silencio que impone esa catedral del vino de Jerez, para elegir personalmente las mejores botas de las que habría de salir el nuevo Tío Pepe en Rama 2020. Lo ha hecho esta vez en unas condiciones muy particulares. Las dos semanas de cese de la actividad no esencial que se vivieron a finales de marzo no afectaron al mundo del vino, al formar parte del sector alimentación. Durante esos días, con la bodega más visitada de Europa y la segunda del mundo sumida en una calma y soledad absolutas, tuvo que enfundar sus manos en los hoy imprescindibles guantes de látex –lo de la mascarilla no era viable- para ir catando una tras otra las 200 botas previamente seleccionadas, de las que clasificó 69 para la saca. Y esta vez, además, no lo hizo solo: su hija, Silvia Flores, assitant winemaker de la casa, le acompañó por primera vez en esta labor.

Antonio Flores, enólogo de González-Byass

El proceso de selección se lleva siempre a cabo siempre en primavera, cuando el velo de flor –'Florita', lo llama este "hacedor de vinos"- ha alcanzado su esplendor. Como explican desde la propia bodega, es en esta estación "cuando la vida, la luz y la alegría toman el núcleo fundacional de la Bodega de La Constancia. Es el momento en el que Antonio Flores selecciona aquellas botas que destacan por sus singulares características organolépticas. El instante en el que la nueva saca de este Fino en Rama, que no ha sido sometido a los procesos habituales de clarificación y filtración, ve la luz".

Debido a esa presencia en suspensión de 'Florita', el color de Tío Pepe en Rama es de un oro pálido opalescente. Resulta intenso en nariz, con recuerdos de panadería y cítricos, y tanto en nariz como en boca está presente esa poderosa salinidad que nos transporta al mar y el sol gaditanos. La temperatura es fundamental, debe servirse frío –jamás helado- y disfrutarse antes de que pierda esa cualidad. Y por supuesto, una joya de estas características se merece la copa del cristal más fino que tengamos a mano. "La vida decantada en una copa, eso es Jerez", proclama Antonio Flores. Así que elijamos esa copa como se merece.

"Esta es una de las ediciones de Tío Pepe en Rama más espectaculares que he tenido la fortuna de seleccionar", afirma Antonio Flores, quien además se muestra confiado en que las semanas de confinamiento y limitaciones laborales no influirán en la calidad de las próximas sacas y añadas que habrán de salir de González Byass. Por el contrario, destaca las buenas condiciones climatológicas que se han viviendo y que permitirán el nacimiento de vinos excepcionales: "Todo lo que ha llovido ha empapado la tierra, la viña está muy sana y promete ser una vendimia con mucha calidad".

Por su parte, la propia compañía apuesta también por el futuro y ha decidido destinar los ingresos de la nueva saca de Tío Pepe en Rama 2020 a apoyar la reapertura de la hostelería. Aunque hay bodegas de Jerez que siguen confiando buena parte de su negocio a las Ferias –y que por ello sufrirán especialmente este año-, para González Byass, como para tantas otras, es fundamental el canal Horeca (HOteles, REstaurantes y CAfeterías), y de ahí que sea necesario un esfuerzo común para intentar recuperar cuanto antes una progresiva reactivación del sector restauración.

Malos tiempos para Jerez

Los vinos de Jerez, de los que Tío Pepe es uno de sus exponentes más populares, son uno de los productos españoles de mayor reputación internacional (el mercado exterior supuso el 62% de las ventas de 2019). Sin embargo, aunque su prestigio no deja de crecer (sobre todo de la mano de la alta gastronomía), sus cifras no terminan de remontar desde hace tiempo: solo en la última década las ventas cayeron un 34 por ciento, pasando de los 46,4 millones de litros comercializados en 2010 a los 30,6 millones con los que saldó el último año. Y en ese vertiginoso descenso es notable la caída del fino, llegando a superar el 40 por ciento en ese mismo periodo.

A eso se suman ahora los efectos del Brexit, que aún están por llegar en toda su dimensión, siendo el inglés el mercado exterior más importante para estos vinos. Desde Bruselas parecen conscientes de las circunstancias y han movido ficha: el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Jerez fue el mayor beneficiado el pasado octubre de los 13,7 millones de euros concedidos por la Comisión Europea a seis programas españoles para la promoción de productos agroalimentarios, tanto dentro del bloque como en terceros países. En concreto, los vinos de Jerez recibieron 5,2 millones para promocionar sus productos en España y en Países Bajos.

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