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Nunca llueve a gusto de todos: Venecia está preocupada por la caída del turismo al tiempo que quiere limitarlo

  • Las inundaciones de 2019 y el coronavirus han afectado al turismo veneciano
  • Los hosteleros temen la caída del flujo de turistas, sobre todo en carnaval
  • El Ayuntamiento resta importancia y mantiene la regulación del turismo
Carnaval de Venecia 2020.
Madrid

Los turistas comienzan a preparar sus cámaras desde el momento en que se cruza el Puente de La Libertad. El mar a ambos lados del tren es un imponente preámbulo que aviva las ganas del visitante de conocer, por fin, Venecia. La primera imagen, nada más salir de la Estación de Santa Lucía, deja boquiabierto. El Gran Canal, los vaporettos, el Puente de la Constitución y la Plaza de Roma son retratados por el objetivo ansioso de un foráneo, que permanece obnubilado por la belleza de un entorno único. Sin embargo, a las pocas horas la cosa cambia: la belleza y la singularidad dan paso a una ciudad desnaturalizada que corre el riesgo de ser el próximo 'Veniceland'. Eso el gobierno (y los ciudadanos) lo tienen claro, por ello, están tratando de regular el turismo con medidas como las restricciones a los cruceros o el pago de una tasa para entrar en Venecia. A pesar de ello, la última bajada de flujo turístico ha hecho que la ciudad palidezca, más teniendo en cuenta que se produce en un momento cumbre: su famoso carnaval.

Venecia presenta un aire enrarecido a principios de febrero, el mes de su emblemático carnaval. No hay rastro de los grupos de turistas que siempre abarrotan sus calles. Las terrazas están prácticamente vacías y las colas han desaparecido de sus museos. La pesadilla comenzó el 12 de noviembre de 2019, con la un acqua alta extraordinaria que inundó la isla, lo que provocó una caída de las reservas hoteleras de un 30% respecto a enero del año anterior. "No hay mucha gente en Venecia. Es muy raro caminar por la ciudad y verla así", admite a EFE Sara Salmaso, portavoz de la asociación de los establecimientos de la Plaza de San Marcos.

Esta bajada de turistas también se ha visto agravada por la crisis del coronavirus, pues el Gobierno italiano ha cerrado el tráfico aéreo con China para limitar la expansión del patógeno. Y Venecia es un destino muy atractivo para el chino, pues la ciudad recibió casi 600.000 turistas del gigante asiático en 2017, solo superados por estadounidenses, británicos y franceses.

A pesar de este temor ante la caída del flujo turístico, el alcalde, Luigi Brugnaro, ha restado importancia a este frenazo: los estragos del acqua alta duraron solo diez días y el virus no ha causado problemas. "Es seguro que se ha dado una caída del número de personas, pero no es tan significativo y sirve además para apreciar una ciudad tan maravillosa, algo que no ocurre tan a menudo".

Lo cierto, la administración local trabaja desde hace años en procurar que el turismo (necesario) no provoque una desnaturalización de la ciudad. De hecho, la intención del regidor es hacer la guerra al que considera el gran mal de Venecia: el turismo de "poca calidad", el que no pernocta, los visitantes que llegan para pasar el día sin apenas dejar dinero en sus cajas, casi siempre a bordo de cruceros.

Una Venecia sin venecianos

Esta importante injerencia turística, ha provocado que la ciudad de los canales registre una acusada caída de población desde los años 50 del siglo pasado -momento en que el turismo comienza a despuntar- hasta la actualidad. De los 175.000 habitantes que contaba Venecia entonces, hoy quedan aproximadamente unos 50.000.  

De esta manera, la gran mayoría de los venecianos se están viendo obligados a mudarse a Mestre y Marghera -localidades en el continente que pertenecen al municipio de Venecia- por los altos precios de los productos, las dificultades de la movilidad o por los elevados precios del alquiler a razón de la demanda turística de alojamiento ya sea hotelero o alquiler vacacional.

Esta es una realidad que cuentan los pocos venecianos que siguen viviendo en la isla y que incluso han comenzado a denunciar a través de organizaciones civiles. Venessia.com es una de ellas que es su decálogo defiende: fomentar la función residencial de la isla y conseguir una población local de 100.000 habitantes, apoyar la diversificación económica, mejorar la movilidad y promover una nueva política turística con "una serie de limitaciones administrativas a la especulación de las actividades turísticas".

El 'Síndrome de Venecia', las consecuencias del turismo masivo

El director de cine Andreas Pichler ya contó en imágenes esta desnaturalización de la ciudad autóctona en favor de la industria turística a través de un documental cuyo nombre, Das Venedig Prinzip (El síndrome de Venecia), ya sirve para describir una realidad que recientemente está afectando a muchas otras ciudades del mundo. Y que viene como consecuencia del auge del turismo low cost a través de las aerolíneas de bajo coste y las alternativas de alojamiento vacacional que ofrecen plataformas como Airbnb.

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