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¿Afición por la cata de vinos? Así se inventó el revolucionario artilugio que sirve vino sin extraer el corcho

  • El estadounidense Greg Lambrecht es el inventor del Coravin
  • Un aparato para extraer el vino de la botella sin sacar el corcho
  • Se han servido más de 100 millones de copas con este método
Greg Lambrecht posa para 'Status' con su invento en el restaurante Saddle de Madrid. NACHO MARTÍN
Madrid

Los inventos, por grandes o pequeños que sean, son el resultado de la solución a un problema. Un ejemplo de ello es el sencillo Post-it, que nació porque Arthur Fry, trabajador del departamento de desarrollo de productos de la compañía 3M, estaba harto de que se le cayeran los papelitos con los que señalaba las lecturas en su libro de cánticos que llevaba cada sábado al coro de la iglesia presbiteriana a la que pertenecía. Un día, a Fry se le vino a la cabeza durante un sermón un pegamento lábil que había sintetizado años atrás un colega de 3M, Spencer Silver, que investigaba un adhesivo muy fuerte para usar en industria aeroespacial. El nacimiento del Coravin, un artilugio que extrae vino de la botella sin sacar el corcho y que salvaguarda durante años el líquido restante de verse afectado por la oxidación, nació de la misma manera: solucionando un problema. En concreto, las discusiones sobre qué botella de vino abrir que tenían el inventor del Coravin Greg Lambrecht, aficionado al blanco, y su mujer, amante de los tintos. "Empecé a pensar que tenía que haber una forma de beber cualquiera de mis botellas, en el momento en que yo quisiera, sin pensar en qué momento voy a volver a beberlas", asegura en una entrevista para Status.

Entonces, todo comenzó con una discusión...

Honestamente, sí. Creo que todos los inventos nacen de un problema. Mi mujer y yo somos unos amantes del vino, yo me enamoré de esta bebida cuando tenía 16 años, edad en la que es ilegal beber alcohol en el Estado de California, donde me crie. Entonces, luego conocí a mi mujer en la universidad, que también es una gran amante de los vinos, en concreto, de los europeos. Las discusiones que solíamos tener eran sobre qué botella abríamos, sobre todo entre semana. Además, yo soy de blanco y ella de tinto. Después, ella se quedó embarazada y dejó de beber totalmente. Entonces, ahí fue cuando nació la necesidad, porque yo abría botellas, las dejaba a la mitad, se ponían mal y mi mujer se cabreaba conmigo. Entonces, comencé a pensar que tenía que haber una forma de beber cualquiera de mis botellas, en el momento en que yo quisiera, sin pensar en qué momento iba a volver a beberlas de nuevo. Qué pasa si yo quiero tomar dos copas de vino de dos botellas diferentes un martes. Fue en ese momento cuando empecé a combinar mi trabajo con mi pasión.

Sí, porque usted es ingeniero, ¿no?

Sí, yo soy ingeniero, creo nuevas terapias médicas, desarrollo sistemas de administración de quimioterapia para niños y adultos con implantes debajo de la piel. Entonces, empecé a pensar en mis agujas de quimioterapia entrando en las botellas de vino.

¿Cuándo llegó el primer prototipo?

Cada prototipo de Coravin nació en mi sótano. Eso fue en 1999, y me llevó once años de tests y de desarrollo para demostrar que funcionaba.

¿Ha invertido mucho dinero en la fabricación de esos primeros artilugios?

Me costó mucho hacer cada uno de los prototipos, pero la mayor inversión fue en vino, porque tenía que probar si funcionaba. Para los primeros test, compré una caja de seis botellas. Entonces, lo que hice fue abrir una botella con Coravin, volví al mes y abrí una nueva y la anterior, volví a los seis meses y abrí una nueva y las dos anteriores, volví al año y luego a los dos años y luego los cinco. Vi que funcionaba.

Seis botellas de vino no parecen tanta inversión...

La gran inversión fue cuando empecé a presentar el producto a los bodegueros, porque no confiaban en que funcionasen con sus vinos. Compré seis botellas de todos los vinos de las bodegas que me decían que con su producto no iba a funcionar. Y fue ahí donde me gasté el dinero. Si al comienzo de todo este camino, tenía una bodega de unas 20 botellas, al final llegué a tener 3.000 unidades. Mi casa parece una vinoteca, los tenía de todas partes: España, Francia, Italia... Pero bueno, me encanta el vino.

¿Y cómo funciona este artilugio?

El último Coravin que hemos sacado al mercado es electrónico. Es el más avanzado que tenemos. Lo único que tienes que hacer es cogerlo con la mano y ponerlo encima de la botella, bajarlo para que la aguja se introduzca en la botella, y cuando la luz que tiene se vuelve verde, está listo para servir. Lo que hace el Coravin, además de servir el vino, es introducir gas noble Argón, que ocupa el espacio libre que deja el vino. Esta opción electrónica está pensada para restaurantes y profesionales, cuesta entre unos 700 euros y 1.000 euros. Los modelos no electrónicos, cuestan entre 199 euros y 349euros. Funciona igual que el anterior, pero son más manuales.

¿Coravin está más enfocado a la restauración?

Cuando lo inventé lo hice para mí, para un consumidor, para cuando tu mujer quiere abrir un vino y tú otro, o cuando quieres hacer una cata en casa y probar varios tipos. Entonces, el consumidor es el cliente número uno. Aquí en España, se vende sobre todo en El Corte Inglés, en tiendas especializadas y online. Otros clientes son chefs y sumilleres.

¿Y de dónde viene el nombre de Coravin?

Yo soy un friki de la ciencia, pero además soy bueno en latín desde que era pequeño. Cor es la palabra latina que significa corazón. Entonces, Coravin es el corazón del vino. Y para mí, el corazón del vino son dos cosas: una hace referencia a ese momento en que te relajas con una copa de vino. Y el otro es la variedad que te ofrece el vino. Yo quería que mi invento conectase con esas dos cosas, que permitiese crear momentos individuales con una copa de vino siempre perfecta. Y la otra, dar la posibilidad a la gente de que explore la amplia variedad del mundo del vino, tanto en restaurantes como en casa.

¿Cuántos Coravines han vendido?

No decimos el número, pero sabemos la cantidad de copas que hemos servido: 100 millones.

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