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Ópera Garaje abre el género lírico a nuevos públicos: un 35% lo han visitado por primera vez

Ópera Garaje de 'Lucia di Lammermoor'.
Madrid

"Sin arte no hay historia ni cultura", nos señalaba Emiliano Suárez el pasado mes de marzo, cuando debutó en Madrid con su particular visión de La Bohème, de Puccini. Una máxima que él y su socia Macarena Bergareche se han tomado tan en serio que, desde entonces, no han dejado de crear y pulular por diferentes urbes españolas, con el fin de ofrecer una nueva forma de consumir ópera a todos los públicos.

Esta vez, los fundadores de la agencia de comunicación y marketing Think Chic volvieron a la Capital con Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti, en una nueva ubicación: Jorge Juan, 137, una antigua carpintería reconvertida en un garaje.

De nuevo, los socios consiguieron no dejar indiferente a nadie, con una escenografía cinematográfica underground y un elenco formado por artistas de la talla de Natalia Labourdette (Soprano), Pancho Corujo (Tenor), Manuel Lanza (Barítono), Ruth Terán (Soprano), David Cervera (Bajo) o Emmanuel Faraldo (Tenor). Unas voces que estuvieron acompañadas por el piano forte del maestro Ricardo Francia; el arpa de José Antonio Domené, y la flauta de Pilar Constancio.

Ópera Garaje de 'Lucia di Lammermoor'.

En los dos años de andadura en los que Ópera Garaje ha visitado las ciudades de Madrid, Barcelona, Bilbao y Burgos –con aforo completo en cada una de sus citas–, una de las cosas que más han llamado la atención a sus fundadores es la captación de nuevos públicos. "Hemos hecho un estudio en el que hemos apreciado que, desde el comienzo de Ópera Garaje, casi el 35 o 40 por ciento de los espectadores que vienen no habían ido nunca antes a la ópera", cuenta Bergareche. Un dato que les confirma que están en el camino correcto, ya que su objetivo de llegar a nuevas audiencias y que las personas puedan disfrutar de este género de "una manera diferente", se está cumpliendo. Y completa: "Con nuevas audiencias no me refiero a gente joven, que también. Tenemos público de todas las edades, así como personas apasionadas de este género que son asiduos del Teatro Real u otras instituciones culturales tradicionales".

Desaprender

Manuel Lanza está considerado entre los mejores barítonos españoles. Desde 1990, ha cantado en los coliseos líricos más importantes de Europa y América, pero nunca antes había puesto sus cuerdas vocales a prueba en un garaje: "Cuando Emiliano me llamó, tuve claro que quería hacerlo, porque me pareció un formato muy atractivo. Necesitas desaprender muchas cosas para poder cantar aquí", explica.

Ópera Garaje de 'Lucia di Lammermoor'.

Acostumbrados a trabajar en instituciones culturales al uso, los artistas tienen que desaprender las pautas más básicas de su profesión para adquirir otras nuevas. "La diferencia principal es que aquí tienes público por todos lados y está muy cerca. En un teatro, normalmente, tienes una sola dirección hacia los espectadores, pero aquí hay una liberación; esas ataduras se rompen, y la acústica, al ser un espacio abierto, es buena en los 360 grados. Es una libertad a la que uno no está acostumbrado", confiesa el artista.

La ópera en España

A pesar de que España cuenta con una gran cantera de cantantes de ópera, este país se encuentra muy por detrás de vecinos europeos como Alemania, Suiza o Austria en cuanto a tradición y producción operística. Para Manuel Lanza, el problema reside en un ítem muy básico: la educación. "Cuando no hay demanda, no hay producciones nuevas. Por lo tanto, los precios están disparados e ir a la ópera se convierte en algo excepcional, cuando debería ser un plan normal".

Y es que, una entrada de ópera en España cuesta de media 150 euros, cuando en los países anteriormente nombrados es posible asistir por 20 euros. Un hecho, según el artista, provocado por la falta de público. "En Alemania, Suiza o Austria hay más gente que va a conciertos, ópera o ballet que gente que va al fútbol, en España es al revés. La gente está dispuesta a pagar 200 euros por un partido, pero no para la ópera. Es una cuestión de educación y cultura", completa.

Además, que el género lírico se mantuviera intacto durante los 40 años de dictadura, es otro de los motivos que le hacen tener "una etiqueta política" que le perjudica. "La ópera, como el resto de artes, no tiene nada que ver con una forma política. De hecho, la mayoría de las Zarzuelas se compusieron antes de la Guerra Civil. Entonces, cuando hay cambios en el Gobierno, se notan los diferentes apoyos. Algo que debería dejar de existir porque la ópera es una cuestión de Estado".

No obstante, según el barítono, para que este espectáculo de espectáculos consiga el lugar que merece, la música clásica debe de integrarse en los pilares fundamentales de la educación: "Hoy podemos decir que una persona es culta si sabe de todo menos de música. Y no lo puedo entender".

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